Mayo 18th, 2013

Comunicacion organizacional, el poder del circulo.

Comienza la reunión del equipo de ventas: cada uno ocupa su lugar en la gran mesa, munido con sus papeles, notebooks, etc. Se irán tocando diferentes temas, se comentarán aciertos y errores. Algo me permite anticipar que los egos están a buen resguardo y los resultados no serán los posibles: la gran mesa.

Existen pocas instancias en las que los seres humanos modernos nos reunimos espontáneamente en rueda, desnudos en nuestra humanidad respecto a los demás (y mucho menos en el ambiente organizacional): una rueda de canciones frente al fogón en algún campamento, alguna rueda de mate improvisada “antes que llegue el jefe”, y poco más. Son casi inexistentes las ocasiones en que nos damos tan por entero a los demás como en una rueda, en un círculo.

Acaso no existan versiones organizacionales modernas de aquellas gigantescas ruedas que cualquier tribu-organización antigua utilizaba habitualmente para tratar sus temas importantes. Sería impensable para cualquiera de estas organizaciones tribales no reunirse de esa forma, cada uno equidistante del centro, sin cabeceras de poder, sin elementos que nos “defiendan” de los demás.

El círculo, la rueda, es una forma de organización del espacio del poder no sólo horizontal, sino que facilita nuestra comunicación, despojándola de accesorios y símbolos de poder distintos a lo que cada persona nos inspira por sí misma. Además, nos ubica inexorablemente en el “aquí y ahora” del grupo, de sus miembros, de su presencia, quitándonos resguardos y posibilidades de “distracción-evasión” en papeles, anotaciones, etc.
Por ello cuesta. Por estas razones nos expone. El círculo nos enfrenta a los demás desde nuestra presencia, ni más, ni menos.

En una cultura fuertemente jerarquizada y agresora, el círculo es un problema. ¡No deja claro quién es que manda! Tampoco permite tener elementos que nos cubran, cual trinchera, en caso de ser atacados, algo excesivamente común hoy por hoy. También resulta más difícil evadirse de lo que está sucediendo. Y entonces, como afirmamos repetidamente en estas columnas, “lo que no se dice, se actúa” y ocupamos lugares para una relación jerarquizada, vertical, y agresiva.

Hace muchos años ya, distintas corrientes estudian la comunicación no verbal y asignan una importancia relevante a cualquier objeto que se interponga entre los interlocutores como elemento de “protección”, que facilite no comunicarse francamente, adoptando una posición defensiva. Puede ser una taza de café, y mucho mejor aún, un escritorio o mesa. Por estos motivos, la comunicación grupal en círculo es tan difícil.

Era un taller de dos días a realizar con el personal de una empresa. La primer jornada ya se iniciaba y se habían dispuesto cuatro mesas redondas con unas 8 sillas en cada una. Los participantes fueron llegando y ubicándose a su alrededor. Rápidamente la participación derivó en una serie de acusaciones y “tiros por elevación” de cada sub grupo hacia los otros. Salvo excepciones, cada mesa representó un subgrupo en conflicto de la organización.
Desde la coordinación, en la previa al inicio, yo había dudado en desarmar las mesas, sobretodo por un tema de tiempo y practicidad, dado que había que mover absolutamente todo y la gente ya estaba por llegar.
Un error fatal para una organización que resultó estar en conflicto.
Quedaba únicamente una chance, para la segunda -y última- jornada.

Quitadas las mesas, armé personalmente un gran círculo con las sillas. Los participantes fueron ocupando sus lugares, mirando recelosamente hacia los lados, evaluando su ubicación respecto a otros.
Pudimos comenzar a conversar desde cada uno, desde cómo nos sentíamos respecto a la organización y finalmente, reconocer los conflictos y cómo le resonaba a cada uno.
El conflicto era viejo y persistía también por aspectos organizativos del trabajo, hecho que no iba a cambiar de la noche a la mañana. Sin embargo, pudimos exponerlo, clarificarlo, medir las consecuencias y hasta encontrar que tras las barricadas había “sólo” gente igual a cada uno de nosotros.
Eramos personas buscando clarificar, conocernos desde otro lugar, diferente al rol, a la barricada.
Y eso logramos. El taller finalizó, en un ambiente calmo, de apertura, de esperanza, con disposición a comenzar a transitar otros caminos.

