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	<title>Historias de Miedo</title>
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		<title>La carrera</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 03:01:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Fui capaz de escuchar su respiración agitada claramente. Rápida, jadeante… Iba por delante de mí, pero no mucho más, por lo que a ambos nos parecía inacabable esa corrida.               Ella giró su cabeza hacia mí, y escuché un pequeño grito, sollozos desgarrantes, y me di cuenta que no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fui capaz de escuchar su respiración agitada claramente. Rápida, jadeante…<br />
Iba por delante de mí, pero no mucho más, por lo que a ambos nos parecía inacabable esa corrida.<br />
<img class="alignleft size-full wp-image-292" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2011/01/correr_noche_lluvia.jpg" alt="the runner" width="341" height="202" /></p>
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<p>Ella giró su cabeza hacia mí, y escuché un pequeño grito, sollozos desgarrantes, y me di cuenta que no tenía forma de escapar. Estaba por llegar el final, no había escapatoria.<br />
Los dos lo sabíamos.</p>
<p>Había llegado la hora y por más que corriera no lograría escapar.</p>
<p>De correr tan pero tan rápido, tropezó y cayó, y tuve que saltar para no pisarla. Intentó levantarse pero no tenía casi fuerzas, me miró fijamente y era obvio que había llegado su momento final.<br />
Sentí una satisfacción que erizó todo mi cuerpo.</p>
<p>Me miró fijamente y sólo me dijo: “¿Por qué razón?&#8221;</p>
<p>¿Cómo podría explicarle que cada sollozo de ella para mí era un placer, un verdadero festín dentro de mi esencia, de mi ser?<br />
¿Cómo decirle que cada vez que penetraba mi cuchilla dentro de su cuerpo, y en su rostro se dibujaba una expresión aún más profunda que la anterior, yo sentía un éxtasis indescriptible?</p>
<p>Su última mirada será inolvidable&#8230; Al menos eso me parece con cada víctima que cae en mis manos. El goce tan profundo que sentía en mis entrañas con cada grito desgarrador de ella, no lo podía explicar. Y, me detenía a observar cómo se desangraba.</p>
<p>¡Esa era mi felicidad más grande! Mirarla, en sus últimos suspiros. En las finales bocanadas de aire que apenas podía tomar.</p>
<p>Me quedé parado observando detenidamente mi obra de arte, su rostro casi perfecto, manchado de sangre, como hago con todas las demás.<br />
Limpié “mi pincel” con mucho cuidado, y caminé hacia la noche que se presentaba más oscura que de costumbre, y fui desapareciendo lentamente del lugar, internándome en la oscuridad en busca del siguiente lienzo para mi próxima obra maestra de la esta noche.</p>
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		<title>Elvira, la parroquia y el paraíso</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Nov 2011 03:01:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>enrique188</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Habíamos hecho un pacto: el que muriera primero de los dos volvería para contarle al otro qué hay en el más allá.             Elvira olvidó así sus fantasías, y eso me hizo sentir bien. Al menos por un tiempo no insistiría más con eso de “qué pasará después que uno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Habíamos hecho un pacto: el que muriera primero de los dos volvería para contarle al otro qué hay en el más allá.<br />
<img class="alignleft size-full wp-image-240" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/12/parroquia.jpg" alt="parroquia" width="218" height="275" /></p>
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<p>Elvira olvidó así sus fantasías, y eso me hizo sentir bien. Al menos por un tiempo no insistiría más con eso de “qué pasará después que uno muere”, “será cierto que hay otro mundo luego de la muerte”, etc. Yo no tenía mucho tiempo para sentarme a discutir si existe o no otro mundo luego del fallecimiento de una persona, y mucho menos estar horas y horas discutiendo, y exponiendo mi opinión, y a la vez escuchando la de ella.</p>
<p>Yo tenía una imprenta, que me consumía la mayor parte del tiempo, y el poco tiempo libre que me quedaba, no deseaba hacer otra cosa más que descansar. Estaba muy cansado y convencí a mi esposa que ese tema no lo tocaríamos más, al menos por un tiempo.</p>
<p>Tan pronto como convinimos aquello de no tocar más el tema, me dediqué de lleno a producir y producir. Mi esposa en ese tiempo se dedicaba a tareas del hogar y a reunirse, una vez por semana con señoras solteras y algún que otro hombre, que leían la Biblia, y estaban convencidos que con eso, se ganarían un lugar en el cielo.</p>
<p>Para ese entonces, aburrido de Elvira. Me había hartado mi esposa. Las cosas eran muy diferentes a cuando éramos novios e incluso en los primeros años que nos convertimos en marido y mujer.</p>
<p>Su educación influyó mucho en nuestro matrimonio. Religiosa en extremo, crédula, Elvira y yo discutíamos mucho acerca de la vida en la tierra, pues yo insistía en que dejara los temas del más allá y se dedicara a pasarla mejor en esta vida que tenía en ese momento. Lo del más allá nadie lo sabía con certeza. Y eso que yo decía, era motivo más que suficiente para tener grandes discusiones.</p>
<p>Ella lloraba mucho, se enojaba conmigo por no creer en nada, y no quería dejarme. No le daba importancia a tener que ir sola a la Iglesia y tampoco mi constante NO como respuesta a su pedido insistente de tener hijos.</p>
<p>En la imprenta recibimos un trabajo importante. Una firma internacional, nos solicitó la impresión de tres millones de ejemplares de un libro cuyo contenido nos resultaba incomprensible.<br />
Mis socios y yo, celebramos a lo grande cuando finalizamos la impresión de semejante cantidad de libros, y me quedé allí prácticamente hasta el día siguiente, bebiendo y festejando.</p>
<p>Al día siguiente, en la mañana regresé a casa acompañado de una muchacha Estela, ya que eso recomendó un primo lejano, al verme tan entrado en copas. Estela era de Bolivia y odiaba estudiar, y quería trabajar allí a toda costa.<br />
Estela me dijo que si no conseguía trabajo en ese lugar, no iba a estudiar y se dedicaría a la prostitución. Me chocó muchísimo imaginar a la joven en brazos de cualquiera, vendiendo su cuerpo por dinero. Decidí convertirla en mi amante, porque la verdad, me gustaba mucho. Le di un lugar en nuestro negocio.<br />
Como yo era el accionista mayoritario de la imprenta, mis socios no dijeron nada respecto a la adquisición de la nueva empleada.</p>
<p>Le entregué una cantidad de dinero a Estela para que pudiera alquilarse algo para vivir, y se instaló en un monoambiente, que convertimos en nuestro nido de amor. Apenas salía de mi trabajo me iba para allí y hacíamos el amor una y otra vez, todos los días. Elvira, jamás fue capaz de suponer que yo tuviera un amante, menos que la engañaría en cualquier cosa. No se daba cuenta siquiera del perfume de Estela que quedaba muchas veces impregnado en mi ropa.<br />
Estela me ayudaba a rendir más hasta en mi trabajo, y de alguna manera me apuraba a decidirme a divorciarme de Elvira lo antes posible.</p>
<p>Una noche, mientras hacíamos el amor con Estela, le conté que estaba desesperado y ansioso por dejar a Elvira para casarme con ella.</p>
<p>-¿Conmigo? Preguntó<br />
-¿Y qué te parece? Dije, sonriendo.</p>
