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¿Divididos por la polìtica?.

5/8/2009

 

Los uruguayos están profundamente divididos frente a las próximas elecciones, solo basta con escuchar los comentarios en la calle, para sentir la misma pasión que se vive previo a una final de campeonato entre Nacional y Peñarol.

 

Hay quienes participan en un debate ciudadano, divididos por algunos supuestos y por la defensa de irreconciliables  ideas y diferentes visiones de cómo se debe gobernar al país.

 

Aunque se habla de los candidatos, en el fondo lo que realmente se defiende es un supuesto futuro. Pocos evalúan objetivamente el desempeño de los candidatos, si así fuera, para muchos votantes deberían ser más las dudas, que las certezas.

 

Para algunos su partido representa todo lo que quieren o esperan, no hacen el mínimo esfuerzo para analizar a fondo al candidato, no importa si tiene o no las cualidades y las capacidades de gestión necesarias para gobernar, estas pasan a un segundo plano.

 

En el debate ciudadano pocos hablan de que votaran al candidato con el mejor equipo económico o al que presentó las mejores soluciones para atender y resolver el problema de la drogadicción o de la inseguridad pública. A muchos votantes no les importa el plan propuesto de gobierno, votaran con los ojos cerrados a su partido.

 

No se debaten las ideas, se defienden ideologías y grupos de poder, algunos votaran contra la sociedad misma, contra estilos de vida y formas de gobernar. Una parte de la población tiene bastante claro que no esta solamente en juego un periodo de 5 años, saben que tienen que defender un estilo de gobierno, y que el que gane las próximas elecciones, seguramente perdurará por muchos años.

 

Lo malo de todo este proceso, es que las personas de a pie son las que terminarán enfrentadas, lastimadas, dolidas y frustradas. Es evidente que para muchos ciudadanos es importante que gane su candidato, pero la parte difícil será mantener la objetividad y entender que este proceso democrático no debe ser una lucha entre particulares. El pueblo no merece terminar dividido de forma permanente o todos perderemos.

 

Los políticos hoy se sacan los ojos y mañana se juntan para hacer un asadito y seguir para adelante, ellos nunca pierden, ellos nunca llegarán a un extremo en donde no haya retorno en su relación entre partidos. Hacen show para las cámaras, pero al final siempre terminan conviviendo bajo un mismo techo.

 

Nunca pasarán un límite que sea irreversible, siempre tendrán una puerta para el diálogo y resolver sus supuestas diferencias. El problema real somos los simples mortales, quienes no contamos como es el caso de los políticos, con un mecanismo que permita sanar fácilmente las heridas sufridas durante las campañas políticas o en el día a día y por eso terminamos divididos por rencores sin sentido.

 

Se debe evitar por todos los medios que la sociedad termine desintegrada por la defensa de las ideas, que aunque son diferencias muy válidas, nunca justificarán que terminemos sin poder trabajar unidos como nación.

 

Es obligación de los políticos y gobernantes mantener un alto nivel de debate y ser responsables absolutos del mensaje que se le envía a la ciudadanía, cuidando de no generar un ambiente de enfrentamiento, que lleve a que los particulares  tomen parte desproporcionada de la lucha electoral.

 

Los partidos y sus candidatos deben obligarse a presentar a la ciudadanía sus propuestas y comprometerse al diálogo y a facilitar la gobernabilidad del país. Deben demostrar nivel y capacidad para apoyarse a pesar de las diferencias ideológicas, promover el bien del país, por encima de los intereses partidistas, de grupo o particulares de un político.

 

El país no puede darse el lujo de que la clase política permita que surjan espacios para revanchismos o para malos perdedores, tampoco hay espacio para permitirnos malos ganadores, porque lo que esta en juego es más que un simple partido de fútbol. Los partidos deben demostrar un máximo nivel de debate en público y demostrar con hechos sus planes de gobierno, para que el pueblo pueda elegir libremente.

 

Los partidos deben de controlar a sus círculos más cercanos para que le bajen el tono a las disputas y debates entre particulares. Durante la campaña deben comportarse con altura y no deben estar involucrados en enfrentamientos que lleven a calentar el ambiente electoral.

 

En octubre veremos que cartas juega la ciudadanía. Probablemente en noviembre las mayorías decidirán el próximo presidente, seguramente más inspirados en un sentimiento, que en un análisis profundo de las alternativas existentes. Al final lo único importante es que se den las condiciones para que el país pueda avanzar a un futuro mejor.

Hay que votar con inmensa alegría, solo así se puede cambiar el destino de un país.

18/6/2009

 

No puedo entender a los gobernantes que todavía pretenden creerse que son los únicos capaces de definir lo que su pueblo necesita para vivir mejor. Del país e ideología que sean, todos son iguales.

 

Son personas que insultan la inteligencia de la mayoría de la población, al pretender guiar los destinos de un país, como si este solo estuviera conformado por personas sin iniciativa, sin deseos de superación y sin educación.

 

Se dan el lujo de presentarse a la sociedad como los únicos capacitados para guiar a su país hacia un mejor futuro. Sus pretensiones son egoístas e impredecibles y solo son satisfechas por la total sumisión de la sociedad y por la posibilidad de mantenerse en el poder de forma vitalicia.