Está de moda decir que queremos “trabajar en equipo”, aunque en la mayor parte de los casos que conozco lo hagamos desde el lenguaje de la verticalidad y no de la horizontalidad. Está de moda decir que estamos disponibles a los demás, aunque siempre sea en el ambiente de seguridad de cada uno, tras algún tipo de barrera física. Entonces nos sorprende que no se logren resultados, que cueste conseguir el involucramiento, que sigamos en “la trinchera”(!).

El círculo es un elemento poderoso para el trabajo grupal cuando se busca trabajar desde la horizontalidad de un equipo. Le puedo garantizar que si se anima a utilizarlo en forma regular, habrá comenzado a transitar un nuevo camino.

@2009 Gustavo Nisivoccia


 

gnisivoccia en gmail

Mayo 15th, 2013

Trabajar con la sombra en coaching

 

Juanita arrancó la reunión afirmando en tono de confesión: “es que soy tan bruta para decir las cosas… pero no puedo hacerlo de otra forma” Esta confesión parece demostrar el autoconocimiento de Juanita y sus limitaciones, algo que muchos valoran. Sin embargo, allí se esconden varias posibilidades -o no- de cambio.

Al afirmar “no puedo” ya es un primer tema, donde algún coach podría hacer foco. Como Bob el Constructor, un coach primerizo podría verse tentado a trabajar el “yo si puedo” e invitarla a trabajar con el cambio en la forma de decir las cosas.

Sin embargo, me gustaría hacer foco en otra posibilidad, a mi juicio bien anterior y más importante. La aceptación e integración de su “ser bruta”. Esta forma de ser, presentada como descalificación personal, nos habla de la sombra de Juanita. En efecto, todos tenemos nuestra luz representada por los atributos positivos y valorados por la sociedad, la familia, nosotros mismos. Y también nuestra sombra, habitada por todo lo negativo de nuestra persona, y no tan lindo de mostrar o aceptar.

Ya en Oriente, desde las diferentes filosofías, se hablaba de la integralidad y complementariedad de los opuestos. No hay luz sin su sombra. No hay frío, sin el concepto de calor. No hay cosas buenas, sin las malas. Esto es algo que en Occidente no es valorado, y que nuestra cultura prefiere que los opuestos se mantengan separaditos y sin mezclar. Lo bueno es bueno, lo malo es malo, y si tengo uno, no quiero tener el otro.

Entonces, ¿cómo va Juanita a ver de buena gana su forma “bruta” de decir las cosas? Su gran dosis de resignación, la expone en un lugar de sufrimiento, donde ella es prisionera de una forma “mala”, “fea”, de ser.

Juanita no parece considerar las mil veces en que esa forma “bruta” de decir las cosas le ha sido útil, valiosa, deseable. Poner límites en contextos agresivos; hacerse respetar por padres o hermanos abusivos, demandantes; no permitir que su pareja se relacione desde un lugar de poder hacia ella; etc. Si buceamos en su historia, Juanita puede tener cientos de instancias en que ser “bruta” ha sido su tabla de salvación. Claro, posiblemente ahora, en un nuevo contexto más amoroso y seguro, ha comenzado a percibir otra forma de ser y el costo que tiene para ella seguir siendo “bruta”.

Trabajar junto a la sombra de una persona, nos invita a trabajar en primer lugar el reconocimiento y la aceptación de lo que es: la sombra, su utilidad... A partir de ahí, de la aceptación de la persona en su integralidad, es que podemos comenzar a explorar el ”costo” actual, las áreas de desarrollo, de crecimiento personal, que la persona puede estar sintiendo necesaria.

Engancharse desde el coaching con el tema más superficial es riesgoso, pues implicaría que hemos “comprado” la descalificación que el otro hace de sí mismo.

