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No solo el cangrejo camina para atrás…

13/10/2011

Luego de meses de dar el beneficio de la duda al actual gobierno, ya basta de silencio. Veo por el retrovisor que seguimos hundidos en los mismos problemas de hace un año, dos y tres años atrás: inseguridad desbordada, un sistema educativo nefasto, un gobierno que insiste en seguir casado con la región – a pesar del déficit comercial que tenemos con Argentina y Brasil y que no funcione para nosotros, un peso fuerte como mecanismo de controlar la inflación, aunque cada día seamos menos competitivos, etc., etc,.
No digo que los problemas sean fáciles de resolver, son complejos y no se pueden resolver de forma aislada y requieren tiempo, lo altamente cuestionable es que, a pesar de tener claro que problemas tenemos, se siga tratando de avanzar sin darse cuenta que están caminando en círculos. Sin estrategia y sin una meta clara, no hay forma de lograr resolver los problemas que hoy viven y sufren todos los uruguayos. Si el gobierno no sabe a donde va, difícil es que logre llegar a destino.
Espero que la avalancha de criticas que han recibido durante lo que va del año, sirva para que se sienten a planear y darle dirección al pais y a los asuntos de gobierno.

¿Divididos por la polìtica?.

5/8/2009

 

Los uruguayos están profundamente divididos frente a las próximas elecciones, solo basta con escuchar los comentarios en la calle, para sentir la misma pasión que se vive previo a una final de campeonato entre Nacional y Peñarol.

 

Hay quienes participan en un debate ciudadano, divididos por algunos supuestos y por la defensa de irreconciliables  ideas y diferentes visiones de cómo se debe gobernar al país.

 

Aunque se habla de los candidatos, en el fondo lo que realmente se defiende es un supuesto futuro. Pocos evalúan objetivamente el desempeño de los candidatos, si así fuera, para muchos votantes deberían ser más las dudas, que las certezas.

 

Para algunos su partido representa todo lo que quieren o esperan, no hacen el mínimo esfuerzo para analizar a fondo al candidato, no importa si tiene o no las cualidades y las capacidades de gestión necesarias para gobernar, estas pasan a un segundo plano.

 

En el debate ciudadano pocos hablan de que votaran al candidato con el mejor equipo económico o al que presentó las mejores soluciones para atender y resolver el problema de la drogadicción o de la inseguridad pública. A muchos votantes no les importa el plan propuesto de gobierno, votaran con los ojos cerrados a su partido.

 

No se debaten las ideas, se defienden ideologías y grupos de poder, algunos votaran contra la sociedad misma, contra estilos de vida y formas de gobernar. Una parte de la población tiene bastante claro que no esta solamente en juego un periodo de 5 años, saben que tienen que defender un estilo de gobierno, y que el que gane las próximas elecciones, seguramente perdurará por muchos años.

 

Lo malo de todo este proceso, es que las personas de a pie son las que terminarán enfrentadas, lastimadas, dolidas y frustradas. Es evidente que para muchos ciudadanos es importante que gane su candidato, pero la parte difícil será mantener la objetividad y entender que este proceso democrático no debe ser una lucha entre particulares. El pueblo no merece terminar dividido de forma permanente o todos perderemos.

 

Los políticos hoy se sacan los ojos y mañana se juntan para hacer un asadito y seguir para adelante, ellos nunca pierden, ellos nunca llegarán a un extremo en donde no haya retorno en su relación entre partidos. Hacen show para las cámaras, pero al final siempre terminan conviviendo bajo un mismo techo.

 

Nunca pasarán un límite que sea irreversible, siempre tendrán una puerta para el diálogo y resolver sus supuestas diferencias. El problema real somos los simples mortales, quienes no contamos como es el caso de los políticos, con un mecanismo que permita sanar fácilmente las heridas sufridas durante las campañas políticas o en el día a día y por eso terminamos divididos por rencores sin sentido.

 

Se debe evitar por todos los medios que la sociedad termine desintegrada por la defensa de las ideas, que aunque son diferencias muy válidas, nunca justificarán que terminemos sin poder trabajar unidos como nación.

 

Es obligación de los políticos y gobernantes mantener un alto nivel de debate y ser responsables absolutos del mensaje que se le envía a la ciudadanía, cuidando de no generar un ambiente de enfrentamiento, que lleve a que los particulares  tomen parte desproporcionada de la lucha electoral.

 

Los partidos y sus candidatos deben obligarse a presentar a la ciudadanía sus propuestas y comprometerse al diálogo y a facilitar la gobernabilidad del país. Deben demostrar nivel y capacidad para apoyarse a pesar de las diferencias ideológicas, promover el bien del país, por encima de los intereses partidistas, de grupo o particulares de un político.

