Vamos a ponernos de acuerdo
13/1/2010 por ricardososaTirar duraznos, matar pollitos o sacrificar la producción futura de terneros. Son decisiones que pueden tomar los productores y que, para el común de la gente, pueden sonar fuertes o impopulares.
Ante una crisis, un shock negativo de la demanda o factores similares, los productores pueden tomar decisiones de distinto tipo para moderar las pérdidas. En la primera mitad de 2009 en Estados Unidos los tamberos mandaron sus vacas a faena para reducir la oferta del producto y contener el descenso en los precios. De esa manera optaban por una pérdida menor –faenar la vaca- antes que los valores de la leche siguieran cayendo. Y nadie mosqueó.
Hay una línea delgada entre una decisión defensiva del productor y las decisiones que orquestadamente pueden adoptar las empresas de un sector para fijar la oferta y los precios.
Así lo entendió la Comisión de Defensa de la Competencia del Ministerio de Economía que decidió abrir una investigación de oficio para determinar si las principales empresas del sector –Calpryca, Avícola del Oeste, Tres Arroyos y El Poyote- se pusieron de acuerdo en retirar huevos de incubadoras y matar pollitos BB para reducir la oferta y hacer subir los precios. El tema lo puso arriba de la mesa en julio del año pasado el diputado frenteamplista Esteban Pérez. La comisión inició acciones y pidió información además de encomendar un trabajo de consultoría sobre el sector avícola tras lo cual determinó abrir la investigación de oficio.
El hecho que las empresas no entregaran la información solicitada les terminó pesando ya que, de acuerdo a la ley vigente, eso se entiende “como una presunción en su contra”.
La suba de casi 8% en el precio al consumidor entre julio y noviembre fue uno de los argumentos más claros y tangibles para ordenar la investigación.
A eso se sumó que el trabajo de consultoría determinó que el sector avícola tiene todo para generar tipo de prácticas anticompetitivas. Cuatro de las 27 empresas del rubro representaron el 91,9% de la facturación en 2008. Debe agregarse la falta de competencia externa y que hay una capacidad instalada excesiva para el promedio del consumo nacional. Los gobiernos, cualquiera sea su signo, han levantado una barrera comercial que impide la entrada de pollos brasileños con un argumento de tipo sanitario poco sostenible (por la llamada enfermedad de Newcastle).
Para rematar los argumentos a favor de investigar, se citan declaraciones de integrantes del sector que reconocieron que desde 1999 existieron intentos de realizar acuerdos para fijar los precios de los productos.
De la investigación podrá surgir –o no- que las empresas decidieron bajar la oferta ante un escenario de caída en los precios. Determinar si se trató de una práctica de índole defensivo o si, más allá de eso, se actuó en conjunto para subir los precios en forma coordinada será lo que venga ahora.
En Uruguay falta todavía mucho en materia de entender el mercado y de comprender qué es lo que se puede hacer y cuándo se pasan los límites para dominar tal o cual sector. A muchos les cayó mal que los productores tiraran duraznos o que las avícolas mataran pollitos. Entender los mercados y las organizaciones que lo integran, harán que cada práctica se ubique de este o del otro lado de la línea de la legalidad.