Integrar, aceptar, son las primeras herramientas para el coach y para el desarrollo personal.

Gracias “Juanita” por tus lindas palabras, y por la inspiración para esta columna.

@2010 – Gustavo Nisivoccia

Mayo 14th, 2013

Conseguí trabajo… ¿y ahora qué?

Después de mucho andar, finalmente llegó la oportunidad: Un nuevo puesto, un nuevo trabajo, un ascenso, el final de un concurso.

 

Cualquiera de estas situaciones tiene un lugar en común: comienza un período nuevo, en parte desconocido, donde nos iremos ajustando y donde nos estarán evaluando (formal o informalmente).

Para la organización, somos “el nuevo” o “la nueva” y varios ojos estarán contrastando lo que somos y hacemos con lo que esperaban, fuera real o fantasioso.

Para la persona que se inicia, comienza el proceso de comprender la lógica de la organización, del cargo, de los compañeros de trabajo y también poner a prueba su capacidad de adaptación y poner en práctica sus recursos.

Quizás con confianza, quizás con miedo, quizás en algún punto intermedio. Lo cierto es que el proceso de ajuste inicial a un nuevo cargo o responsabilidad es un proceso en que no estamos solos, sino que se juega junto a varios actores: organización, superiores, colegas, subordinados si los hubiera.

Hasta afirmarse, este período nos pone a prueba en nuestras capacidades de adaptación, no sólo en demostrar nuestros conocimientos. En efecto, no es un tema de cuánto sabemos únicamente, sino que en gran parte la diferencia estará dada en cómo nos ajustamos a nuevas situaciones y cómo manejamos las relaciones interpersonales. Aparecen entonces los celos, la envidia, la inseguiridad, el enojo, los elogios, las alegrías… todo mezclado.

Iniciar una nueva posición es caminar por un nuevo camino, con todo lo que ello  implica respecto a atravesar nuevas experiencias, el miedo a que se repitan viejas situaciones del pasado, o poder estar “a la altura” de los propios mandatos…  Ahi se ven los verdaderos recursos de las personas.

Y a veces estamos muy solos en este proceso. No siempre la pareja o la familia son el mejor consejero para compartir dudas, no siempre los amigos tienen tiempo para escuchar y responder. “Ser gaucho”, “bancársela”, “hacerse hombre/mujer”, “dale para adelante”, son todas frases conocidas que nos dicen en realidad que nos arreglemos como podamos.

El coaching, o como me gusta llamarlo “apoyo a procesos personales” es una forma profesional de apoyarse en este recorrido de nuevos caminos. Trabajar en un marco de confidencialidad, donde poder revisar los hechos o sucesos, hablar de lo que callamos, explorar las fantasías o temores dándoles una dimensión mas realista, encontrando una forma estructurada de acompañamiento, son todas posibilidades que existen hoy por hoy.

Recorrer en compañía el primer tramo del nuevo camino, hasta superar los obstáculos, encontrarnos más seguros y cómodos, son las ventajas de un proceso de coaching.


¿Nuevas tareas o responsabilidades? Traspase con confianza la barrera de los primeros 100 días!!! Absoluta reserva.

  • Gnisivoccia, en gmail.

@2009

Mayo 14th, 2013

Trabajo en equipo: el sabio y el tonto

Casciaro y Sousa estudiaron y publicaron en la Harvard Business Review(1) la elección que preferirían hacer las personas en un ambiente organizacional al armar un equipo de trabajo, puestos en la disyuntiva de optar por personal que había sido clasificado de acuerdo a dos variables: simpatía en el trato con sus compañeros y habilidad para desempeñar la tarea.
Se puede armar una matriz con cuatro cuadrantes según tengan alta o baja cada una de las variables. Esto da las siguientes posibilidades:
1. Habilidad y simpatía altos (“Estrella adorable”)
2. Habilidad bajo y simpatía alta (“Tonto adorable”)
3. Habilidad alto, simpatía baja (“Competente insoportable”)
4. Habilidad y simpatía bajos (“Incompetente insoportable”)
 
La mayor parte de las personas encuestadas prefirieron incorporar a alguien con ambas variables altas a su equipo (“Estrella adorable”). Sin embargo, puestos en la disyuntiva de que no exista este tipo de perfil, las personas eligieron en mayor proporción que preferían a alguien sin las competencias adecuadas, aunque simpático.