<p>A Estela le gustó mucho la idea, pues el negocio iba en su momento más próspero. Además nos seguían adjudicando proyectos interesantísimos que nos enriquecían cada vez más. También habíamos adquirido más empleados porque no dábamos abasto, y Estela era su capataz.</p>
<p>¿Por qué no hablas con Marcos? Él podría seducir a tu mujer, así tu conciencia no duele tanto al pedirle divorcio.<br />
¿Por qué, él trató de seducirte? ¡Sí, pero no lo logró!</p>
<p>Le pedí que hablara con Marcos, y que le hiciera hincapié que tendría un muy buen pago por seducir a mi mujer. Queríamos hacer caer a Elvira, agarrarla con las manos en la masa, y así liberarme (nos) de ella.</p>
<p>Marcos era considerado un verdadero ganador entre los hombres por su talento para seducir mujeres, se había metido en muchos líos propios y ajenos relacionados siempre con el tema faldas. Marcos aceptó con gusto la propuesta, ya que también la cantidad de dinero que se le ofrecía por ese “trabajo” era muy jugosa.</p>
<p>Armó un plan: se haría pasar por un creyente, iría a la iglesia e ingresaría al grupo de los lectores de la Biblia. Intentaría caer simpático, y de ahí en más todo sería muy sencillo.</p>
<p>Los compañeros del círculo, comenzaron a tomarle cariño, en cuanto se realizó la primera comida a la que asistiría, y que el grupo hacía semanalmente para recaudar fondos para donarlos a los necesitados, se lanzó a la conquista de Elvira. Su verborrea era deslumbrante. No dudo que Elvira al escuchar a Marcos me hubiera extrañado y recordado los escasos momentos cuando hace tiempo yo le decía cosas dulces al oído.</p>
<p>Les tomé fotografías cuando se iban juntos, y también en la puerta de mi casa cuando se daban un beso de despedida en la mejilla. Marcos no entraba en casa. No lo lograba. Pero poco me importaba, ya que con esas fotos me alcanzaba para pedirle a Elvira el divorcio.</p>
<p>Sin embargo, el destino me tendría preparado algo diferente. La noche en que estaba decidido a pedirle el divorcio a Elvira, ella se tardó más de la cuenta. Había empezado a llover muy fuerte, por lo que supuse estaría refugiándose en algún lugar o en la parroquia, hasta que la lluvia cesara. La esperé fumando y tomando un whisky.</p>
<p>Cuando llegó la miré con todo el odio que pude, pero noté algo muy raro, y Elvira se desmayó apenas ingresó a casa. Llamé al médico asustado porque no quería que me culparan si algo grave ocurría.<br />
El médico me miró y me dijo que tenía “neumonía severa”, habría que internarla y emprender un tratamiento muy cuidadoso. La mandé al hospital con la ambulancia, y con tal de estar con Estela dejé sola a mi mujer, y no la visité en ningún momento. Las enfermeras cuando al fin le dieron el alta, y me conocieron, me miraron con malos ojos.</p>
<p>Cuando Elvira regresó a casa, una pastilla que le recetaron le provocó muchísimo sueño, que la hizo descansar por horas. Abrí las ventanas de par en par para que entrara aire frío y enfermara nuevamente a Elvira.<br />
Pasé la noche con Estela, haciendo el amor con frenesí, estaba seguro que Elvira moriría esa misma noche.<br />
Estuve en lo cierto. Mientras yo estaba con mi amante, mi mujer habría sufrido convulsiones y ataques de tos, y un minuto antes de fallecer, cuando regresé a comprobar que había fallecido me miró y me dijo: “Recuerda…”<br />
No entendía a qué se refería.</p>
<p>La enterré lo más rápido que pude donde está el cuerpo de sus padres. Pasada la cuarta noche que la sepulté, cuando fui a mi oficina descubrí en el suelo lleno de tierra, unas huellas inconfundibles.<br />
Me puse muy nervioso, y me hubiera encantado creer que ella las había puesto allí antes de morir, y que se habían mantenido en ese lugar porque yo estaba siempre ocupado como para realizar tareas domésticas.</p>
<p>Estela se mudó a mi casa. Por muchos meses parecíamos dos adolescentes, y hacíamos el amor todos los días y a toda hora.<br />
Nunca le nombré nada a Estela de las huellas que encontré de Elvira en mi oficina.</p>
<p>Al pasar el tiempo empezó a desmejorar todo económicamente, en la casa, con el dinero que ya no alcanzaba para nada…Mi nueva vida amorosa no era ni la sombra de lo que fue al principio y la empresa iba de mal en peor.</p>
<p>Tuvimos que despedir a muchos funcionarios sin indemnización, por lo que fuimos demandados, Marcos me chantajeó con contar la historia del pago porque se encargara de matar a Elvira, y todo se iba a pique.</p>
<p>Estela se cansó de mí. Me dijo que se iba para siempre, y la tomé por los brazos y le di una mirada que la paralizó diciéndole: “vete, no te buscaré, pero antes prométeme que si mueres antes que yo, vendrás a decirme cómo es el Paraíso”, dije.<br />
-Estás totalmente loco-, dijo pero la volví a sujetar aún más fuerte y se lo repetí, a lo que contestó tragando saliva: “está bien, te lo prometo”.</p>
<p>Eso lo hice para recordar a Elvira. La extrañaba, pero no porque la amara, sino porque me sentía muy solo. Estela se iba porque me había quedado sin un peso, pero Elvira siempre me había acompañado, tanto cuando fui un pobre diablo, como cuando mejoré económicamente. Siempre estuvo al lado mío. Siempre.</p>
<p>Por la ventana pude ver como Estela se iba en el auto nada menos que de Marcos y enfurecí.<br />
¡Se iba con ese cínico!<br />
Me enojé tanto que tomé mi auto y los seguí hasta un pueblo lejano, y cuando frenaron los observé desde mi coche.</p>
<p>Entraron en una casa vieja, y Estela bajó su equipaje. Descendí de mi auto y me acerqué a mis víctimas, escondiéndome detrás de los árboles que circundaban el lugar.<br />
Encontré un tubo de hierro y justo cuando la pareja iba a cerrar la puerta, entré y los maté a los dos. Parecía un río de sangre el lugar.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-241" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/12/rayos-y-truenos.jpg" alt="rayos y truenos" width="295" height="224" /></p>
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<p> </p>
<p>Volví a mi casa lo más rápido que pude.<br />
Fui derecho a mi dormitorio, y me acosté. Estaba tranquilo por haber aniquilado a los dos hipócritas, pero también me sentía mal porque recordaba a Elvira. No se me iba de la cabeza.<br />
Me quedé dormido.<br />
A la madrugada desperté y no me sentía solo. La luz matinal daba al cuarto un brillo que daba pánico. Estela estaba junto a mi cama, con los brazos ensangrentados y con sus ojos fijos en mí, vidriosos. Con una sensación de terror que me paralizó, lo primero que dije fue: ¿viste a Elvira en el paraíso? Y antes de desaparecer Estela dijo:</p>
<p>-Ella no se encuentra en ese lugar.</p>
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		<title>Magdalena y su sombra..</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Oct 2011 03:01:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>enrique188</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Era soltera y tenía 36 años. Vivía sola, se mantenía sola. Llevaba una vida muy solitaria.  Alquilaba lo que apenas podía con su pequeño sueldo, un apartamento en un barrio humilde. Su nombre era Magdalena… Se caracterizaba por ser muy trabajadora y su rutina laboral diaria era de ocho a nueve horas diarias, sin parar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-228" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/12/mujer-horror.jpg" alt="mujer horror" width="218" height="369" />Era soltera y tenía 36 años. Vivía sola, se mantenía sola. Llevaba una vida muy solitaria. <br />
