Las campañas electorales operan básicamente, introduciendo información en la mente de un individuo con el objetivo de activar deliberadamente predisposiciones ya existentes, que se habían mantenido hasta el momento en estado de latencia.
Por ello los líderes políticos buscan influir en el estado de la opinión pública persuadiendo al electorado a través de sus relatos orales y escritos.
Sin embargo el acostumbramiento y muchas veces el cansancio hace que en reiteradas oportunidades los candidatos suelan olvidarse que sus actitudes y comportamientos están siendo monitoreados y decodificados a diario, ya que el receptor de los mensajes nunca es un actor pasivo.
Cabe destacar que el actual porcentaje de indecisos, paradójicamente; está obligando a los candidatos a modificar su comunicación política y a perfeccionarse en las estrategias relativas a la conquista de votos; así como también a generar ámbitos de debates acerca de propuestas, programas y modelos de país.
Si pretenden captar el voto indeciso, no les va a alcanzar con decir “yo soy mejor o el otro es peor”; tendrán que salir a proponer ideas, pero para ello hay que tenerlas. Esto exige un esfuerzo sistemático del equipo para lograr los acuerdos que permitan arribar a una política común del partido, evitando a toda costa las declaraciones a título personal.
No se trata solo de proponer; sino de argumentar el porqué, el cómo y el con qué se va a hacer; ya que el voto ciudadano no solo es la base del consenso al otorgarle legitimidad al gobierno, sino que también opera poniéndole límites a sus líderes políticos.
Los nuevos indecisos que aún no se han formado una clara preferencia y que “no son ovejitas de ningún rebaño”; están en desacuerdo con el tipo de campañas negativas, en que la pobreza de argumentos hace descender la calidad de la democracia.
Contrariamente a lo que comúnmente se ha pensado, pertenecen a una categoría de votantes que en nuestra obra (“Psicología del Voto – Del Individualismo al Bien Común”, Ediciones Cruz del Sur) denominamos electores racionales.
Se trata de gente culta, comprometida con la democracia y su voto es el más altruista de todos porque está fuertemente motivado por el bien común.
Se trata de ciudadanos que se toman el trabajo de evaluar y analizar las gestiones de las administraciones, los programas de gobierno y los distintos desempeños en las campañas políticas. Evalúan las opciones y propuestas que estiman serán las más indicadas o relevantes en los años venideros; y por ello aún siguen indecisos, debido a la ausencia total de propuestas y debates serios sobre ideas.
Este sector del electorado se inclinará por aquellos candidatos, equipos o partidos que creen que harán un mejor trabajo en los asuntos de gobierno; y en los que tienen un peso fundamental las ofertas electorales que se construyan en tanto fórmulas, programas e ideas.
A diferencia de los votantes instintivos que votan lo mejor para sí mismos y de los emocionales en los que operan eficazmente las identificaciones partidarias; estos indecisos eligen a aquellos que consideran más talentosos, mejor formados, con mayor experiencia; y que al mismo tiempo demuestren vocación de servicio.
Para ello reflexionan sobre la honestidad intelectual, la coherencia ideológica, la honradez administrativa y personal de los distintos líderes políticos.
Evalúan lo que ha ocurrido y proyectan el cumplimiento de sus expectativas de bienestar colectivo, por medio del apoyo a determinados programas, propuestas o personalidades que creen que las materializarán.
Son votantes de centro, moderados, que conservan cierta imparcialidad y objetividad en el manejo que hacen de la información que disponen y en su visión de la realidad..
No piensan en necesidades inmediatas ni en beneficios particulares, sino más bien en cuestiones colectivas, por lo cual apoya las políticas de largo aliento que le den soluciones, justamente, a los problemas que trascienden las necesidades inmediatas.
Como el componente racional es el elemento determinante de estos electores, apoyarán a aquellos líderes que pretenden impulsar sus ideas propias presentadas en un modelo de país.
Por ello demandan políticos racionales, esos “hombres de ideas” que no creen que sus opiniones son la única verdad, sino tan solo un fragmento del conocimiento político.
Dirigentes que busquen acercamientos, acuerdos y consenso entre las partes; promoviendo el diálogo y el desarrollo de una visión integral de la sociedad.
Candidatos que planteen propuestas con una amplitud de criterio tal, que sus consideraciones estén libres de prejuicios, temores y rencores; como para poder cumplir con esmero la tarea de representar a una gran variedad de personas, en el ejercicio de sus funciones.
Al ser electores independientes, asumen que ningún partido es uniformemente bueno para lidiar con todas las cuestiones, motivo por el cual sopesa los desempeños en políticas públicas, desarrollo, inflación, impuestos, seguridad, etc. y decide su voto en función de ello, quedando de manos libres para modificar su conducta de elección en elección.
Aún cuando no estén informados al detalle, suelen extraer de vivencias de la cotidianidad un panorama completo sobre la marcha general del país; por lo cual poseen una actitud mucho más investigativa que el resto de los votantes. Sobre la base de información general, observación y experiencia; suelen avanzar mucho en relación al juicio que hacen acerca de las ofertas electorales.
Es por ello que todavía buscan el enganche con un componente de la labor política, que aún brilla por su ausencia, el planteamiento de los proyectos y la presentación de los grandes ejes temáticos que serán llevados adelante por los futuros gobiernos.
Lic. Fernando Alonso
Psicólogo Político
Contrariamente a lo que comúnmente se ha pensado, los nuevos indecisos pertenecen a una categoría de votantes que en nuestra obra (“Psicología del Voto – Del Individualismo al Bien Común”, Ediciones Cruz del Sur) denominamos electores racionales.
Mientras muchos dicen que la campaña política está “vacía”, hay hechos que están mostrando los verdaderos contenidos de candidatos y partidos, más allá de propuestas y programas. Al menos, esto es lo que sostiene Fernando Alonso, psicólogo político y autor del libro ” Psicología del Voto”, recientemente publicado.
A lo largo del tiempo y dentro del estudio de la política, siempre existió el afán de comprender aquellos procesos mediante los cuales ciertos individuos cohesionan, animan y motivan a un grupo a la consecución de objetivos comunes; ejercitando conscientemente su influencia sobre ellos, por un período significativo de tiempo.
En otro plano de nuestras consideraciones manifestábamos que suelen ser muy apreciados los líderes que se entregan a la tarea de alcanzar las metas de un grupo y que a su vez motivan y fomentan la participación en las iniciativas.
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