 

  • O sea, se relegó a tercer plano a alguien que sabe, aunque no mantiene vínculos interpersonales adecuados.

Parecería obvio, de alguna forma: preferimos a alguien que tenga las capacidades de sintonizar , y después se verá cómo da una mano, antes que personas que tienen la capacidad y que su forma de interactuar pueda ser un problema, que terminemos relegándolos y por lo tanto, no nos den una mano.

  • Se prefirió al “tonto” frente al “sabio”, si no tiene las competencias interpersonales adecuadas.

Obvio y todo, igualmente el currículum todavía pesa mucho en las organizaciones, y un mal resultado en el psicotécnico tiende a ser minimizado si el currículum es “pesado”.

Cuando “pensamos” tendemos a hacer algo diferente a lo que intuitivamente respondemos que haríamos.

Y ahí tenemos un gran tema.
La razón involucra muchas veces mandatos aprendidos, costumbres y todos los “deber ser” que hemos recogido en la vida. Entonces, nos resulta tan difícil hacer caso omiso, aunque el “olfato” diga otra cosa. (En Gestalt, hablamos de “introyectos”).

Intuición y razón, sentimiento y argumento, pueden irse reconciliando.
Es cuestión de conocernos más. Sólo de esa forma podemos ir desandando el camino de los “deber ser” que no nos resulten adecuados a las situaciones actuales.

Abandonar el camino conocido por otro abierto al descubrimiento es un proceso que conlleva alegría y frustración y que probablemente requiera de mucha valentía y muchas veces, apoyo.

Y qué lindo camino puede ser.

El coaching es una herramienta útil para ir modelando y logrando apoyo para consolidar nuevas formas más flexibles de actuar.

Apóyese. Vale la pena.

@2009 Gustavo Nisivoccia

Gnisivoccia en gmail
Apoyo a procesos personales y laborales. Absoluta reserva.

(1) Tiziana Casciaro y Miguel Sousa Lobo, “Competentes insoportables, tontos adorables y la formación de redes sociales” ,Junio 2005, Harvard Business Review.

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Mayo 14th, 2013

Coaching: la zona de comodidad

Mi zona de comodidad
Cada uno de nosotros ha desarrollado una forma, un estilo de vida. Ese estilo, esa forma en que nos manejamos cada día ha sido armado pacientemente durante toda nuestra vida: cómo pedimos lo que necesitamos, la forma en que nos acercamos al otro, qué tanto nos postergamos, la forma de amar, la forma de dejarnos querer, cómo y cuándo nos enojamos, lo que me enoja y lo que no…
¡Cuántas cosas!

Esa forma de ser, única, irrepetible, personal, es lo que llamamos “nuestra zona de comodidad”.

Al fin y al cabo, toda esta construcción personalísima es lo que me ha permitido sobrevivir hasta este mismo momento… ¿no está tan mal, no?

Es de hacer notar que siempre la forma que hemos logrado es “exitosa”. De alguna forma, nos ha permitido llegar a este día… Esta forma que cada uno ha construido contiene en sí misma -además- las causas de mi estancamiento. De alguna forma, el espacio que construí contiene sus techos y paredes… lo que se transformará en algún momento en mis propios límites. (En coaching se suele hablar de la “caja” para expresar este espacio y sus limitaciones).

Algunas personas tienen la habilidad de construir sus espacios en forma tal, que permanentemente pueden mover sus techos y paredes, ajustarlos a sus nuevas necesidades. ¡Qué bueno!

¿Pero qué pasa cuando ese espacio se convierte en mi cárcel?

En coaching trabajamos en este proceso de revisar el espacio construido, de honrarlo, y también de explorar los cambios que sean necesarios.

