Había una vez un gobernante de buen corazón, respetado más por los extraños que por los propios, quien estaba rodeado de personas muy incompetentes, las cuales no solo no le ayudaban en nada a gobernar, sino que afligían constantemente al pueblo de Frentilandia, con sus malas decisiones y su poca capacidad para gobernar…
Como cuento de reyes y princesas, podemos iniciar la caricatura de la realidad que hoy vivimos en el país y que el gobierno no esta dispuesto aceptar. Un gobierno negado a ver que vamos rumbo a un profundo precipicio, del cual no saldremos fácilmente, si la política económica y fiscal continúa por el camino actual.
Es innegable que la crisis encontró a las autoridades económicas del país parados sobre un polvorín de manufactura propia, el cual esta a punto de reventar. La situación mundial impacta de forma directa en nuestra economía, lo que fue agravado y maximizado por la soberbia del gobierno.
La poca humildad de nuestros gobernantes, su necedad y su incapacidad para reconocer y aceptar errores cometidos por mérito propio, impidió que se impulsaran a tiempo medidas que hubieran ayudado a reducir los impactos de la crisis global.
La falta de ideas y conocimientos, evitó que se impulsaran iniciativas para mantener el consumo interno y el comercio exterior, lo cual era fundamental para conservar el máximo de fuentes de trabajo. Adicionalmente el gobierno permanece casi inmóvil, ya que al día de hoy, solo se escuchan muchas palabras y muy poca acción.
La economía local entrará en terapia intensiva en cuestión de unos pocos meses, pero el gobierno insiste en fingir que no pasa nada y que el país seguirá creciendo viento en popa, al igual que sigue ignorando el reclamo de la sociedad en lo que respecta a temas como la inseguridad y el nefasto sistema público de enseñanza.
En el país de Frentilandia, la mecánica sigue siendo culpar a la oposición, a los medios, a la sequía, al capitalismo y a quien más se cruce por delante, antes que reconocer los errores propios. Las decisiones tomadas hasta ahora o la falta de decisiones, son las causas fundamentales que nos llevan a nuestra actual realidad y a enfrentar con muy pocas armas las complicaciones que se ven para el futuro cercano.
En el tema económico, las malas y pocas decisiones tomadas hasta ahora, son responsabilidad del gobierno, el cual no acepta escuchar a nadie más. En el tema económico y a diferencia de la inseguridad y la educación, que afecta a un sector de la población, la incompetencia del gobierno nos barrera a todos.
La inexperiencia no les ha permitido anticipar e identificar las medidas adecuadas para mantener la economía en funcionamiento y la competitividad del país. Ahora la mayor preocupación del gobierno será una: recaudar, recaudar y recaudar, con el objetivo de hacer frente y cubrir los costos de todas las malas decisiones que se tomaron en lo que respecta a los temas económicos y sociales.
Esto nos lleva a reflexionar lo siguiente ¿Quién pagara los errores de cálculo del gobierno y su falta de previsión?, como siempre caerá sobre los hombros de la agobiada clase media uruguaya, que casualmente será la más golpeada por la crisis global.
Es una de las clases sociales que más gana, pero es la más endeudada, es la que perderá una parte importante de sus ingresos y además tendrá que enfrentar una política casi expropiatoria del gobierno, vía incremento de servicios e impuestos.
Se ve muy claro que la única gran preocupación que comienza a surgir en las filas del gobierno, es como van a cubrir los gastos del estado. Suben los costos de los servicios públicos, en lugar de definir e impulsar medidas fiscales y políticas que sirvan para apoyar a que la planta productiva pueda sobrevivir a la crisis y seguir ofreciendo puestos de trabajo.
La crisis sobrevuela la vida diaria de la ciudadanía, y como si esto no fuera suficiente, estamos ahora bajo la amenaza de enfrentar una ola de incrementos en los servicios e impuestos municipales y estatales, con el único objetivo de recaudar dinero para cubrir las malas decisiones de las autoridades económicas del país.
Vamos a pagar por el injustificado incremento del número de empleados públicos en áreas no estratégicas, por los fuertes incrementos de sueldos en áreas y a personal no esencial, los altos incrementos en los costos de operación de todas las áreas del gobierno, los apoyos a los sectores sociales vulnerables (y otros supuestamente vulnerables), que se otorgan sin objetivo claro y los incrementos en gastos que no han servido para generar un mejor funcionamiento del sector público o en mejorar la calidad de vida de la población.