 

El país no puede darse el lujo de que la clase política permita que surjan espacios para revanchismos o para malos perdedores, tampoco hay espacio para permitirnos malos ganadores, porque lo que esta en juego es más que un simple partido de fútbol. Los partidos deben demostrar un máximo nivel de debate en público y demostrar con hechos sus planes de gobierno, para que el pueblo pueda elegir libremente.

 

Los partidos deben de controlar a sus círculos más cercanos para que le bajen el tono a las disputas y debates entre particulares. Durante la campaña deben comportarse con altura y no deben estar involucrados en enfrentamientos que lleven a calentar el ambiente electoral.

 

En octubre veremos que cartas juega la ciudadanía. Probablemente en noviembre las mayorías decidirán el próximo presidente, seguramente más inspirados en un sentimiento, que en un análisis profundo de las alternativas existentes. Al final lo único importante es que se den las condiciones para que el país pueda avanzar a un futuro mejor.

¿El capital es importante para el paìs?…

30/7/2009

 

¿Cómo se logra que un país camine?, con plata, estrategìa de paìs, un gobierno capaz de gestionar los planes de desarrollo y mucho trabajo. ¿La plata de donde sale?, la que realmente vale, viene del exterior: exportaciones, turismo, remesas, inversión extranjera directa y préstamos de organismos internacionales o de países que nos pueden prestar, (aunque los intereses sean peor que los del FMI multiplicados por tres, ¿cuanto tendrá que pagar Argentina por los préstamos de Chávez?).

 

El dinero no es un bien ilimitado, no funciona poner a la imprenta a trabajar, el dinero  debe de llegar del exterior de alguna manera, solo así se puede contar con los fondos para que se mueva la economía interna y para adquirir del exterior todos los productos y servicios que son básicos para el país y la sociedad en general.

 

Si no tenemos suficientes fondos disponibles, es imposible comprar: petróleo y derivados, medicamentos, tecnología, equipos médicos, maquinaria, autos, camiones, motos, repuestos, libros, equipos de laboratorio, materiales para la industria e insumos para sectores tan diversos, como son el agro, la industria textil o el mismo gobierno.

 

No se puede vivir en el siglo 21 sin dinero para adquirir lo que necesitamos del exterior. Es imposible mantener un camino de progreso y de avance, si perdemos el acceso a los bienes y servicios que son base fundamental para la modernización constante del país.

 

Por eso es importante exportar al máximo y la inversión extranjera directa, no se trata de doblarse frente a los poderosos capitalistas del mundo, se trata simplemente de hacer viable al país. Es la única forma de que la población tenga un mínimo de calidad de vida, de obtener las tecnologías requeridas para impulsar la competitividad del país, que las oportunidades de nuestros jóvenes sean comparables a las que tienen jóvenes de otras latitudes y de garantizar una atención medica que aproveche los descubrimientos que se hacen a nivel mundial.

 

Cuando se dice que estamos insertos en el mundo globalizado y se trata de transmitir a la población la importancia de participar activamente en esta gran sociedad global, no es con el objetivo de convencer a nadie de que debemos volvernos colonia de alguna potencia capitalista, la realidad es que no hay otra manera de sobrevivir, de lo contrario corremos el riesgo de regresar poco a poco a la edad de piedra.

 

Hasta algunos de los países más cerrados al mundo exterior, han entendido que necesitan del comercio internacional, del turismo y de la inversión para sobrevivir. Saben que es el ùnico camino viable para ofrecer a sus ciudadanos mejores niveles de vida. Por eso se vuelve un grave problema para la economìa, cuando un país deja que las ideologías políticas, se vuelvan la principal barrera para el avance de los cambios económicos, que son básicos para lograr unas cuentas nacionales sanas y positivas.

 

Se pierde demasiado tiempo en ver si alguien se beneficia más que otros, cuando los puntos de vital atención, son aquellos que permiten lograr que la mayoría se beneficie y los que debe impulsar de forma constante el gobierno, para que no falten los medios para atender a los grupos más vulnerables. No es muy inteligente preferir estar todos mal, en lugar de agotar todas las opciones legales, comerciales y estratégicas, para abrir puertas de oportunidad que beneficien cada vez a un mayor número de personas.

 

Quizás nunca se logre que todos vivan de la misma manera, pero si es posible de que todos vivamos con un mínimo de confort. Hay que aprender a vivir sin preocuparse cuanto tiene el vecino y a disfrutar lo que uno tiene. También hay que entender que el camino para mejorar, es capacitarse de forma permanente, trabajar más y mejor, ya que no hay otra manera sustentable de crecer económicamente a nivel personal.

