Miedo en los ojos …
2/3/2009
Estamos perdiendo la batalla contra la delincuencia, es un hecho claro y contundente, que además seguirá siendo inevitable mientras transitemos por la misma vía que nos conduce la ineptitud gubernamental.
Seguir negando los hechos es un acto de total irresponsabilidad, el no hacer suficiente vuelve al sistema cómplice de la situación, no importa si hay contubernio o simplemente incompetencia.
La peor parte del sentimiento de inseguridad que invade a los ciudadanos en todo el país, es la presión psicológica que provoca la sensación de que no estamos seguros en ningún lugar y de que nos dejaron solos en la lucha contra los delincuentes.
Cada día los espacios para caminar con tranquilidad se reducen, las noticias nos confirman que ya no estamos seguros y que aunque estemos en un lugar público, fácilmente podemos ser víctimas de un delincuente.
Al entrar a un negocio donde no somos clientes frecuentes, rápidamente se percibe la tensión entre el personal que atiende el comercio, el intercambio de miradas, la preocupación en las caras y el nerviosismo en las reacciones al momento de atendernos.
Nos están robando la alegría de vivir, la confianza, la sensación de bienestar, las ganas de abrir el negocio o de salir a trabajar. Solo vivir en guerra es peor que esto, estamos dejando de ser dueños de nuestros espacios de convivencia y nuestro patrimonio más que un beneficio, se vuelve una carga que nos vuelve un objetivo de la delincuencia.
¿Cómo un comercio puede ser exitoso, si no puede tener tranquilidad al atender a nuevos clientes, solo porque no los conoce?, ¿Cómo un negocio puede sobrevivir con las puertas cerradas con llave, por miedo a los robos?
Estamos perdiendo el activo más valioso de todos los uruguayos, -la libertad de andar por las calles sin preocupación, la seguridad, la tranquilidad, los espacios públicos de todos, el ver a los hijos jugando en las calles o mandarlos a la panadería por el pan calentito de la tarde-.
Si el sentimiento de inseguridad y la delincuencia logran quitarnos estos espacios y momentos, ¿vamos a seguir dejando que el gobierno no haga nada para evitar que roben nuestro tesoro más valioso?, ¿es justo y legal pagar impuestos a un gobierno, que no hace más que fallar en un tema tan crucial para todos los ciudadanos?
Hasta el momento la realidad esta marcada por una total incapacidad para definir e implementar una estrategia creíble. Los discursos quedaron en muchas promesas, pero seguimos esperando por los resultados positivos, que nunca llegan. No hay confianza en la autoridad y la misma autoridad ya no esta comprometida con resolver el problema.
Hay resignación en las victimas de los criminales, hasta el punto que prefieren no hacer las denuncias, porque lo consideran una pérdida de tiempo. La percepción de que la corrupción y la apatía se ha enquistado dentro de las fuerzas policiacas, solo hacen predecir que lo que viene, si se sigue bajo la línea gubernamental del no actuar, solo puede empeorar.
La falta de fe en las autoridades fue ganada a pulso, ya que a pesar de las situaciones de inseguridad que se viven a diario, las autoridades siguen sin actuar de forma contundente, lo que demuestra un nivel de total incompetencia, situación que de ocurrir en un país serio, ya hubiera provocado el despido masivo de cientos de policías en todos los niveles jerárquicos.
Del otro lado de la moneda, los policías ya no quieren seguir arriesgando la vida por unos sueldos miserables, por la insistencia gubernamental de cobrarle viejas deudas que solo los han orillado a vivir en la miseria y por una visión del problema y de la solución, que raya en lo ridículo e inexplicable.
Mientras el gobierno no este dispuesto a crear una nueva policía, con la capacitación, equipamiento y sueldos que se requieren para enfrentar la problemática de inseguridad crónica que estamos viviendo, seguiremos por el camino que solo nos llevará a empeorar.
No se puede seguir ignorando que el país requiere personas con ciertas habilidades y experiencias para resolver sus problemas más añejos y urgentes. Así que mientras el gobierno no utilice la razón y la lógica para designar a los jerarcas de los Ministerios clave del país, es muy difícil que el país logre superara los problemas de inseguridad, crimen organizado, narcotráfico y drogadicción.
El gobierno no puede seguir insistiendo en repartir los puestos estratégicos de los ministerios y entes estatales, como quien reparte un botín (el del poder), así es imposible que el país avance para mejor.
Lo más triste de todo este tema, es ver el miedo o la desconfianza en los ojos de las personas cada vez que se les acerca un desconocido. Esto genera que algunos de los ciudadanos que salen de sus casas a dar un paseo, terminen pasando por momentos de preocupación por la seguridad de sus familias. Esta situación en los más viejos, a veces llega al extremo de provocar sentimientos de desamparo y miedo. Como dije antes, solo vivir en medio de una guerra, es peor que vivir así.
El miedo y la desconfianza nos esta separando y cuanto más alejados estemos de nuestros pares, más fácil será para unos pocos delincuentes tomar el control de las calles. El gobierno tiene la obligación de evitar que los ciudadanos honestos, queden marginados e imposibilitados de llevar una vida tranquila y segura. Basta a la inseguridad y a los pretextos, urgen acciones ya.