Alquilaba lo que apenas podía con su pequeño sueldo, un apartamento en un barrio humilde. Su nombre era Magdalena…<br />
Se caracterizaba por ser muy trabajadora y su rutina laboral diaria era de ocho a nueve horas diarias, sin parar siquiera para almorzar.<br />
Era una persona normal. Parecía no tener problemas, pero Magdalena se caracterizaba por temer a cosas esotéricas. Tanto miedo le causaban,  cuando se reunía a veces con las pocas amigas que tenía, y se tocaban estos temas, que huía despavorida.</p>
<p>Temas como brujería, fantasmas, o cosas pertenecientes al mundo diabólico, -por llamarlo de alguna manera-, le producían verdadero terror.</p>
<p>Hacía varios meses que Magdalena estaba viviendo un verdadero calvario que no podía comentar ni siquiera con sus amigas, por tener certeza que sería tildada de loca.</p>
<p>Lo pensó muy bien, y cuando no pudo más acudió a un psiquiatra que no hizo más que mandarle “descanso” y decir que todo lo que ella planteaba, se debía a su excesiva tarea y al poco reposo que hacía su cuerpo. Lo único que dijo el especialista fue eso, sumado a unos comprimidos que lo único que lograron fue agravar el problema.</p>
<p>Magdalena se sentía “perseguida”. Tenía criaturas en su mente, y en el único lugar donde estaba tranquila era su oficina. Allí vivía tranquila. Pero al finalizar la jornada laboral, cada día se transformaba en una tortura. Sentía la respiración de algo o alguien en su nuca. Era como que tuviera personas pegadas a su cuerpo que no la dejaban en paz.</p>
<p>Un día, a la hora de irse, empezó con pensamientos de tipo:</p>
<p>“¡Tengo miedo que algo me ataque y yo no tener testigos de esto que no sé qué es!” “¿Por qué me siguen a mí?” “¿Qué hice de malo Dios?” decía, mientras regresaba a su casa casi corriendo.</p>
<p>Cuando estaba a punto de cerrar la puerta de casa, su corazón parecía paralizarse, pero se decía a sí misma que se tendría que controlar, que no podía vivir así. “Todo es producto de mi imaginación” decía mientras se dirigía a su dormitorio, para ponerse el piyama y acostarse lo antes posible.</p>
<p>Se acostó, pero no hubo caso, por más que quiso ignorar a la sombra, ella seguía enfrente suyo. No se movía, y era como si quisiera atacarla.</p>
<p>¿Qué querrán de mí? Se preguntaba mientras simulaba dormir.<br />
Pensaba para sí, qué tonta había sido al rechazar la propuesta de matrimonio de Martín, un chico apuesto de la oficina… Era bueno, pero ella no lo amaba. Tampoco a Luis, que también hace años le propuso una relación</p>
<p>-“¿Por qué fui tan selectiva”. “Ahora no estaría tan sola, y alguien más podría ver la sombra que me persigue”- se repetía una y otra vez.</p>
<p>Cuando por fin apagó la luz que aún permanecía encendida y quedó solamente la portátil que siempre dejaba prendida por las noches, intentó dormir, pero el sueño no llegó. El miedo no se lo permitía.</p>
<p>“Las malditas criaturas no se van, y mi cuerpo se congela del miedo… ¡Será otra noche que pasaré en vela!”. &#8211; Se decía-</p>
<p>Cuando por fin logró dormitar un poco, la despertó el reloj de pared con sus campanadas.<br />
Sacó fuerzas de lo más profundo de sus entrañas, y juntó coraje para levantarse. Lo primero que vio fue a la sombra en frente de ella. Esta vez notó que se acercaba más y más y parecía que esta vez no tendría escapatoria.</p>
<p>A la mañana siguiente un vecino golpeó a su puerta. Al ver que Magdalena no abría la puerta se extrañaron. Esperaron un día más, pues siempre la veían cada vez que iba a trabajar y cuando volvía de su jornada laboral. Pero no la vieron. Y llamaron a la policía. Y encontraron a Magdalena tirada en el piso con los ojos inundados en una expresión de terror y encima de sus pies había una percha grande, que por tanta ropa que tenía, había caído por el peso.</p>
<p>¡Esa era la sombra que Magdalena veía!</p>
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		<title>El manicomio maldito</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Aug 2011 03:01:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>enrique188</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Margarita estaba casada y no tenía tiempo ni para su marido. Dueña de un negocio, pasaba largas horas en él, ya que lo disfrutaba a pleno y le dejaba mucho dinero. Incrédula totalmente en cosas paranormales, era una mujer seria, que si bien respetaba a aquellos que creían en fantasmas, y esas cosas, no dejaban [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-222" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/12/manicomio.jpg" alt="manicomio" width="285" height="223" /></p>
<p>Margarita estaba casada y no tenía tiempo ni para su marido. Dueña de un negocio, pasaba largas horas en él, ya que lo disfrutaba a pleno y le dejaba mucho dinero.<br />
Incrédula totalmente en cosas paranormales, era una mujer seria, que si bien respetaba a aquellos que creían en fantasmas, y esas cosas, no dejaban –en el fondo- de ser tonterías para ella.</p>
<p> </p>
<p>Cierto día, llegó un telegrama que recibió con preocupación, convencida que sería el pago de alguna factura atrasada, pero no porque no tuviera dinero, sino por distraída, ya que con todo el trabajo que tenía, a veces le pasaba de dejar vencer los plazos de las mismas.</p>
<p>Pero no, no se trataba de una factura atrasada. Su marido, Jorge, había muerto. Lo primero que ella hizo fue releer el telegrama porque no entendía cómo pudo haber pasado eso. Era cierto que casi ni lo veía por los días, y la noche anterior había llegado tardísimo a casa, pero de ahí a que le llegue un telegrama con esa noticia….</p>
<p>Resultó ser que su marido, ante la indiferencia de su mujer, vagó todo el día por las calles. Rondó un manicomio que quedaba en el pueblo donde vivían, lejano a su casa y ahí se lo encontró tirado y sin vida.<br />
Lo que llamó la atención de Margarita, fue que Jorge, las pocas veces que tenían tiempo para distenderse y hablar, le comentaba sobre leyendas urbanas e insistía mucho sobre una especialmente, que se había producido en un lugar donde se encontraba la gente desequilibrada.</p>
<p>Hacía muchos años, un manicomio se habría incendiado matando a la mayor parte de los internados allí, y sólo dos de ellos habrían sobrevivido. Esos dos locos serían los encargados de vigilar el lugar para que nadie entrase. Un lugar totalmente deshecho por el fuego… un lugar inhóspito.</p>
<p>Eso fue todo lo que llegó a saber Margarita de boca de su esposo ahora difunto. Pero ella era totalmente incrédula de todo. No creía en nada. Ninguna religión, ningún ser superior. ¡Nada!<br />
Corrió con todas sus fuerzas hasta el lugar y buscó un hotel cerca del lugar donde su marido falleció.<br />
Por la noche, sintió gritos de desesperación y penetró por el cerrojo de la puerta una luz que no la hizo temblar, pero que le llamó mucho la atención. Cuando se levantó para ver qué era, y aprovechar de paso a ir al baño, se encontró con un papel pegado en el espejo que decía “Ahora mismo vete de aquí”.</p>
<p>La letra era idéntica a la de su esposo. Pensó que todo se trataba de una broma de muy mal gusto por cierto, pero en ese momento sintió un escalofrío que la obligó a mirar por la ventana y lo que vio la congeló: un hombre yacía colgado muerto de un cable que atravesaba desde el techo hasta el primer piso.</p>