Revisar el espacio: tomar contacto con lo que es

Revisamos el espacio, cuando comenzamos a sentir que hemos alcanzado un límite: cuando “más de lo mismo” no parece bueno, o no nos da el resultado necesario. También, cuando comenzamos a sentir “el costo” de la comodidad obtenida.

Raúl fue toda la vida un tipo directo en su forma y comunicación con los demás. Espontáneo, directo, agresivo, Raúl creció en un ambiente donde ser emotivo le hubiera significado -a su juicio- que no lo respetaran. Logró todo lo que tiene “gracias” a esa forma: conquistó a Laura sin ambajes, fue directo con clientes y hoy es gerente en una corporación.

Sin embargo, esa forma “exitosa” hoy es su dolor de cabeza: sus hijos adolescentes están en permanente conflicto con él, se quieren ir de la casa, no le hablan ni cuentan nada personal y Raúl siente que los está perdiendo.

Honrar lo que somos

Honramos nuestra forma, cuando no sólo tomamos contacto con sus limitaciones, sino cuando también le damos espacio a valorar lo que somos, lo que logramos y también a reconocer lo que nos impide. Es a partir de re-conocernos (volvernos a conocer) que podemos generar nuevas y valiosas opciones de cambio. No se trata de tirar por la borda aquella persona que éramos. Un verdadero proceso de cambio reconoce las herramientas que disponemos y también las que debemos abandonar. Sin reproche ni rencor. Simplemente, ya no es más necesaria.

Reconociendo las puertas que su estilo le abrió, hoy Raúl explora nuevas formas de comunicarse con su familia, valorando que en este espacio que ha construido junto a Laura, sus emociones, su amor, tienen un lugar y no le han de costar “ser débil”. Todo lo contrario.

El coach es compañero de ruta de estos procesos. Apoyar el reconocimiento del disconfort, valorar lo que se tiene, generar nuevas opciones más adaptadas a las nuevas realiades…

El coach no es quien tiene la verdad, sino la disposición a acompañar incondicionalmente al otro en la búsqueda de un nuevo camino.

@2010 Gustavo Nisivoccia

Mayo 13th, 2013

Clima organizacional: Cuando la queja da jaque…

En toda organización (o familia) contamos con algún o alguna “quejumbrosa o quejumbroso”, como Calamardo, el personaje de Bob Esponja.

Como todas las personas, pueden vivir situaciones que darían para quejarse, ¿quién no se queja alguna vez?… Pero los casos que más nos desconciertan son aquellos en que la actitud de la persona es de queja permanente. Esto es, les vaya bien o mal, estén sanos o enfermos, tengan trabajo o no, en todos los casos, el común denominador es la queja.

A veces hasta lo sentimos como un verdadero deporte nacional, y quizás por ello no nos llame la atención.  Lo cierto es que los quejosos están entre nosotros, y por lo pronto no piensan replegarse.

¿Qué es una queja?
Deberíamos ponernos de acuerdo en el concepto. Me voy a referir a la queja del quejoso, como la expresión de una cierta insatisfacción o desacuerdo, dirigido a alguien concreto o no.
Queja: 1. Expresión de dolor, pena o sentimiento. 2.Resentimiento, desazón. 3. Querella, acusación ante el juez.

Un tema importante con la queja, es a quien se dirige y cuál es la posición que adopta la persona que la hace.

La dificultad y cansancio que nos plantea el quejoso es cuando el contenido de la queja no está dirigido a nadie formalmente (lamento, manipulación), cuando no se plantea en tiempo y forma y por lo tanto no se puede actuar (reproche, resentimiento), cuando no se asume responsabilidad en el planteo o solución (infantilismo, manipulación). También el contenido de la queja merece atención, cuando evidencia posturas rígidas y “deber ser” que se plantean como verdades.

Falta de dirección
La queja al aire, a todos, o a nadie en particular, es una típica manipulación en que “se dice, sin decir”. En su envoltorio de lamento, comunica públicamente su pesar, sin asumir los costos de generar una conversación productiva al respecto, formas de ayuda, etc. En su forma de manipulación, se tira como un anzuelo para ver si alguien actúa, aunque no existe la responsabilidad de haber formulado un pedido. No obliga a agradecer, ni a involucrarse con las acciones del “salvador”.