 

A pesar de lo poco creíble que es su discurso, ya que difícilmente tienen un sustento técnico, es evidente que logran calar profundo en la necesidad de guía que tienen algunas personas, y así logran reunir seguidores convencidos de que son la solución para su país.

 

Algunos de estos políticos y gobernantes, hasta se están dando el lujo de pretender venderle a sus propias sociedades y al mundo, que han creado un estilo de gobierno, superior a todo lo conocido.

 

Hay otros que se dedican a presionar a la ciudadanía, amenazando con eliminar los apoyos sociales otorgados por el estado, no escatiman esfuerzos para aplastar a los medios, atacan con todo a la oposición, encarcelan a quienes piensan diferente y reprimen a la sociedad, matando toda aspiración a vivir en libertad.

 

Seguro que muchos van a decir que el pueblo los voto y si están en el poder es porque las mayorías así lo quisieron, que sumaron tantos millones de votos o que lograron tal o cual porcentaje de apoyo de los votantes.

 

Lo triste es que la realidad no es esa, si hacemos un análisis muy superficial de los números, la realidad es que en el mundo existen gobernantes que solo cuentan con el apoyo de un bajo porcentaje de los ciudadanos.

 

Los gobernantes que más insisten en realizar en sus países cambios radicales, son los que casualmente cuentan con el menor apoyo del total de ciudadanos habilitados para votar.

 

Si sacamos número fríos, la democracia tal como hoy se conoce, ha llevado a muchos gobernantes al poder, por la vía de la indiferencia ciudadana, más que por la vía de un gran apoyo de la sociedad.

 

En unas elecciones muy concurridas, en el país que sea, votan entre un 60% y 70% del total de electores habilitados para votar, en algunos casos (y no son pocos), no llegan siquiera al 50% o apenas superan este porcentaje.

 

Si tomamos una cifra conservadora, podemos considerar que entre un 30% y 45% de los electores totales deciden mantenerse al margen y no hacer uso de su derecho de elegir a sus gobernantes.

 

Cuando un candidato obtiene más de 50% de los votos en primera vuelta, se puede considerar muy afortunado, pero lo que nadie pone sobre la mesa, es que solamente votaron entre 5 y 7 personas de cada diez habilitadas y por esa razón este candidato solamente tiene el apoyo del 25% al 35% del total de la población adulta, con derecho al voto.

 

Entonces tenemos a un ser humano que se siente casi Dios, pero que tiene el apoyo de solamente 2.5 a 3.5 personas de cada diez con derecho a votar. ¿Esto lo habilita a imponer un plan de gobierno que no es apoyado por entre el 65 y el 75% de las personas adultas que viven en el país?.

 

Es claro que las leyes electorales lo hacen ganador, pero más que por un mérito real, sucede por la desilusión y el fastidio que tienen un gran porcentaje de ciudadanos.

 

La democracia requiere evolucionar, no puede seguir por el camino actual, es lógico que sea imperfecta, pero debe haber alguna forma de revitalizarla y lograr que en cada contienda electoral, exista un mayor interés de toda la sociedad.

 

La desesperanza de los ciudadanos nos esta llevando a ser gobernados por políticos que tienen una importante maquinaria política, más que por sus propuestas de gobierno. Somos rehenes de grupos políticos que no les importa cambiar el status quo, porque cuanto menos voten, ellos más fácil ganan, el voto duro los lleva al poder, el lavado cerebral a sus seguidores viejos y nuevos, les garantizan el poder no importando su capacidad para gobernar.

 

Estos ganadores, que simplemente ganan porque los números así lo dicen, son quienes definen cambios radicales (¿basados en…?), toman medidas extremas (¿para beneficio de …?, deciden cual es la calidad de vida que merece su pueblo ¿según el estándar de …?, y definen el destino de todo un país apoyados con un mínimo real de votos.

 

En Uruguay no es diferente, los que ganan, ganan con el apoyo de muy pocos ciudadanos. Tenemos un poder legislativo que solo representa a una parte de los uruguayos. Muchas personas están decepcionadas de la política y de los políticos, buenas razones seguro no les falta para tomar la  decisión de no participar en las contiendas electorales.

 

Pero en esta ocasión estamos frente a unas elecciones diferentes, no podemos ser indiferentes al momento histórico que se vivirá este año. Hay que participar, se debe dejar escuchar la voz de las grandes y reales mayorías, hay que participar en la principal fiesta cívica del país, ser indiferentes no ayuda a construir un mejor país.

 

¿Qué pasaría si en las próximas presidenciales votarán al menos el 90% de los uruguayos habilitados para votar?, ¿Qué gobierno tendríamos?, si el partido ganador lo hiciera en segunda vuelta, muy probablemente tendríamos al presidente que llegaría al poder con el mayor número de votos de la historia del país.

 

Ese presidente realmente sería el presidente de la mayoría de los uruguayos. Si respetara las expectativas de quienes lo votaron y trabajara para avanzar con sus políticas de gobierno, de acuerdo a las mismas, seguramente mantendría el apoyo de los ciudadanos hasta el último día de su gobierno. 

La credibilidad sigue por los suelos, pero hay apuestas con posibilidad de no decepcionarnos. Si no participamos por la razón que sea, luego se no va a meter el viejo de la bolsa por la puerta que estamos dejando abierta, así que más vale salir a votar, que seguir viendo los toros desde la barrera