<p>Por el viento, el cable giró y fue ahí donde pudo ver el rostro del desdichado hombre: se trataba de su marido.<br />
Salió corriendo aterrorizada, quería abandonar cuanto antes ese hotel y en su huída se refugió en el manicomio que estaba próximo. Se equivocó al entrar en ese lugar. Se dirigió al lugar menos indicado, pues ahí, comenzó a escuchar unas carcajadas a los lejos que parecían acercarse cada vez más.</p>
<p>Margarita nunca sintió tanto miedo, le temblaba todo el cuerpo. Vio aproximarse a un hombre, vestido con una bata blanca que le preguntó:<br />
- ¿Qué hace usted aquí?<br />
- Eh …estoy escondiéndome de los pescados que matan gente-.</p>
<p>Con todo el miedo que sentía, salían disparates de su boca. No era conciente de lo que decía.<br />
El hombre contestó:</p>
<p>-Usted está en el lugar equivocado, no interfiera en este lugar. No moleste a mis amigos. Su esposo es uno de los nuestros.-</p>
<p>Y, tras decir eso, el hombre vestido de blanco desapareció.</p>
<p>Margarita corrió lo más rápido que pudo hasta lo que se supone era la puerta de salida, pero esta se cerró de golpe.<br />
Tres días más tarde, sus compañeros y empleados del trabajo, extrañados por su ausencia, -ya que jamás Margarita dejaba de ir al negocio, decidieron que uno de ello fuera a buscarla.<br />
Encontraron el telegrama y se decidió que Marcelo, un empleado fiel al negocio, y amigo de Margarita fuera al manicomio a buscarla.</p>
<p>Se encontró con la escena más trágica que pudo haber imaginado jamás: Margarita estaba colgada de un ventilador de techo, muy viejo, dentro del salón principal del centro para psiquiátricos.</p>
<p>Quedó paralizado y le llamó la atención el líquido viscoso que goteaba del cuerpo. Cuando juntó coraje suficiente para acercarse a ver qué era el líquido tan curioso que caía, se percató que no estaba colgada de una cuerda, sino de sus propios intestinos. ¡Le habían arrancado los intestinos!</p>
<p>De repente escuchó una risa diabólica, que cada vez parecía acercarse más y más. Presentía que la muerte se le acercaba a él también, empezó a transpirar y a sentir que se le congelaban los huesos del terror que sentía.</p>
<p>En minutos estaba colgado junto a Margarita con una cuerda que de a poco lo iba ahogando, hasta que se acordó que llevaba encima una navaja que le había regalado su papá. Cortó la cuerda con las pocas fuerzas que tenía y corrió desesperado a la puerta.</p>
<p>La salida estaba bloqueada por un montón de sillones viejos, y sillas de madera. Marcelo, el empleado que quiso rescatar a su jefa y compañera estaba atrapado…</p>
<p>Empezó a quitar los sillones y sillas y todo lo que encontró delante de la puerta principal del manicomio, lo más rápido que pudo. Estaba fuera de sí del terror que sentía.<br />
Pudo sentir una presencia que se acercaba, y cuando la vio, no daba crédito a lo que veía: era Margarita con una cuerda en la mano, y con sus intestinos en la otra, su cara deformada.<br />
-“¡Ayúdame!”- gritaba Margarita.<br />
<img class="alignleft size-full wp-image-223" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/12/horror.jpg" alt="horror" width="320" height="231" /></p>
<p> </p>
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<p>Mientras miraba estupefacto como ella se iba acercando, intentó meterse por un pequeño agujero que había en la pared, y que pudo ver recién cuando la mayor parte de las sillas fueron quitadas por sus temblorosas manos. Trató de escaparse, pero Margarita le tiró de la pierna, le quitó un zapato, y él quedó atorado. Ella hacía fuerza por entrarlo, tanta fuerza hizo, que logró arrancársela y él sintió como miles de bichos entraban a su cuerpo. No pudo escaparse. Todos los males que entraron en su cuerpo se encargaron en segundos de carcomer su organismo, y dejar solamente la piel.</p>
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		<title>La venganza de un vampiro</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2011 03:01:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>enrique188</dc:creator>
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		<description><![CDATA[                El olor nauseabundo que desprende su cuerpo quemado penetra en mis fosas nasales, dejándome mareado. El incendio es nefasto. Trato de taparme con mi camisa el rostro, pero al estar agujereada por el fuego es lo mismo que no tener nada. Siento retorcerse a mi cuerpo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-210" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2011/08/vampiros-góticos.jpg" alt="vampiros góticos" width="379" height="278" /></p>
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<p>El olor nauseabundo que desprende su cuerpo quemado penetra en mis fosas nasales, dejándome mareado. El incendio es nefasto. Trato de taparme con mi camisa el rostro, pero al estar agujereada por el fuego es lo mismo que no tener nada.<br />
Siento retorcerse a mi cuerpo de tantas arcadas a las que se ve sometido, por el regusto asqueroso que quedó en mi paladar, y la impresión de asfixia que tengo en el cuello. Y siento mi sien derecha como si un taladro quisiera perforármela con todas sus fuerzas. ¡No doy más!<br />
Ahora necesito silencio, abrir mi mente y dejar entrar un poco de paz. Escaparme de este infierno que me rodea y sacar de mi mente las figuras que veo en el humo, y que yo diviso como verdaderas formas espectrales. Lloro por el efecto de él. Necesito cobijarme en el silencio.<br />
Estoy tan perdido y desorientado que no sé para qué lado correr.</p>
<p>¡Cómo me pasó esto a mí, con más de cien años de existencia! No comprendo cómo logró hallarme tan desamparado y con la guardia baja habiendo vivido tantos años, debería tener más experiencia, precaución y yo no la tuve.</p>
<p>Hace muchos años, recuerdo, pasé por una experiencia parecida. Hice creer a todos que había fallecido y me alejé de todos para empezar una vida nueva. Tal como si fuera un ladrón barato, me escapé. Dejé todo lo que poseía, mis seres más queridos, mis bienes materiales y huí.</p>
<p>Viajé durante muchos meses por lo que era la vieja Europa, hasta que encontré un lugar que colmó –en aquel entonces- todas mis expectativas, pues era tranquilo y no era muy habitado. Al tiempo vino más gente al lugar que me acusó de hacer brujería.<br />
Al poco tiempo me acusaron, me juzgaron y me condenaron a morir quemado en una hoguera.</p>
<p>Los que asistieron con regocijo a mi ejecución, quedaron horrorizados al ver que mi cuerpo, quemado hasta lo más profundo de los huesos, aún tenía movimiento. Ahí se convencieron que yo era el diablo, y el terror hizo que me enterraran en la tumba más profunda del cementerio de aquel lugar.</p>
<p>Pasé mucho, mucho tiempo enterrado vivo. En ese período mi piel y todo mi cuerpo fue l regenerándose lentamente. Huesos, tendones, órganos vitales, piel y cartílago, crecieron de la nada.</p>
<p>Por ese motivo de lo que estoy seguro es que no quiero pasar por una segunda experiencia de ese tipo, si bien sigo vivo, los dolores que sufrí fueron terribles.</p>
<p>Trato de calmarme lo más que puedo, para tomar una decisión correcta y no caer en la desesperación, y a mi alrededor veo fuego, humo y a lo lejos diviso al padre Jacinto.</p>
<p>Sí ¡es él! Él quien no hace mucho tiempo me ayudó cuando yo no tenía rumbo definido y estaba perdido entre la vagancia, el alcohol y otros vicios. Tanto me ayudó, que en vez de estar unos días en su hogar, pasé a estar un mes, y luego así, no sé de qué manera fueron alrededor de 2 o tres años los que convivimos. ¡Me ayudó muchísimo!</p>