Fuera de tiempo
Las quejas o reproches sobre situaciones pasadas son más bien la expresión de un descontento o inclusive una agresión encubierta, ya que simplemente evidencian la disconformidad, no existiendo mayor margen para actuar. Le servirá de poco saber cuán ofendida se sintió la Secretaria el año pasado cuando usted contrató a una becaria…
La única posibilidad es lograr acuerdos hacia el futuro, aunque lo importante es que la persona acepte su responsabilidad (en la comunicación de los hechos, tomar acción, etc.).

Falta de responsabilidad
Cuando la queja proyecta sobre los demás las responsabilidades y hábilmente ubica a la persona en el rol de “víctima”. Siempre tenga en cuenta, que la proyección denota la incapacidad de asumir responsabilidad y esconde probablemente una gran desconfianza y sentimiento de vulnerabilidad. Más frágil la persona, más barreras interpondrá. En este tipo de casos, tenga en cuenta generar confianza, y tenga mucha paciencia pues el cambio es a largo plazo.

Posturas rígidas
Los introyectos, o “deber ser” que la persona ha asumido en su vida y sin cuestionar, se encuentran muchas veces tras las quejas. Dado que estas creencias no se cuestionan, quien se queja desde esta posición suena moralista, y no da lugar al debate, sino que exije se aplique de la misma forma. Difícilmente pueda trabajarse una queja de este tipo.

Las trampas de la queja
Lo que hace molesto al quejoso, no es solamente su queja, sino los juegos que ésta involucra, o mejor aún, la forma en que busca destinatarios…
La queja tiene muchas veces la particularidad de esconder reproche o acusación a alguien conviertiéndose en un arma de consecuencias importantes.

(La Secretaria al Jefe) Hay que cambiar este PC, ¿no vé que está cada vez más lento?
(La Secretaria cerca del Jefe) Acá  nadie se da cuenta que el PC está tan lento!!!???

La queja sin destinatario puede en realidad esconder un juego psicológico.
Imaginemos un diálogo con un taximetrista:
(Taximetrista) Uuuh!! qué calor que hace, no hay quien aguante!!
(Turista en tono conciliador) Pero es lo mejor para una buena temporada, no?
(Taximetrista) Ahh!! Si, claro…  pero para el que trabaja es horrible, esto no es como estar debajo de la sombrilla…

El turista tragó el anzuelo del “juego” y recibió la estocada.
Estos juegos son pasatiempos que en realidad conforman a quien los juega, sosteniendo su posición en la vida. Aplicados cotidianamente, una y otra vez, la persona obtiene la confirmación de su lugar, sea cual fuera. Quien cae en el juego, recibe el gusto amargo de haber sido embaucado.

El grupo quejoso
Cuando la queja se instala a nivel grupal, debemos leerlo como un fenómeno del grupo, más que de las personas.
¿Al servicio de qué está la queja en el grupo?  ¿Qué nos dice?
Como todo fenómeno grupal, la lectura del grupo quejoso hay que centrarla en los resultados que produce, la satisfacción que pueda dar a sus miembros.

En algunos grupos, está al servicio de la pertenencia. Es una queja compartida y va repartiéndose entre los miembros en distintas ocasiones. Puede expresar una posición de “niño” frente al “papá” empresa.  Es importante trabajar para que el grupo asuma sus responsabilidades, genere confianza en sus propias capacidades y posibilidades.

En otros casos, la queja puede estar al servicio de la evitación. En estos casos, la queja aborta proyectos, cambia el tema en discusiones, etc.
Es una forma de expresar incomodidad con el presente, temor al futuro.
Apoyar a los grupos a avanzar, a tener logros, a finalizar cosas, son formas de superar esto. También puede existir falta de información sobre el futuro.

La queja puesta al servicio de la agresión, es una herramienta de defensa. Comprender qué se defiende puede dar luz sobre las acciones a tomar. ¿Es falta de reconocimiento? ¿Necesidad de ser tenido en cuenta?