Es preocupante vivir bajo la mirada de un gobierno que ve al pueblo trabajador, al comerciante y al empresario, como vacas que están a su entera disposición para ordeñarlas cuando ellos decidan.
La falta de visión, la necedad de no querer escuchar las voces que anticipaban la crisis actual, la negación del problema, nuevamente deberá ser sufrido por Juan Pueblo. El gobierno seguirá cobrando sus altos sueldos, seguirán cometiendo errores y gastando lo que no se recauda y por ende no se debería gastar.
Pero para compensar la falta de ingresos fiscales por la caída de la economía, siempre estará Juan Pueblo para ser ordeñado para beneficio de las cuentas gubernamentales. El problema de que no exista suficiente dinero en las manos del gobierno, pasa a impactar de forma directa el patrimonio de Juan Pueblo.
Del otro lado de la moneda, el sector privado seguirá luchando y buscando bajo todos los medios, una forma de sobrevivir a la crisis actual y a un gobierno que no solo no ayuda, además es parte integral del problema a superar.
Es seguro que 2009 será la antesala a otro problema que podemos llegar a enfrentar los uruguayos y que será adicional a la crisis económica. No debemos olvidar considerar las medidas populistas que pudiera tomar el gobierno y que seguramente afectara el patrimonio de los que más trabajan.
No importa cuanto cueste la crisis, aquellos grupos sociales que todavía mantienen su apoyo al actual gobierno, seguro lo sufrirán menos. Pero que no canten victoria, porque la parte más difícil vendrá para la primera mitad del 2010, que es cuando nos van a pasar la factura a todos, no importando si somos de Peñarol, de Nacional o de Rampla Jr.
Cuando el país este todavía inmerso en la peor parte de la crisis y ya pasadas las elecciones, el gobierno aplicara las medidas que considere necesarias para recuperar flujo de efectivo y así garantizar los gastos para mantener operativo al gobierno, no importando cueste lo que cueste y afecte a quien afecte.
Ya con el sillón del poder asegurado, vamos a conocer de forma brusca la forma de gobierno que vamos a tener que vivir los próximos años.
Algunos ciudadanos y actores políticos no entienden que hasta en Frentilandia no se puede decretar la riqueza para todos, es imposible, pero si se puede decretar el empobrecimiento de una sociedad, ya que la generación de la riqueza depende del trabajo y de la inteligencia, no solo de las buenas intensiones, de las leyes y decretos.
Si no se genera más riqueza, al repartir lo poco o mucho que hay, solamente se reparte pobreza. Los problemas sociales no se arreglan sacándoles a unos para darles a otros, no se resuelve separando a la sociedad por clases o por castas, se resuelve reforzando la unión social.
Tampoco se puede generar una nueva clase esclavos por decreto, en donde los que más trabajan terminan siendo los esclavos y manteniendo vía altos e injustos impuestos, a los que reciben apoyo gubernamental por el solo hecho de reunir votos y porque para algunos ciudadanos se les hizo cómodo autodeclararse incompetentes para responsabilizarse de su vida y mejor decidieron quedarse en casa a ver la tele y tener hijos como conejos.
Claro que existen grupos vulnerables que requieren todo el apoyo de la sociedad, pero hoy día cientos de miles de personas reciben apoyo sin una clara justificación y sin el compromiso de regresar de alguna manera este apoyo recibido de la sociedad.
No hay duda que vienen tiempos difíciles, la esperanza que nos queda, es que como votantes tenemos la última palabra y el poder de decidir si estamos dispuestos a seguir siendo esquilados y sufriendo el efecto de las malas decisiones políticas los próximos años, o ser parte de un plan país en donde todos tengamos derechos y obligaciones, se terminen los privilegios y los privilegiados, superando las dificultades futuras como una sociedad integrada y solidaria, sin abusos o excesos de nadie.
Esperemos obtener un gobierno que no regale plata, y que enseñe a ganar plata, un gobierno que sea capaz de diferenciar la ideología, de los negocios de comercio exterior, capaz de diferenciar y apoyar el esfuerzo honrado realizado y el éxito personal o empresarial, del enriquecimiento ilícito. Un gobierno que sepa diferenciar los problemas y sus soluciones, de la fantasía y la negación del mundo real.
En este juego, para algunos actores no importa el daño futuro que se ocasione a la economía del país o a los bienes de los ciudadanos, mientras las aspiraciones personales o de grupo, sean concretadas, así sea pasando por encima de la verdad y de los intereses de las mayorías.