<p>Así es que lo llamé, a gritos, para que pudiera escucharme. Pero resultó ser mi peor enemigo, puesto que según me dijo, -antes de clavarme la estaca que tenía en la mano-, esperó mucho tiempo por este momento y lo planeó todo.<br />
¿Que cómo lo logró?<br />
Según dijo primero se ganó mi confianza.</p>
<p>-“Sabía que llegaría este momento” – dijo –</p>
<p>¿Por qué no lo hiciste antes? – pregunté –</p>
<p>-“Porque quise hacerlo bien, para tener certeza que no vivirás nuevamente. Es la única manera de deshacerse de un vampiro”.<br />
-“¿O pretendes resurgir como la vez anterior?”-<br />
-¡No puedo creerlo Jacinto!</p>
<p>-Pues siempre hay un vivo para otro más vivo. -dijo-<br />
-“Ah…y no me llames Jacinto”, -dijo-.<br />
-“Mi verdadero nombre es Conde Jacinto”.<br />
Y alzando la mano como agradeciendo al cielo, me clavó la estaca en el pecho. Se trataba de un ajuste de cuentas del pasado, que yo casi no recordaba. Pero, pasó.</p>
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		<title>El amor de Don Seferino</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jul 2011 03:01:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>enrique188</dc:creator>
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		<description><![CDATA[      Don Seferino descansaba plácidamente. Era domingo, por lo que no tenía hora para despertarse. Ningún apuro. Era su día de descanso. Cuando estaba en pleno sueño, se sentó bruscamente en la cama y movió la cabeza en señal de enojo, pues unos fortísimos golpes en la puerta lo habían despertado. ¿Quién sería [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-202" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/11/anciano-puerta.jpg" alt="anciano puerta" width="124" height="83" /></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Don Seferino descansaba plácidamente. Era domingo, por lo que no tenía hora para despertarse. Ningún apuro. Era su día de descanso.</p>
<p>Cuando estaba en pleno sueño, se sentó bruscamente en la cama y movió la cabeza en señal de enojo, pues unos fortísimos golpes en la puerta lo habían despertado. ¿Quién sería el desubicado que llamaría un domingo a esta hora?</p>
<p> </p>
<p>Empezó a gritar, a tal modo de que la persona que golpeaba su puerta pudiera escucharlo: ¿Pero a quién se le ocurre golpear con tanta fuerza y un domingo tan temprano? – dijo furioso-.</p>
<p> </p>
<p>Su rostro y la violencia con la que la abrió la puerta, dejaban ver el enojo que tenía este hombre. Cuando abrió del todo la puerta, lentamente apareció frente a él una figura femenina totalmente vestida de negro. La mujer era hermosísima, y él que lo primero que había dicho era “¿qué es lo que quiere a esta hora?” quedó encandilado con su belleza.</p>
<p> </p>
<p>El rostro de la dama era perfecto. Sus ojos grandes y negros y su nariz respingada, la hacían parecer aún más bella, sin nombrar la blancura que resaltaba aún más su cabello negro, lacio e impecablemente brilloso.</p>
<p> </p>
<p>El anciano cerró violentamente la puerta consternado para no dejar que la mujer empezara hablar. ¡Estaba tan enojado! Y de repente, al entrar se sintió mal y se desmayó. Como pudo, poco a poco, tomándose de la mesa vieja que estaba en su comedor, se levantó. Pensó: “ese rostro lo vi antes”, “yo conozco a esa mujer”.</p>
<p> </p>
<p>Buscó en los cajones donde guardaba fotos viejas de su familia, amigos, pero fue en vano. No encontró en ninguna el rostro de la mujer.</p>
<p> </p>
<p>Abrió la puerta y se apresuró para seguirla, encontrarla y preguntarle qué quería…</p>
<p>Pero caminó y caminó y se dio cuenta que entre la intriga, la furia y la desesperación por haberle cerrado la puerta en la cara, había terminado en la puerta del campo santo, que no sabía por qué, pero le pareció que la mujer entró allí. Empezó entonces a caminar por las veredas, entre las tumbas, y al llegar a la tumba de Cecilia, la mujer que amó profundamente, y que la vida se la arrebató con una bala que no iba dirigida a ella, se detuvo. Otra vez la rabia y el rencor, se apoderaron de él. Cuánta desesperanza por haber perdido a la mujer que más amó en su vida…</p>
<p> </p>
<p>Había pensado en suicidarse en muchas oportunidades, pero sabía que de esa forma, no se uniría a Cecilia. El llanto se apoderó –como tantas veces- de él, y se percató de una presencia detrás de sí.</p>
<p> </p>
<p>La mujer que había golpeado su casa, estaba detrás de él, y le preguntó con una voz muy suave: “-¿la extrañas demasiado, verdad?” Ni siquiera se dio vuelta para contestarle a la mujer, pues ya no sabía si la estaba imaginando o era real y solo se limitó a contestar:<br />
&#8220;¡no se imagina cuánto!&#8221;</p>
<p> </p>
<p>La mujer acarició el cabello del hombre con sus largos y pálidos dedos, y él reaccionó dándose vuelta de manera violenta, pues se dio cuenta que no era su imaginación que le estaba jugando una mala pasada, sino que, efectivamente la mujer estaba allí.</p>
<p> </p>
<p>Entonces le dijo: “Disculpe señora: ¿nos conocemos?”</p>
<p>Al principio, Don Seferino no reconoció a la mujer que estuvo en su casa hacía menos de quince minutos, pero ella le dijo con total serenidad: “en realidad nos vimos un par de veces”, “¿usted lo tomaría a mal si me siento al lado suyo señor?”</p>
<p> </p>
<p>¡Discúlpeme señora! Dijo el hombre sexagenario.</p>
<p>Y se sentaron. A lo que él inmediatamente le preguntó: “¿A quién viene a visitar señora?”</p>
<p>Y ella respondió: “a todos”.</p>
<p>No entiendo, exclamó el anciano…</p>
<p>Bueno, dijo la mujer. Acaso ¿no somos todos hijos de Dios Don Seferino?, ¿no somos todos hermanos?</p>
<p>Él inmediatamente la miró fijo y le preguntó: “¿Cómo es que sabe mi nombre si yo nunca se lo dije”?</p>
<p>-“Te conozco mucho más de lo que puedas imaginarte”.<br />
-“Te esperé en este lugar, en este día, a esta hora, y sé que muy internamente, sabes que digo la verdad, pues tú también lo sabías”</p>
<p> </p>
<p>Don Seferino al oír estas palabras sintió como todo su cuerpo se iba erizando, y un gélido sudor se apoderaba de él. Sus labios se tornaron blancos, y sus manos temblaban…</p>
<p> </p>
<p>-         Hoy es un buen día para morir!- exclamó.</p>
<p> </p>
<p>Don Seferino poco a poco se fue calmando, y se recostó sobre una tumba, y sus ojos quedaron clavados contemplando el sol que apenas asomaba. Los cerró lentamente, y se concentró en el perfume de cada flor del cementerio.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-203" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/11/leccion_anciano.jpg" alt="leccion_anciano" width="250" height="313" /></p>
<p>Sin un solo lamento, se fue entregando al sueño más profundo, conciente que la vida se le escapaba en ese momento, como la arena se escapa entre los dedos. Se fue quedando dormido, cobijado por el manto del sol que apenas se dejaba ver y sentir.<br />
Sus rezos al final fueron escuchados y había llegado el día donde se encontraría con su amada Cecilia. Era un camino de ida, no habría regreso, pero eso fue lo que, desde el día en que ella había partido, imploró al cielo. Ahora nada ni nadie los separaría nuevamente.</p>
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		<title>La pesadilla diaria de Matías</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Jun 2011 03:01:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>enrique188</dc:creator>