Nostros y la queja
Por último, las quejas importan en la medida que a nosotros nos produzca algo. ¿Cómo es para usted la queja?
Como tantos otros temas que trabajamos en este espacio, para que un quejoso se desarrolle y crezca, se necesita un ambiente propicio, por lo menos otra persona que tome el desafío de solucionar el problema, de prestarle oído, de engancharse.

En este sentido, quienes tienen vocación de servicio, actitud de “rescate”, sentimiento de “culpa” frente a otros, o necesidad de tener gente dependiendo de ellos son las víctimas ideales para el quejoso. La queja existe en función de alguien que la escuche.

Si se conecta con el lado omnipotente de cada uno, el que todo lo puede, la queja puede producir un sentimiento de estar siendo desafiados o la culpa de no haber podido solucionar o responder su planteo.
Si se conecta con la necesidad de servir, agradar o proteger, la queja nos va a mover a aceptarla e involucrarnos y nos puede afectar si no es posible resolverla o si no obtenemos reconocimiento.
Si la sentimos como algo personal, podemos contactarnos con la agresión a nosotros mismos.
Es importante saber desde dónde recibimos las quejas para poder manejarlas, no asumiendo como una responsabilidad todo lo que se proyecte sobre nosotros, sabiendo aceptar cuando no se puede o dar un paso al costado.

Cuando la queja nos da jaque, es una señal de que es necesario actuar.

@2006 – 2009.
Adaptado de la columna “Recursos humanos al aire”, programa Mercadomística, FM 95.1 – Punta del Este


¿Desea trabajar estos temas en forma personalizada, aplicados a su situación u organización?
gnisivoccia en gmail


Mayo 12th, 2013

(Sólo) Tres encuentros para iniciar con foco el año…

Se nos viene marzo y hay tantas cosas dándome vueltas en la cabeza…
Te propongo tres encuentros, para que en un mano a mano puedas trabajar sobre lo que es posible, lo importante, lo urgente… para que el inicio del año tenga un sentido claro para vos!
Absoluta reserva. Gnisivoccia en gmail.
Coaching – Apoyo a procesos personales
 
…si no invertís en vos mismo… ¿en quién más?

Mayo 12th, 2013

Lo máximo de lo mínimo

 

Cada sesión de coaching tiene su monto de energía disponible para trabajar. Depende de cómo llega el coachee, de sus temas, resistencias, también del ambiente y conexión que logramos establecer, de nosotros mismos (nuestra energía y motivaciones), y por supuesto, del momento del proceso en que nos encontremos.

En lo personal, siento que “el minuto 25″ es crucial, pues a esa altura de una sesión me hago una idea de cuánto hay sobre la mesa para trabajar. No lo llevo como fórmula, ni pongo una alarma de aviso, sino que es simplemente una sensación. A veces a esa altura, la cosa viene llena de figuras para trabajar y de hecho, estamos sumergidos con el coachee en ellas. La mayor parte de las veces, es como un telón que se corre, develando con más precisión las figuras disponibles (o “quiebres” en lenguaje ontológico).

Hay veces, y no pocas, en que lo que está disponible nos parece pocoflaco o pobre. ¿Qué hacer con ésto? ¿Qué “darse cuenta” podrá surgir con “tan poco”? pueden ser algunas conversaciones internas del coach, a esa altura y en dicha situación.

Desde la gestalt, Alejandro Spangenberg en sus talleres siempre insiste, frente a esta tentación de buscar más y más, de hurgar por lo “grande”, la figura “reveladora”, y tantas ocurrencias más del ayudador: “hagamos lo máximo con lo mínimo”.

Palabras simples, contenido poderoso, desafiante, exigente, en realidad.

Trabajar con “lo que hay”, clarificar, profundizar, observar la coherencia del trío lenguaje-emoción-corporalidad, iluminar la forma en qué hacemos-lo-que-hacemos y no-hacemos-lo-que-no-hacemos, y tantos recursos más, no requieren de una verdad develada, ni de una profundidad determinada.