 

La única ideología valida, debería ser la de que todos tengamos igualdad de oportunidades y que se legisle para lograr más y mejores trabajos. La política siempre sale sobrando, solo las iniciativas adecuadas generan las oportunidades. La política típicamente divide, lo que significa un grave problema ahora que más que nunca, se necesita un gran acuerdo nacional para impulsar el crecimiento del país.

 

Si decimos no a la inversión extranjera, si no impulsamos el comercio exterior con todas nuestras fuerzas y si perdemos el foco para lograr un turismo extranjero que venga todo el año a gastar más, corremos el gran peligro de vernos obligados a pedir prestado o dejar de avanzar como país y como sociedad. Si no llegan al país más recursos de los que gastamos en nuestras compras al exterior, un día no tendremos luz, nafta o medicamentos para nuestros hijos.

 

El problema no es el dinero, o que algunos tengan más que otros, el único problema real, es que no tengamos oportunidades de trabajo para obtener nuestros ingresos de forma honesta.

 

Un estado fallido es Haití. En el pasado los políticos haitianos se equivocaron, probablemente pensaban que se podía vivir del aire y que la plata se daba en los árboles. Hoy vemos un país que no tiene ningún recurso natural estratégico, no hay industria exportadora, no existe infraestructura hotelera, no hay agricultura o ganadería, a nadie le interesa Haití para invertir y tampoco tiene productos que ofrecer a la comunidad internacional. Por eso hoy el país entero esta a expensas de la limosna internacional.

 

Claro que si Haití tuviera recursos naturales estratégicos, hoy se podría llamar Venezuela, Nigeria, Irán, Cuba, Rusia o como quisieran, pero sin ellos, no hay futuro posible. Finalmente la plata tiene que salir de algún lado, de lo contrario un país puede estar en agrios problemas.

 

La lección es que a la larga o a la corta, sin capital no puede haber agricultura, ganadería, forestación, industria, energía suficiente, salud, vivienda, modernidad, comida suficiente, etc. Mientras en Haití se mueren de hambre, el mundo sigue para adelante sin ellos, es injusto e inhumano, pero es tan crudo, como real.

 

Hay que tener respeto por el dueño del dinero, al que no hay que respetar es al usurero o al que explota a su personal, al que no reconoce el trabajo de su fuerza laboral o al que no invierte en la capacitación de sus trabajadores. Es importante entender que estos problemas son independientes del capital, estos son problemas de personas, con nombre y apellido, donde el dinero en si mismo tiene poco que ver.

 

También hay que tener miedo de los políticos que dicen que no necesitamos del capital, que podemos vivir sin que entre al país dinero fresco cada nuevo año, que los riquillos son todos malos, que mañana llenamos el país de cooperativas y así todos tendremos trabajo digno (vean como le fue a Rusia con esta historia) y que el país no necesita a los empresarios, tampoco a su creatividad, menos a su capacidad de gestión, sus contactos o su plata. Cuidado con estas historias de terror, sobran ejemplos de suicidios de este tipo.

 

Hay que tener miedo de las personas que suponen y que están convencidas que en el país hay suficiente dinero para vivir todos muy bien. Si mañana se repartiera la plata de todos, en partes iguales para cada persona que habita el país, ¿Cuánto creen que le toca a cada uno?, lo peor de la historia, ¿Cuánto creen que podrían vivir con él?, les puedo asegurar que el país no aguanta más de un año sin recibir dinero fresco de algún lado.

 

No hay forma de sobrevivir como sociedad por mucho tiempo sin generar más plata de la que hoy circula en el país, incluyendo la que esta escondida en alguna caja fuerte, de zapatos o frasco de mermelada. Dependemos demasiado de la importación de productos que son básicos para nuestra vida y que no todos los podemos comprar en China, Irán, Brasil, Cuba, Bolivia o Venezuela.

 

Para algunos puede llegar a sonar emotivo escuchar el discurso de algunos personajes cuando presumen no estar alineados a las grandes potencias capitalistas, pero la realidad es que están mucho más alineados y dependientes de los países capitalistas, de lo que nosotros mismos estamos. No podemos seguir comprando historias que el que las cuenta, es el último en cumplirlas.

 

Hay que hacer del Uruguay un país creíble, con futuro, un lugar donde invertir y gastar, un país con trabajo y oportunidades para todos. Solo así algún día el hambre quedará atrás, de otra manera será imposible lograrlo. Sin recursos naturales estratégicos, el dinero nunca caerá del cielo, siempre tendremos que trabajar para obtenerlo, y el que no quiera trabajar, que no se queje si no le tocan tantas comodidades como quisiera

Crisis de ideas… problemas sin solución…

23/7/2009

Crisis de ideas… problemas sin solución… 

Cuando observamos lo que acontece en el día a día, la sensación es que Uruguay se resquebraja a una velocidad cada vez mayor y no se ve que se implementen acciones concretas que eviten que el país se salga de control.