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		<description><![CDATA[                Matías fue a la casa de su tía y lo que vio lo dejó estupefacto. El cuerpo de su tía yacía en el suelo en medio de un charco de sangre, aún el cuchillo estaba clavado en su vientre y el calor del líquido se podía sentir. Recién la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-195" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/11/hombre_cuchillo2.jpg" alt="hombre_cuchillo2" width="211" height="253" /></p>
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<p>Matías fue a la casa de su tía y lo que vio lo dejó estupefacto. El cuerpo de su tía yacía en el suelo en medio de un charco de sangre, aún el cuchillo estaba clavado en su vientre y el calor del líquido se podía sentir. Recién la habían asesinado.</p>
<p>Se arrodilló y gritó de la impresión, de rabia y de dolor. ¡Cuánto lo había mimado en vida su tía Beatriz!<br />
Cuando estaba junto al cadáver, aún gritando de tristeza, ingresó un hombre.<br />
-“No llores más, ella estará bien” –dijo-<br />
Matías no daba crédito a lo que escuchaba y le contestó: -¡pero no ves que está muerta! ¿Cómo que estará bien?<br />
El hombre, cuya cara vio tantas veces, y al que tanto temió, lo quiso asesinar con un cuchillo allí mismo. Se percató a tiempo, y corrió con todas sus fuerzas, tembloroso de miedo. No pudo pedir auxilio porque del miedo que tenía, se quedó sin voz.<br />
Se dirigió hasta su casa y se ocultó debajo de la cama, creyendo que estaría a salvo. En un minuto se acordó de todo lo que pasó, desde el principio de la historia.</p>
<p>Se acordó de cuando lo había conocido. Martín, se había acercado a su madre, insistentemente, hasta conquistarla. Su madre se casó con él, y al principio de la relación todo parecía normal. El se mostraba un hombre calmo, trabajador, honesto, y hasta parecía querer mucho a Matías. Hasta que un día, mostró en realidad quién era…</p>
<p>Un jueves, luego de su labor diaria llegó a su casa borracho. Su madre lo notó extraño, y cuando le hizo el reclamo que toda esposa hace cuando viene un marido en esas condiciones, la golpeó hasta dejarla tirada en el piso. También lo había golpeado a él, y como nadie lo denunció, esa escena se fue repitiendo una y otra vez.</p>
<p>La cosa no quedó en golpes, y comenzó a matar. Sentía verdadero placer en hacer sufrir a la gente.<br />
Hacía dos años, cuando Matías jugaba con su amigo Kevin, su padrastro gritó: “Kevin, tengo un regalo para ti”. Desde ese día, nunca más Matías vio a su amigo. Hasta que lo encontró descuartizado por Martín. Todo quedó en la nada, nunca recibió castigo alguno, ni denuncia, ni pena&#8230; Nada. Del miedo que inspiraba tanto su madre comó Matías soportaban de Martín todo tipo de humillaciones.</p>
<p>Matías continuaba recordando todas las escenas horribles vividas desde que este hombre pertenecía a su familia, y en ese momento, tomó el lápiz de su mesa de luz, le sacó punta con el sacapuntas que tenía en su cartuchera y lo esperó detrás de la puerta.</p>
<p>Martín abrió la puerta del cuarto, y en ese momento Matías le clavó el lápiz en los ojos, antes que Martín pudiera dañarlo.</p>
<p>Cuando llegó su madre, lo encontró muerto en el suelo, y a su hijo en un estado de crisis nerviosa. Aún con el lápiz bañado en sangre en sus manos… pero sin una lágrima en los ojos, y con la misma mirada que tenía su difunto esposo.</p>
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		<title>El caso de Leticia</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jun 2011 03:01:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>enrique188</dc:creator>
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		<description><![CDATA[                        Leticia era una niña de nueve años. Tan chica y huérfana de padre, su madre trabajaba todo el tiempo para poder darle todo lo que necesitaba. Por ese motivo, Leticia pasaba la mayor parte del tiempo sola en su casa, con la orden [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-188" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/11/niñaloca.jpg" alt="niñaloca" width="275" height="374" /></p>
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<p>Leticia era una niña de nueve años. Tan chica y huérfana de padre, su madre trabajaba todo el tiempo para poder darle todo lo que necesitaba. Por ese motivo, Leticia pasaba la mayor parte del tiempo sola en su casa, con la orden de “no abrir la puerta a nadie” hasta que su mamá no llegara.</p>
<p>“Yo te llamaré cada dos horas para cerciorarme que estés bien, y cuando llegue a casa tocaré tres veces la puerta, para que sepas que soy yo”.</p>
<p> </p>
<p>Así, fue pasando el tiempo.</p>
<p>Un día su madre tuvo que retirarse del trabajo antes de tiempo, porque se sintió mal. Escalofríos recorrían su cuerpo, y eso hizo que volviera mucho antes de lo previsto al hogar.</p>
<p> </p>
<p>Leticia en casa dormía, para que las horas se le pasaran más rápido, hasta que el sonido del teléfono la despertó:</p>
<p> </p>
<p>-“¿Eres tú mami?&#8221;, preguntó la niña. Pero la respuesta fue el silencio. Nadie respondió.</p>
<p>De camino a su cuarto, para volver a dormir, la sorprendió nuevamente el teléfono, sonando insistentemente.</p>
<p> </p>
<p>-“Mami, responde. No es gracioso y me estás asustando”. Colgó el teléfono asustada. Esta vez tampoco contestó nadie. Ahora sí sentía mucho miedo, y se fue corriendo a su cama.</p>
<p>Cuando se metió en la cama, sintió el ruido de la puerta: “TAC, TAC”, pero no hubo un tercer golpe, por lo que no era su madre. Se asustó aún más.</p>
<p> </p>
<p>Como tenía la orden expresa de su mamá que tocaría tres veces, no abrió la puerta. La niña temblaba de miedo.</p>
<p>Cuando cayó la noche, su mamá aún no había llegado, y ella estaba aterrada.</p>
<p>Volvió a sonar el teléfono.</p>
<p>-“Mami, ¿eres tú?&#8221; – preguntó la niña, aterrada.</p>
<p>Era muy tarde, se apoderó un llanto de la niña que apenas pudo tomar el teléfono para llamar a la policía. Quiso salir corriendo de su casa y lo que vio la paralizó: el cuerpo de su mamá yacía en el suelo, con los brazos rotos, y un charco de sangre rodeándola.</p>
<p> </p>
<p>Leticia se desmayó de la impresión de ver en ese estado a su mamá. Perdió el conocimiento.</p>
<p>Cuando se despertó, se encontraba en un centro de asistencia a niños con problemas psiquiátricos.</p>
<p>Pasó mucho tiempo para que la ayuda del centro y los médicos pudieran ayudar a Leticia a superar ese trauma…Ella soñaba una y otra vez que le decían: “tú estás sola ahora”.</p>
<p> </p>
<p>Psquiatras, psicólogos y médicos más de una vez en reuniones donde se trataba el caso de Leticia, comentaban que cabía la posibilidad que ella hubiera asesinado a su madre.</p>
<p>Ella pensaba que estaban todos locos. ¡Cómo iba a asesinar a su adorada madre!</p>
<p>Leticia soñaba a menudo con su mamá…¡la quería tanto!</p>
<p>Al día de hoy pasaron quince años, y sigue internada en el mismo centro psiquiátrico. Aún no ha superado ese trauma.</p>
<p> ¿Que cómo sé todo esto?</p>
<p>Porque yo soy Leticia, y no maté a mamá.</p>
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		<title>El accidente que cambió nuestra vida</title>