La auto-exigencia, desde el coach, es solamente eso: un deber ser propio, una vocecita interna nunca conforme, o gestálticamente, algún introyecto.

En la práctica del coaching, esto sería trabajar desde la potencia del aquí y ahora, conectados profundamente con el cliente y sus formas, sean como sean.

Nos pasará que hay sesiones que terminamos antes de hora (y está bien), habrá sesiones en que el coacheado se lleva temas para revisar en la semana, sin ningún “darse cuenta” muy concreto o “impresionante” (y está bien), o podrá tomar contacto con la escasez de su propia energía, de foco, de motivaciones (y también está bien).

Al trabajar conectados con lo que hay, dejamos de lado nuestros mandatos, aceptamos al cliente como es, y como decía Miguel Ruiz en sus cuatro acuerdos, “hacemos lo máximo posible”, donde lo posible tiene que ver con la realidad y no con supuestos. Todo un desafío.

@2012 – Gustavo Nisivoccia


Alejandro Spangenberg, director del Centro Gestáltico de Montevideo, autor de varios libros sobre la aplicación de gestalt (Gestalt zen, Mitos y trascendencia, Terapia gestalt, etc.).
Miguel Ruiz, “Los cuatro acuerdos, un libro de sabiduría tolteca”, Urano.

Mayo 11th, 2013

(Sólo) Tres encuentros para iniciar con foco el año…

Se nos viene marzo y hay tantas cosas dándome vueltas en la cabeza…

Te propongo tres encuentros, para que en un mano a mano puedas trabajar sobre lo que es posible, lo importante, lo urgente… para que el inicio del año tenga un sentido claro para vos!
Absoluta reserva. Gnisivoccia en gmail.

Coaching – Apoyo a procesos personales …si no invertís en vos mismo… ¿en quién más?


Mayo 11th, 2013

Los bordes de la caja en coaching

Una imagen que me parece poderosa para utilizar en coaching, es la referida a la “caja” en que cada uno de nosotros habita. Más o menos amplia -no importa el tamaño- todos hemos construido un cierto espacio de comodidad, que nos protege del mundo externo.

Ese espacio de comodidad es donde actuamos cómodamente, basados en nuestra visión del mundo, de cómo es la vida, de lo que se espera de nosotros y de lo que esperamos de los demás. Este espacio está rodeado por un borde, constituído por nuestras explicaciones, excusas, miedos, suposiciones, mandatos aprendidos y demás.

El coaching es una actividad con la que podemos apoyar a alguien que ha encontrado el borde de su caja, que ha tomado contacto con cierta incomodidad, a transitar fuera de esa caja, y construir alguna nueva zona de comodidad más amplia.

Esto tiene algunas implicancias para la actividad del coach. Me referiré a algunas:

  • Por una parte, a no “comprar” las historias como verdades, sino como parte de la visión y explicaciones de su mundo que tiene quien solicita ayuda. Cada explicación, justificación o temor, nos habla de un borde de esa caja, y por lo tanto es nuestra escucha atenta una herramienta poderosa para identificarlos y luego trabajar con ellos.
  • Otro aspecto no menor, tiene que ver con la comprensión de lo que significa para quien consulta salir de dicha caja. Si sus bordes están construidos con creencias, temores y justificaciones, atravesar esa pared es un movimiento no excento de ambigüedad y temor: “quiero y no quiero”. No comprender este aspecto implica que no comprenderemos los avances y retrocesos de la persona durante el proceso, y hasta la posibilidad de huir cuando esté muy cerca de lograrlo.
  • Y por último, explica porqué no alcanza con la comprensión, con el razonamiento. Todos podemos llegar a comprender nuestra situación e incomodidad y los beneficios de un cambio, y sin embargo no ser capaces de dar un paso concreto o persistir en el camino del cambio.

Creo que la metáfora de la caja es poderosa e ilustrativa, simple de mencionar, algo más complejo de asimilar en la práctica. Por eso vale la pena insistir y reflexionar una y otra vez sobre estos temas.

@2011 Gustavo Nisivoccia