Martes, Junio 19th, 2012...10:50 am
País de primera: Eficiencia, ineficiencia y amor
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Serie: País de primera
Ineficiencias cotidianas
Las noticias diariamente están plagadas de pequeñas conflictivas o desacuerdos entre empleados y Estado:
- Los recolectores municipales no saldrán a recoger basura… debido a que el cantón municipal no tiene las duchas en funcionamiento para que el personal se asee luego de las tareas.
- Los salvavidas de Rocha decidieron no salir en fecha a cubrir las playas… pues no contaban con la indumentaria, debiendo ellos mismos reparar las cabinas y utilizar ropas e insumos personales.
- Los policías de Carmelo instan a no cubrir el próximo mes el servicio de guardia de locales del Estado (“servicio 222″), pues no les pagan desde hace dos meses, y los pagos que les hacen son cuota-parte de lo realizado.
- Los profesores de un liceo deciden no dar clases, debido al estado en que están las instalaciones sanitarias.
Debo decir que al escuchar las noticias, la primera sensación es de “ufa, otro paro más”. Sin embargo, en los casos que listo a modo de ejemplo, ni bien escuchamos las razones que esgrimen los actores, parecen razones de sobra para declarar “basta”. Por ejemplo, me formulo las siguientes preguntas:
- ¿Cómo pueden irse rompiendo las duchas, una a una, hasta que ya no queda ninguna sana, sin que nadie lo perciba?
- ¿Cómo puede transcurrir todo un año hasta que llegamos nuevamente a la temporada, y nadie ha corrido los trámites de compra para que los guardavidas tengan sus insumos?
- ¿Cómo pueden atrasarse pagos de tareas realizadas día a día?
- ¿Cómo puede llegarse a que un liceo tenga sus instalaciones degradadas sin que antes se disparen alarmas?
Muchas veces se argumenta respecto “al tamaño” del Estado, especie de gran caño lleno de agujeros que generan pérdidas y fugas constantes, y que hacen su caudal final sea paupérrimo… Es una explicación, y por lo tanto, un juicio y no necesariamente la verdad.
Este tipo de explicaciones (racionalmente bien formuladas), nos lleva a justificar finalmente y a resignarnos con la idea que así son las cosas, así siempre fueron y así serán, no importa lo que hagamos.
Una explicación tendiente a la inmovilidad, aseguradora del no-cambio.
El amor
Soy de la idea que lo que falta es amor. Amor por lo que hacemos, amor por el prójimo, amor por mi mismo.
Organizacionalmente esto se suele traducir, pues para el mundo racional esto de andar hablando de amor es un poco fuerte. El tema es que al comenzar a trastocar los términos, a utilizar palabras “políticamente más correctas”, comenzamos a perder la esencia, a perder la efectividad en lo que realmente nos importa.
Hablar de amor, es hablar de respeto, de desear el bien propio y también del ajeno. El amor siempre es inclusivo.
El país de primera y la incomodidad del amor
La idea del “país de primera”, parece bastante desafiante y adecuada para un país que crece económicamente, y donde se van obteniendo avances sociales importantes. Sin embargo, es de notar que vamos a encontrarnos con abundantes contradicciones en la marcha, y que el gran debate interno (como país, como grupos, y como personas) lo tendremos en el “quiero – no quiero”.
Caminar hacia un país mejor, nos sacará -sin dudas- de nuestra zona de comodidad adquirida durante décadas: el lugar del pataleo, la queja, el “no te metás”, el individualismo, el abuso, el hacer poco esfuerzo porque no vale la pena…
Uno de los aspectos de dicha zona de comodidad, es el no-involucramiento.
Así, poco a poco, nos fuimos desconectando del amor, cuestión de no sufrir.
Pavada de desafío, el país de primera nos pide amor. ¿Podremos hacer el click?
@2012 – Gustavo Nisivoccia
El concepto de “país de primera” me parece bien interesante. Abordaré este tema, desde lo que estimo es la primer contradicción frente a cualquier cambio, que es el salir de la zona de comodidad. Este concepto, implica que lo que vivimos (aún cuando sea terrible) genera beneficios secundarios, y a la hora de cambiar hemos de sufrir su pérdida. Esto es lo que se termina viviendo como la tensión entre el “quiero y no quiero” que ha experimentado cualquier persona que enfrente un proceso de cambio. GN.
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