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		<pubDate>Sun, 15 May 2011 03:01:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>enrique188</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tal vez no debimos golpearlo tan fuerte. O de repente, debimos contenernos un poco, pero ya nada podíamos hacer. Lo hecho, hecho estaba y no sentí nada al ver ese inmenso charco de sangre alrededor mío. Al fin y al cabo lo que queríamos era ser libres, y lo logramos. No, no sentí nada al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Tal vez no debimos golpearlo tan fuerte. O de repente, debimos contenernos un poco, pero ya nada podíamos hacer. Lo hecho, hecho estaba y no sentí nada al ver ese inmenso charco de sangre alrededor mío.<br />
Al fin y al cabo lo que queríamos era ser libres, y lo logramos. No, no sentí nada al ver a mi captor muerto. ¡Nada!</em>_______________________________________________________________________</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-180" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/11/camino-al-sotano-imaginate.jpg" alt="camino-al-sotano-imaginate" width="362" height="255" /></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Una ráfaga de aire me informó que aún vivía, y desperté de mi sueño, que al fin y al cabo era la única forma que me permitía sentirme aliviada. Sentí los pasos de aquel hombre, que rompían la quietud de nuestra cárcel. Era la hora de comer, y bajaría las escaleras para dejarnos nuestro almuerzo.<br />
¿Por qué nos tocó esta vida a mi hermana y a mi, si al fin y al cabo no hicimos nada malo? ¿Será que el destino es así?</p>
<p>Como de costumbre, estaba de mal humor, y cuando estaba así, no pronunciaba palabra alguna. Se limitó a mirarnos un minuto o menos, y luego cerró la puerta con esa llave gigante, como si pudiéramos escapar de allí.</p>
<p>Un pequeño filo de luz penetró en el lugar, y era toda la conexión que teníamos con el mundo exterior desde hacía ya bastante tiempo.</p>
<p>Solamente una cosa me hacía pensar que no era el momento de morir: la voz de mi hermana que estaba presa junto conmigo. Tenía un motivo real para seguir viviendo, si es que a eso se le podía llamar vida.</p>
<p>Una sola vez a la semana, -y tampoco todas-, nuestro sayón parecía apiadarse de nosotras y nos traía, junto con la comida diaria, una vela. (Era como si esto le sacara culpa). La vela estaba predestinada a que rezáramos y nuestros rezos estuvieran “iluminados”. Lo que él no sabía era que nosotras ya no le pedíamos nada a Dios, pues nos había abandonado, y nosotras a él. Estábamos seguras que, si existiera Dios, no podía permitir que pasáramos tanta tortura, sin haber hecho absolutamente nada para merecer semejante castigo.</p>
<p>Mi hermana me dijo con voz de llanto quebrado: -Debemos hacer algo urgente.-<br />
-Ya sé- respondí.<br />
-Vamos a volvernos locas aquí adentro-<br />
-No podemos hablar con él- dije<br />
-No pienso en hablar- dijo mi hermana. “Pienso en matarlo”.</p>
<p>¡Mi hermana con tan solo catorce años estaba hablándome de asesinar a nuestro captor!</p>
<p>No voy a negar que esa idea se me pasó varias veces por la cabeza; pero que mi hermana, con tan corta edad me hablara tan seriamente de aniquilar a alguien, me chocaba. Pero era lo que cualquiera diría de alguien que obligaba a dos jóvenes a semejante barbarie. El encierro, el mudo mundo de una habitación sin baño, sin vida exterior. Era peor que una cárcel.</p>
<p>¿Por qué a nosotras? –dije-. Se me escapó de la boca, y mi hermana continuó:</p>
<p>-Es un imbécil en el fondo, porque cree que estamos indefensas, tan indefensas nos cree, que no se da cuenta que si quisiéramos le arrancaríamos los ojos con el cuchillo, tenedor o botella que nos deja a diario-….</p>
<p>Era cierto. Teníamos –si quisiéramos- material como para matarlo…</p>
<p>___________________________________________________________________</p>
<p>Teníamos una casa de campo enorme y preciosa. Todos los días, el sol nos despertaba por la mañana, penetrando en nuestra habitación e invitándonos, bien temprano, a levantarnos para degustar el delicioso desayuno que mamá nos preparaba.</p>
<p>Mi mamá era una señora joven, tenía cuarenta y cinco años, y papá era médico, muy reconocido por cierto. Mi hermana y yo íbamos al liceo, y mamá se dedicaba a las tareas del hogar. No trabajaba fuera de casa, no lo necesitábamos.</p>
<p>¡Éramos tan felices!</p>
<p>A veces –no voy a negarlo- mi vida me parecía un poco aburrida, pero hoy daría todo lo que tengo por volver a tenerla…<br />
Un día cambió radicalmente esa realidad hermosa que teníamos.</p>
<p>Una tarde, al volver del liceo en el ómnibus, pasamos cerca de un accidente… En el lugar había ambulancias y mucha, mucha gente. Entre toda la gente, pude ver a mi papá, tapándose la cara inmerso en un dolor profundo. Nos bajamos del ómnibus y junto con mi hermana, pudimos comprobar que el dolor de mi padre, se debía a que la culpable de aquel alboroto, era mi mamá.</p>
<p>-&#8221;La gente es inconciente&#8221;, -&#8221;Le dan libreta de conducir a cualquiera&#8221;…<br />
Miles de comentarios como éstos nos querían consolar, pero era imposible. Aquel camionero le arrebató la vida a mi madre. Venía casi dormido, y también tomado, y parece que todo pasó muy rápido… Eso nos dijeron.</p>
<p>Le arrebató tan rápido su vida, como a nosotros las ganas de vivir. Nosotros no fuimos los mismos desde aquel día.<br />
Con el tiempo, papá comenzó a actuar de manera extraña. Era como si nos celara. Como si hubiese preferido perdernos a nosotras que a mamá.</p>
<p>De día no nos dejaba salir de casa y se justificaba diciendo que si no salíamos de nuestro hogar, no teníamos la posibilidad de pecar, como según él lo hizo mamá, y el castigo del cielo fue que la matara un camión.</p>
<p>Según papá, mamá había ido directamente al infierno por eso.<br />
Tenía todos los días actitudes nuevas, raras, que en verdad nos daba mucho miedo estar con nuestro padre.</p>
<p>Un día me saturé de sus locuras. Lo enfrenté, le dije que no teníamos la culpa que mamá hubiera muerto, y se puso tan histérico, que pensé me daría un golpe durísimo y no podría moverme. Para mi sorpresa, hizo algo mucho peor: tomó a mi pequeña hermana del brazo, y a mí del otro, y nos encerró en un sótano que teníamos en casa, luego de gritarnos cosas horribles a las dos.</p>
<p>Desde ese día estamos acá.<br />
Al principio, pensé que nos dejaría un par de horas para hacernos escarmentar y no volver a hablarle así, sobre todo yo, la mayor. Pero a medida que pasaron los días, solo recibimos de él la comida, y la vela para “rezar”.</p>
<p>_________________________________________________________________</p>
<p>Perdimos la noción del tiempo. No sé si hace ocho, nueve, diez meses o un año que estamos aquí.<br />
No, ya no aguantábamos más. Por eso, esta vez, cuando se abrió la puerta yo lo esperé debajo de la escalera. Estaba escondida, esperando ansiosa el momento que viniera con la “ración diaria”. Lo esperé con la botella en la mano.</p>
<p>Notó mi ausencia y le preguntó a mi hermana dónde me encontraba yo. <strong>Ese fue su gran error.</strong> Hablar. Sí, hablar, porque su voz, me provocó una mezcla de ansiedad, tristeza, recuerdos, bronca, añoranza por la vida pasada, mucha rabia por lo que nos había hecho, que reaccioné con tanta violencia que me cuesta creerlo.</p>
<p>Con todas mis fuerzas golpeé su cabeza con la botella que se convirtió en mil pedazos, mientras mi hermana miraba incrédula.</p>