Hoy solo importa la carrera por el poder, las elecciones de octubre son el único objetivo, pero los problemas no quieren esperar, estos siguen afectando el día a día de los uruguayos. Los problemas no desaparecen, aunque nuestros gobernantes solo mueven aquellos hilos que les permita sumar votos.

Solo basta ver el continuo aumento de la inseguridad, un sistema educativo que avergonzaría a Varela por ineficiente e incapaz de preparar a cada nueva generación para una vida productiva, un sistema de salud al borde del colapso y que no entiende la real problemática de la Gripe A (H1N1), unas fuerzas armadas muertas de hambre por razones que no son entendibles, sindicatos elevados al nivel de dioses, un incremento de empleados públicos que no facilita la reorganización y la eficiencia del estado y aumentos de sueldos en el sector público muy por encima de los que percibe el sector privado.

La crisis mundial finalmente nos alcanzó, el gobierno sigue en una nube y faltan apoyos serios para impulsar el mercado interno. La triste verdad es que mientras no se acepte la realidad y se haga un uso más intensivo del cerebro por parte del gobierno, seguiremos viendo un rápido deterioro de las variables económicas del país, donde las soluciones pendientes de implementar para frenar el desempleo, cada día son más urgentes.

Un sector privado con pocos apoyos e incentivos para invertir en estos momentos de crisis, preocupados en sobrevivir ante una importante baja en sus ingresos, con un grave problema energético sin solución, que nos puede llevar en el corto plazo a un colapso a nivel económico y social.

También se percibe un incipiente pero cada vez más visible incremento de la impunidad, situación que favorece un mayor número de eventos violentos, como las violaciones y muertes que se han registrado en los últimos tiempos, situación sin precedentes en el país.

Planes sociales sin sentido, que fomentan la vagancia y que ayudan poco o nada a la integración de los menos favorecidos a una vida productiva. Planes concentrados en dar limosna permanente, en lugar de ofrecer alternativas para el trabajo digno.

De un “País productivo” solo hay un slogan, la realidad es que hay poca estrategia para impulsar medidas que sean base para un mayor crecimiento económico, faltan incentivos a nacionales y extranjeros para que se acelere la generación de empleos bien pagados.

Hay una crisis de ideas en el sector gobierno en general, hay miedo al cambio, cotos de poder que no quieren ser cedidos para el bien comunitario, intereses de todo tipo, faltan ideas y compromiso, visión de país a futuro, falta un gobierno de avanzada que nos guíe hacia un plan nacional de desarrollo sustentable y económicamente viable.

A los gobernantes uruguayos en los últimos 40 años les ha faltado brillantez, les ha faltado espíritu de lucha por ser grandes, no ven al país como un grande, siempre los hizo feliz estar a la sombra de nuestros vecinos más cercanos. Les cuesta trabajo levantar la vista y ver más lejos, les cuesta quitarse la carga que llevamos desde hace décadas de vivir a la sombra de países a los cuales no tenemos nada que envidiarle.

Se argumenta el tamaño del país, el tamaño es mayor o similar al de muchas economías sobresalientes que ofrecen mayor calidad de vida a sus ciudadanos, esto no es pretexto.

Para ser grandes hay que empezar a visualizar al país de forma diferente y eso tiene que iniciar en los planes gubernamentales, si tenemos planes mediocres no podemos esperar resultados brillantes, hay excepciones, pero no son suficientes para que impacten en el rumbo que sigue el país.

Faltó estrategia de país, y siguen faltando ideas en las propuestas de los candidatos de la izquierda, no se ve como piensan lograr encauzar al país en un camino que lleve a resolver de fondo los problemas más urgentes:

• Inseguridad,
• Salud,
• Vivienda,
• Alimentación básica, especial énfasis en la infancia,
• Un sistema educativo que facilite la inserción laboral y la especialización,
• Mayor apoyo a la investigación y el desarrollo,
• Incentivos a privados para la generación de empleos,
• Un plan nacional de desarrollo energético,
• Reducción del peso estatal para liberar recursos para obras de infraestructura,
• Un sistema penitenciario eficiente y con la capacidad de albergar a todos los delincuentes para que cumplan el 100% de su castigo y facilite su proceso de readaptación,
• Clínicas especializadas en drogadicción,
• Clínicas especializadas en control natal,
• Centros a nivel barrio para la enseñanza de oficios y bellas artes,
• Modernización de las fuerzas policiales y Armadas,
• Modernización del poder judicial y mayor seguridad jurídica,
• Inversión en infraestructura estratégica,
• Plan para mayor participación ciudadana en la supervisión de planes sociales,
• Planes sociales integradores que faciliten la inserción laboral y el inicio de micro negocios (capacitación técnica y micro créditos para pequeños emprendimientos),
• Apoyos sociales con obligaciones claras para los beneficiarios (trabajo de tiempo parcial),
• Etc., etc., etc.,…

