Sábado, Agosto 11th, 2012...10:11 am

Tres distorsiones de nuestra fuerza interior

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Tomar contacto con mi potencia real

En la vida cotidiana, en la gestión de una organización, en llevar adelante una relación, nos enfrentamos a utilizar nuestras propias capacidades respecto a los vínculos que nos rodean.

A veces poderosos, a veces ausentes, a veces arrogantes, nuestras capacidades en acción parten desde nuestra propia concepción de cómo somos, cuánto podemos, qué queremos y merecemos.

Desde el coaching, trabajar con la persona nos permite siempre tomar contacto con “la forma” y las creencias que sustentan esas formas de actuar. Es más, nosotros mismos en cualquier rol de “ayudador”, estamos implicados en cuanto a lo que creemos que podemos lograr junto al otro.

En “El arte de ayudar” (1), Claudia Casanovas y Felisa Chalcoff rescatan tres grandes “pecados” referidos a la potencia personal, al lugar en que nos paramos para actuar. Estas distorsiones respecto al poder que uno tiene son:

  • Omnipotencia, la sobredimensión de nuestro poder, desconociendo nuestros propios límites
  • Impotencia, ubicándonos en un lugar de debilidad y falta de reconocimiento de nuestro potencial
  • Prepotencia, creyéndonos con derecho a imponer a otros nuestra voluntad, por sobre la suya propia

Los diferentes entornos por los que transitamos nos van desafiando a ocupar lugares que no siempre son los nuestros, sino que los que se nos exigen desde el “afuera”. A veces para parecer más fuertes de lo que somos, otras veces para avasallar e imponerme, otras veces para resumirme en mi propia caparazón.

La búsqueda de nuestro propio lugar es esta danza permanente entre yo y el otro, abiertos a interactuar, a coincidir y a diferenciarnos, sin juicios ni prejuicios, desde nuestra real capacidad de influir y ser influenciados. 

Tomar contacto con la potencia real, desafiarnos para irla utilizando a cabalidad, implica calibrar nuestra mirada y percepción personal respecto a estas posibles distorsiones, de tal forma que seamos más “nosotros mismos”, con nuestras fortalezas y debilidades, ni más, ni menos.

En coaching, tenemos la increíble oportunidad de trabajar con el otro, espejando la real potencia de quien está frente a nosotros, desarmando las distorsiones, planteando oportunidades de ajuste y crecimiento.

@2009 Gustavo Nisivoccia


(1) “El arte de ayudar”, Casanovas y Chalcoff, Gran Aldea Editores, 2009

Las autoras citan en esta mención su inspiración en el rabino Ruben Nisenboim.

“El matrimonio Arnolfini” del pintor holandés Van Eyck en la versión del colombiano Botero. Sobre la pared de fondo, al medio del matrimonio, el espejo refleja otra mirada de la situación.

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