<p>Fue cuando cayó al piso que me percaté y tomé conciencia de lo que había hecho.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-181" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/11/charco-de-sangre.jpg" alt="charco de sangre" width="317" height="236" /></p>
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		<title>La hija del sepulturero..</title>
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		<pubDate>Sun, 01 May 2011 03:01:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>enrique188</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[                    La desesperación, y la tristeza profunda hoy se apoderaban de él. Algo que hacía todos los días para llevar el sustento a su familia, en este día se convertía en la tarea más difícil de llevar a cabo. Hoy sería a su esposa a quien el sepulturero [...]]]></description>
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<p><img class="alignleft size-full wp-image-173" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/11/cementerio.jpg" alt="cementerio" width="364" height="313" /></p>
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<p>La desesperación, y la tristeza profunda hoy se apoderaban de él. Algo que hacía todos los días para llevar el sustento a su familia, en este día se convertía en la tarea más difícil de llevar a cabo. Hoy sería a su esposa a quien el sepulturero debería enterrar.</p>
<p>Como si fuera ácido, tragaba sus lágrimas y su saliva. Había dejado a su pequeña hijita en casa de un primo, para que la cuidara, mientras se llevaba a cabo el entierro.</p>
<p>Su joven mujer, víctima de una larga enfermedad, ya no soportaba más los dolores y de alguna manera se lo había dicho antes de morir. Deseaba e imploraba que llegara cuanto antes ese momento. No aguantaba más tanto sufrimiento.</p>
<p>Antes de morir le pidió que cuidara muy bien de su hijita, y dijo que confiaba en él. Que le agradecía lo feliz que la había hecho en todo este tiempo que estuvieron juntos. Que había sido un excelente compañero de vida, que no llorara cuando llegara el momento.</p>
<p>Esas palabras le daban vueltas y vueltas en su cabeza, mientras casi todo el barrio lo acompañaba entre lágrimas y sollozos en el cementerio. Abrazos, suspiros, palmadas en la espalda &#8230;”fuerza amigo”, “arriba vecino”… le decían todos…</p>
<p>Roberto regresó a su casa y todos los vecinos lo acompañaron. Esta parecía helada sin la presencia de su mujer, alguien tan querida por todo el vecindario. Joven, linda y buena, eran los adjetivos que todos empleaban para referirse a la difunta. Cuando Roberto quedó solo con Eloísa, su pequeña hija, ya contaba con la seguridad de que sus vecinos lo ayudarían turnándose para cuidarla, y así él podría seguir cumpliendo con sus tareas.</p>
<p>Al principio todo iba transcurriendo de la mejor manera posible, pero poco a poco la pequeña Eloísa ya no se sentía bien en casa de los vecinos, y quería quedarse sola en su casa. Roberto tuvo que solicitar un permiso especial para que le concedieran acceso para instalarse en las oficinas del panteón, y así tener a su hija cerca.</p>
<p>Es así que, mientras él llevaba a cabo sus tareas de sepulturero, Eloísa se entretenía jugando entre los panteones. Cuando terminaba su horario antes de regresar a casa, Roberto siempre visitaba la tumba de su esposa, le hablaba y rezaba, y le decía con un beso muy tierno a su pequeña hija que su mami le enviaba un beso desde el cielo.</p>
<p>Un día Roberto recibió la orden de preparar un entierro para la primera hora de la mañana  siguiente, por lo que ese día, no estuvo tanto tiempo rezando en la tumba de su esposa. Cuando llegó a su casa a preparar la cruz para el entierro que llevaría a cabo al día siguiente, se percató que Eloísa no le contestaba…</p>
<p>Agotadísimo de tanto trabajar, pensó que quizá sin decirle nada, regresó al cementerio a jugar entre los panteones… Y de repente una horrible idea se apoderó de él: “quizá se cayó en alguna tumba en ruinas” pensó, y salió tan rápido como pudo hacia el cementerio que quedaba a pocas cuadras de su casa…</p>
<p>Cuando llegó,  recorrió el cementerio de punta a punta, todos los rincones posibles, teniendo la ventaja de conocer cada lugar donde Eloísa pudiera estar escondida, o donde se hubiera podido caer.</p>
<p>Cuando la desesperación casi se había apoderado de él, escuchó la carcajada de Eloísa,  gritó “gracias Dios”, por haberla hallado. Corrió al lugar de donde venían las carcajadas y la abrazó tan fuerte como pudo. De inmediato la rezongó también por su travesura, que tan nervioso lo dejó.</p>
<p>Una tarde el cielo se nubló de tal manera que era evidente que pronto caería una tormenta eléctrica, por lo que el sepulturero se apresuró para llegar a su casa.</p>
<p>Cuando se dirigió a darle el beso diario a su pequeña hija, y desearle buenas noches, se encontró con algo que lo paralizó: la cama de Eloísa estaba vacía. Salió corriendo hacia el cementerio, donde la había encontrado la vez anterior, cuando se escapó, y la encontró. Allí estaba Eloísa… pero parecía estar hablando con otros niños.</p>
<p>Rodolfo no daba crédito a lo que oía. Se sintió desfallecer cuando él mismo escuchaba risas, voces de niños en pleno cementerio y se apuró para sacar a su pequeña hija de ese lugar, donde evidentemente había seres de ultratumba, -pensó-; puesto que en el cementerio no es un lugar donde se encuentren niños, y menos que menos en ese día tan negro.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-174" src="http://participacion.elpais.com.uy/historiasdemiedo/files/2010/11/cementerio-2b.jpg" alt="cementerio-2b" width="289" height="386" /></p>
<p> </p>
<p>Cuando estuvo a unos pasos de su hija, sintió que un viento fortísimo lo abrazó al punto de paralizarlo y hacerlo caer de rodillas… No podía creerlo. ¿Qué era esto? Asimismo el cielo cada vez estaba más negro y el pobre Rodolfo no podía moverse para rescatar a su hija de estos seres siniestros.</p>
<p>Cuando estuvo a punto de desmayarse, sintió una brisa suave y cálida, que le abrazó. Metió su mano -que al fin logró mover- en su bolsillo, y se percató que su pequeña Biblia despedía una energía extraña. Era como si el pequeño libro sagrado estuviera vivo…Sin pensarlo, tomó la Biblia con las dos manos y la puso frente a los seres de ultratumba que seguían rodeando a su pequeña hija.</p>
<p>La sola presencia del sagrado libro, hizo que estos seres extraños retrocedieran hacia los fuertes vientos. Rodolfo comenzó a rezar en voz muy alta, y a medida que las plegarias se elevaban al cielo, las sombras del mal retrocedían haciéndose notar con gritos de extremado dolor, aullando y diciendo maldiciones. Era el mismo diablo personificado en estos seres…</p>
<p>Los rezos de Roberto eran tan poderosos y con tanta fe, que en un momento cubrió con sus plegarias todo el cementerio, en ese momento fue cuando aprovechó para liberar a su pequeña hija, y la abrazó lo más fuerte que pudo y corrió con todas sus fuerzas hacia la puerta del campo sagrado, mientras las voces de los seres nefastos poco a poco iban desapareciendo, hasta volverse nuevamente el cementerio en un lugar silencioso.</p>
<p>Rodolfo y su pequeña hijita se fueron del pueblo. Ningún vecino supo dónde fueron, pero dicen que viven cerca del panteón y que desde ese día, se escuchan gritos de niños buscando a la hija del sepulturero, que en una noche de tormenta, quisieron llevársela al infierno y aún no pudieron.</p>
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