Como ciudadanos tampoco podemos quedarnos al margen de los cambios que requiere el país, Uruguay es sensacional en muchos aspectos, con un potencial impresionante, pero si queremos que nuestro país cumpla con nuestras expectativas, debemos aportar con nuestro diario actuar.

Somos parte fundamental del futuro del país, no podemos operar de forma independiente y pretender que nuestros actos no impacten al resto de la sociedad.

El país solo no se mueve, solo no cambia, solo no mejora, solo no apoya a los que menos tienen, el país es su gente, el resto son solo paisajes bonitos similares a los que hay en muchas partes del mundo.

La gente es la que hace la diferencia, para bien o para mal, la gente es la que gobierna, la gente es la que tira la basura en la calle o la que roba o la que hace respetar la ley. El país que soñamos, somos nosotros mismos, solo si aportamos lo que nos toca a cada quien, el país puede ser mejor, potencial no falta.

Lo que necesitamos es un nuevo gobierno con suficiente voluntad política, mayor creatividad, ideas, ideas e ideas, dejar de lado la conveniencia de los pocos e impulsar las medidas que nos lleven a lograr el beneficio de todos.

Que se diferencie de los últimos gobiernos, que se especializaron en matarle los sueños y la esperanza a la gente, porque de esa forma no hay manera de construir nada.

Los emigrantes uruguayos se van del país porque no pueden visualizar un país mejor, porque un Uruguay pujante, en crecimiento y con oportunidades para todos, suena a una utopía, a un imposible.

El día que se gobierne y se actué en la forma correcta, la sensación de utopía va a desaparecer y en ese momento los uruguayos dejarán de salir del país y todos podremos vivir con más esperanza y bienestar.

En Octubre tenemos la oportunidad de elegir un nuevo grupo de políticos, quienes nos gobernaran por varios años hacia el futuro. De lo que decidamos la mayoría ese día, dependerá nuestro porvenir. No podemos darnos el lujo de equivocarnos o de no participar, hay que afinar bien el tiro, porque solo tenemos una oportunidad.

Si queremos un mejor gobierno, algo tiene que cambiar, y nosotros somos los únicos que podemos generar ese cambio.

Es increíble que el 95% de este artículo lo escribí y publique por primera vez hace más de un año (03-Junio-2008) y que hoy todo sigue igual o peor que en aquellas fechas. No entiendo como este gobierno puede convencer a alguien de que trabajó y esta trabajando bien, peor aún, es increíble que exista gente que pueda estar convencida, de que el dúo dinámico pueda gobernar de forma aceptable a este país.

 

 

 

 

 

 

Hay que votar con inmensa alegría, solo así se puede cambiar el destino de un país.

18/6/2009

 

No puedo entender a los gobernantes que todavía pretenden creerse que son los únicos capaces de definir lo que su pueblo necesita para vivir mejor. Del país e ideología que sean, todos son iguales.

 

Son personas que insultan la inteligencia de la mayoría de la población, al pretender guiar los destinos de un país, como si este solo estuviera conformado por personas sin iniciativa, sin deseos de superación y sin educación.

 

Se dan el lujo de presentarse a la sociedad como los únicos capacitados para guiar a su país hacia un mejor futuro. Sus pretensiones son egoístas e impredecibles y solo son satisfechas por la total sumisión de la sociedad y por la posibilidad de mantenerse en el poder de forma vitalicia.

 

A pesar de lo poco creíble que es su discurso, ya que difícilmente tienen un sustento técnico, es evidente que logran calar profundo en la necesidad de guía que tienen algunas personas, y así logran reunir seguidores convencidos de que son la solución para su país.

 

Algunos de estos políticos y gobernantes, hasta se están dando el lujo de pretender venderle a sus propias sociedades y al mundo, que han creado un estilo de gobierno, superior a todo lo conocido.

 

Hay otros que se dedican a presionar a la ciudadanía, amenazando con eliminar los apoyos sociales otorgados por el estado, no escatiman esfuerzos para aplastar a los medios, atacan con todo a la oposición, encarcelan a quienes piensan diferente y reprimen a la sociedad, matando toda aspiración a vivir en libertad.

 

Seguro que muchos van a decir que el pueblo los voto y si están en el poder es porque las mayorías así lo quisieron, que sumaron tantos millones de votos o que lograron tal o cual porcentaje de apoyo de los votantes.

 

Lo triste es que la realidad no es esa, si hacemos un análisis muy superficial de los números, la realidad es que en el mundo existen gobernantes que solo cuentan con el apoyo de un bajo porcentaje de los ciudadanos.

 

Los gobernantes que más insisten en realizar en sus países cambios radicales, son los que casualmente cuentan con el menor apoyo del total de ciudadanos habilitados para votar.

 

Si sacamos número fríos, la democracia tal como hoy se conoce, ha llevado a muchos gobernantes al poder, por la vía de la indiferencia ciudadana, más que por la vía de un gran apoyo de la sociedad.

 

En unas elecciones muy concurridas, en el país que sea, votan entre un 60% y 70% del total de electores habilitados para votar, en algunos casos (y no son pocos), no llegan siquiera al 50% o apenas superan este porcentaje.

 

Si tomamos una cifra conservadora, podemos considerar que entre un 30% y 45% de los electores totales deciden mantenerse al margen y no hacer uso de su derecho de elegir a sus gobernantes.

 

Cuando un candidato obtiene más de 50% de los votos en primera vuelta, se puede considerar muy afortunado, pero lo que nadie pone sobre la mesa, es que solamente votaron entre 5 y 7 personas de cada diez habilitadas y por esa razón este candidato solamente tiene el apoyo del 25% al 35% del total de la población adulta, con derecho al voto.

 

Entonces tenemos a un ser humano que se siente casi Dios, pero que tiene el apoyo de solamente 2.5 a 3.5 personas de cada diez con derecho a votar. ¿Esto lo habilita a imponer un plan de gobierno que no es apoyado por entre el 65 y el 75% de las personas adultas que viven en el país?.

 

Es claro que las leyes electorales lo hacen ganador, pero más que por un mérito real, sucede por la desilusión y el fastidio que tienen un gran porcentaje de ciudadanos.

 

La democracia requiere evolucionar, no puede seguir por el camino actual, es lógico que sea imperfecta, pero debe haber alguna forma de revitalizarla y lograr que en cada contienda electoral, exista un mayor interés de toda la sociedad.

 

La desesperanza de los ciudadanos nos esta llevando a ser gobernados por políticos que tienen una importante maquinaria política, más que por sus propuestas de gobierno. Somos rehenes de grupos políticos que no les importa cambiar el status quo, porque cuanto menos voten, ellos más fácil ganan, el voto duro los lleva al poder, el lavado cerebral a sus seguidores viejos y nuevos, les garantizan el poder no importando su capacidad para gobernar.

 

Estos ganadores, que simplemente ganan porque los números así lo dicen, son quienes definen cambios radicales (¿basados en…?), toman medidas extremas (¿para beneficio de …?, deciden cual es la calidad de vida que merece su pueblo ¿según el estándar de …?, y definen el destino de todo un país apoyados con un mínimo real de votos.

 

En Uruguay no es diferente, los que ganan, ganan con el apoyo de muy pocos ciudadanos. Tenemos un poder legislativo que solo representa a una parte de los uruguayos. Muchas personas están decepcionadas de la política y de los políticos, buenas razones seguro no les falta para tomar la  decisión de no participar en las contiendas electorales.

 

Pero en esta ocasión estamos frente a unas elecciones diferentes, no podemos ser indiferentes al momento histórico que se vivirá este año. Hay que participar, se debe dejar escuchar la voz de las grandes y reales mayorías, hay que participar en la principal fiesta cívica del país, ser indiferentes no ayuda a construir un mejor país.

 

¿Qué pasaría si en las próximas presidenciales votarán al menos el 90% de los uruguayos habilitados para votar?, ¿Qué gobierno tendríamos?, si el partido ganador lo hiciera en segunda vuelta, muy probablemente tendríamos al presidente que llegaría al poder con el mayor número de votos de la historia del país.

 

Ese presidente realmente sería el presidente de la mayoría de los uruguayos. Si respetara las expectativas de quienes lo votaron y trabajara para avanzar con sus políticas de gobierno, de acuerdo a las mismas, seguramente mantendría el apoyo de los ciudadanos hasta el último día de su gobierno. 

La credibilidad sigue por los suelos, pero hay apuestas con posibilidad de no decepcionarnos. Si no participamos por la razón que sea, luego se no va a meter el viejo de la bolsa por la puerta que estamos dejando abierta, así que más vale salir a votar, que seguir viendo los toros desde la barrera

Frentilandia, la negación de la realidad que vivimos día a día …

4/5/2009

 

Había una vez un gobernante de buen corazón, respetado más por los extraños que por los propios, quien estaba rodeado de personas muy incompetentes, las cuales no solo no le ayudaban en nada a gobernar, sino que afligían constantemente al pueblo de Frentilandia, con sus malas decisiones y su poca capacidad para gobernar…

 

Como cuento de reyes y princesas, podemos iniciar la caricatura de la realidad que hoy vivimos en el país y que el gobierno no esta dispuesto aceptar. Un gobierno negado a ver que vamos rumbo a un profundo precipicio, del cual no saldremos fácilmente, si la política económica y fiscal continúa por el camino actual.

 

Es innegable que la crisis encontró a las autoridades económicas del país parados sobre un polvorín de manufactura propia, el cual esta a punto de reventar. La situación mundial impacta de forma directa en nuestra economía, lo que fue agravado y maximizado por la soberbia del gobierno.

 

La poca humildad de nuestros gobernantes, su necedad y su incapacidad para reconocer y aceptar errores cometidos por mérito propio, impidió que se impulsaran a tiempo medidas que hubieran ayudado a reducir los impactos de la crisis global.

 

La falta de ideas y conocimientos, evitó que se impulsaran iniciativas para mantener el consumo interno y el comercio exterior, lo cual era fundamental para conservar el máximo de fuentes de trabajo. Adicionalmente el gobierno permanece casi inmóvil, ya que al día de hoy, solo se escuchan muchas palabras y muy poca acción.

 

La economía local entrará en terapia intensiva en cuestión de unos pocos meses, pero el gobierno insiste en fingir que no pasa nada y que el país seguirá creciendo viento en popa, al igual que sigue ignorando el reclamo de la sociedad en lo que respecta a temas como la inseguridad y el nefasto sistema público de enseñanza.

 

En el país de Frentilandia, la mecánica sigue siendo culpar a la oposición, a los medios, a la sequía, al capitalismo y a quien más se cruce por delante, antes que reconocer los errores propios. Las decisiones tomadas hasta ahora o la falta de decisiones, son las causas fundamentales que nos llevan a nuestra actual realidad y a enfrentar con muy pocas armas las complicaciones que se ven para el futuro cercano.

 

En el tema económico, las malas y pocas decisiones tomadas hasta ahora, son responsabilidad del gobierno, el cual no acepta escuchar a nadie más. En el tema económico y a diferencia de la inseguridad y la educación, que afecta a un sector de la población, la incompetencia del gobierno nos barrera a todos.

 

La inexperiencia no les ha permitido anticipar e identificar las medidas adecuadas para mantener la economía en funcionamiento y  la competitividad del país. Ahora la mayor preocupación del gobierno será una: recaudar, recaudar y recaudar, con el objetivo de hacer frente y cubrir los costos de todas las malas decisiones que se tomaron en lo que respecta a los temas económicos y sociales.

 

Esto nos lleva a reflexionar lo siguiente ¿Quién pagara los errores de cálculo del gobierno y su falta de previsión?, como siempre caerá sobre los hombros de la agobiada clase media uruguaya, que casualmente será la más golpeada por la crisis global.

 

Es una de las clases sociales que más gana, pero es la más endeudada, es la que perderá una parte importante de sus ingresos y además tendrá que enfrentar una política casi expropiatoria del gobierno, vía incremento de servicios e impuestos.

 

Se ve muy claro que la única gran preocupación que comienza a surgir en las filas del gobierno, es como van a cubrir los gastos del estado. Suben los costos de los servicios públicos, en lugar de definir e impulsar medidas fiscales y políticas que sirvan para apoyar a que la planta productiva pueda sobrevivir a la crisis y seguir ofreciendo puestos de trabajo.

 

La crisis sobrevuela la vida diaria de la ciudadanía, y como si esto no fuera suficiente, estamos ahora bajo la amenaza de enfrentar una ola de incrementos en los servicios e impuestos municipales y estatales, con el único objetivo de recaudar dinero para cubrir las malas decisiones de las autoridades económicas del país.

 

Vamos a pagar por el injustificado incremento del número de empleados públicos en áreas no estratégicas, por los fuertes incrementos de sueldos en áreas y a personal no esencial, los altos  incrementos en los costos de operación de todas las áreas del gobierno, los apoyos a los sectores sociales vulnerables (y otros supuestamente vulnerables), que se otorgan sin objetivo claro y los incrementos en gastos que no han servido para generar  un mejor funcionamiento del sector público o en mejorar la calidad de vida de la población.

 

Es preocupante vivir bajo la mirada de un gobierno que ve al pueblo trabajador, al comerciante y al empresario, como vacas que están a su entera disposición para ordeñarlas cuando ellos decidan.

 

La falta de visión, la necedad de no querer escuchar las voces que anticipaban la crisis actual, la negación del problema, nuevamente deberá ser sufrido por Juan Pueblo. El gobierno seguirá cobrando sus altos sueldos, seguirán cometiendo errores y gastando lo que no se recauda y por ende no se debería gastar.

 

Pero para compensar la falta de ingresos fiscales por la caída de la economía, siempre estará Juan Pueblo para ser ordeñado para beneficio de las cuentas gubernamentales. El problema de que no exista suficiente dinero en las manos del gobierno, pasa a impactar de forma directa el patrimonio de Juan Pueblo.  

 

Del otro lado de la moneda, el sector privado seguirá luchando y buscando bajo todos los medios, una forma de sobrevivir a la crisis actual y a un gobierno que no solo no ayuda, además es parte integral del problema a superar.

 

Es seguro que 2009 será la antesala a otro problema que podemos llegar a enfrentar los uruguayos y que será adicional a la crisis económica. No debemos olvidar considerar las medidas populistas que pudiera tomar el gobierno y que seguramente afectara el patrimonio de los que más trabajan.

 

No importa cuanto cueste la crisis, aquellos grupos sociales que todavía mantienen su apoyo al actual gobierno, seguro lo sufrirán menos. Pero que no canten victoria, porque la parte más difícil vendrá para la primera mitad del 2010, que es cuando nos van a pasar la factura a todos, no importando si somos de Peñarol, de Nacional o de Rampla Jr.

 

Cuando el país este todavía inmerso en la peor parte de la crisis y ya pasadas las elecciones, el gobierno aplicara las medidas que considere necesarias para recuperar flujo de efectivo y así garantizar los gastos para mantener operativo al gobierno, no importando cueste lo que cueste y afecte a quien afecte.

 

Ya con el sillón del poder asegurado, vamos a conocer de forma brusca la forma de gobierno que vamos a tener que vivir los próximos años.

 

Algunos ciudadanos y actores políticos no entienden que hasta en Frentilandia no se puede decretar la riqueza para todos, es imposible, pero si se puede decretar el empobrecimiento de una sociedad, ya que la generación de la riqueza depende del trabajo y de la inteligencia, no solo de las buenas intensiones, de las leyes y decretos.

 

Si no se genera más riqueza, al repartir lo poco o mucho que hay, solamente se reparte pobreza. Los problemas sociales no se arreglan sacándoles a unos para darles a otros, no se resuelve separando a la sociedad por clases o por castas, se resuelve reforzando la unión social.

 

Tampoco se puede generar una nueva clase esclavos por decreto, en donde los que más trabajan terminan siendo los esclavos y manteniendo vía altos e injustos impuestos, a los que reciben apoyo gubernamental por el solo hecho de reunir votos y porque para algunos ciudadanos se les hizo cómodo autodeclararse incompetentes para responsabilizarse de su vida y mejor decidieron quedarse en casa a ver la tele y tener hijos como conejos. 

 

Claro que existen grupos vulnerables que requieren todo el apoyo de la sociedad, pero hoy día cientos de miles de personas reciben apoyo sin una clara justificación y sin el compromiso de regresar de alguna manera este apoyo recibido de la sociedad.   

 

No hay duda que vienen tiempos difíciles, la esperanza que nos queda, es que como votantes tenemos la última palabra y el poder de decidir si estamos dispuestos a seguir siendo esquilados y sufriendo el efecto de las malas decisiones políticas los próximos años, o ser parte de un plan país en donde todos tengamos derechos y obligaciones, se terminen los privilegios y los privilegiados, superando las dificultades futuras como una sociedad integrada y solidaria, sin abusos o excesos de nadie. 

 

Esperemos obtener un gobierno que no regale plata, y que enseñe a ganar plata, un gobierno que sea capaz de diferenciar la ideología, de los negocios de comercio exterior, capaz de diferenciar y apoyar el esfuerzo honrado realizado y el éxito personal o empresarial, del enriquecimiento ilícito. Un gobierno que sepa diferenciar los problemas y sus soluciones, de la fantasía y la negación del mundo real.

 

 

En este juego, para algunos actores no importa el daño futuro que se ocasione a la economía del país o a los bienes de los ciudadanos, mientras las aspiraciones personales o de grupo, sean concretadas, así sea pasando por encima de la verdad y de los intereses de las mayorías.