El incierto futuro de la Alimentaciòn Mundial…
6/11/2009He tenido la oportunidad de leer algunos libros relacionados al tema de la alimentación mundial, muy valiosos por su contenido, así como atemorizantes por sus conclusiones y sus terribles pronósticos para el futuro no muy lejano.
Alguna vez se han preguntado ¿Quiénes son actualmente los dueños de la mayor parte de la capacidad de producir alimentos en el mundo?, o ¿Quiénes son los dueños de las principales tecnologías agrícolas de las que depende la mayor parte de la alimentación mundial? o de seguir la civilización por el actual camino… ¿Cuánto costaran los alimentos más básicos en el futuro no muy lejano?, ¿y tendremos la capacidad de producir alimentos para todos?.
Un grave problema que nos acecha desde hace varias décadas, es la “moderna” administración de los alimentos en los mercados mundiales. Las megas empresas productoras de materias primas, alimentos elaborados y de ventas al detalle, han crecido de manera descomunal a la sombra de la ignorancia y de la falta de interés del consumidor.
Es muy preocupante saber que el 60% de la producciòn de alimentos del mundo, depende de que unas pocas empresas gigantescas, tengan disponibilidad de sus semillas y la buena voluntad de venderlas a un precio justo, a los productores agricolas de casi todo el planeta. Es increible al nivel de dependencia que hemos llegado de los productos y servicios de unas pocas multinacionales de la alimentaciòn.
Cada día que pasa, los alimentos son controlados por menos actores, lo que parece no importar o preocupar a la gran mayoría de los consumidores, que no solo no reaccionan frente a un claro riesgo en su seguridad alimentaría, hasta pueden llegar al extremo de admirar al nuevo monstruo de la alimentación, apenas nacido de la última mega fusión.
La mayoría de los consumidores nunca cuestionan el trasfondo y las consecuencias de estas constantes fusiones, tampoco se preguntan como nos puede afectar en un futuro no muy lejano la acumulación de tanto poder sobre la comida.
Todo el tiempo ocurren fusiones de empresas relacionadas directamente o indirectamente con los alimentos, grandes multinacionales que planean y realizan todo tipo de movimientos estratégicos para llegar al control del mercado mundial.
Productoras agrícolas, empresas de insumos agrícolas, empresas de elaboración de alimentos, empresas càrnicas, empresas distribuidoras, empresas de ventas al detalle, todo un circo de nuevos monstruos de la alimentación mundial.
¿Donde esta el principal impulsor de todo este teatro multidimensional que se prepara cada día para controlar más y más poder sobre nuestra alimentación?…, aunque algunos no lo quieran reconocer, el culpable principal es el consumidor promedio, que típicamente es un ser que navega sin brújula por el mar del consumo, donde pocos son los que analizan a profundidad que comen y a quien le compran.
La mecánica más utilizada por el consumidor, es suponer que en las grandes marcas existe toda la seguridad que necesita, aunque la historia nos muestre que en ocasiones se ha sobrevaluado la seguridad de los productos ofrecidos por algunas grandes empresas.
Por esta supuesta seguridad y por ingentes cantidades de dinero gastado en hipócritas campañas publicitarias, es que en nuestras decisiones diarias de compra, es muy común que dejemos de lado a las pequeñas y medianas empresas, aunque con esta actitud estamos atentando contra nosotros mismo y cometiendo un grave error. No solo estamos creando monstruos cada día más poderosos, también estamos cediendo el control total de nuestra alimentación.
Nuestro comportamiento al momento de comprar alimentos, esta condenando a muerte a pequeños y medianos empresarios y productores, algunos de los cuales tienen mejor calidad, productos y servicios que las grandes marcas. Muchas de estas empresas se ven obligadas a entrar en un círculo vicioso de baja a su calidad, al tener que reducir sus costos para competir por precio contra las grandes marcas.
Este es el único camino que los consumidores le dejamos a las empresas menores, al no querer reconocer que la calidad de verdad, debe tener un mayor costo. Preferimos lo más promocionado, la gran marca y el menor precio, sin analizar que hay detrás de lo que compramos y que efecto en el largo plazo puede tener en nuestras vidas.
¿Cuáles son las hamburguesas más vendidas en el mundo?, las peores de todas en sabor y calidad de ingredientes, pero indudablemente también son las más globales y promocionadas de todas.
Las grandes empresas pueden subsidiar el lanzamiento de sus nuevos productos, con el objetivo de lograr desaparecer a la competencia y luego poder asumir una posición de control sobre todo un segmento del mercado.
La meta de las grandes multinacionales es llegar a consolidar la posición de fijador de precios en un nicho específico de mercado.
¿Pero quién tiene la culpa de esto? El consumidor, que temporalmente se puede beneficiar de un menor precio mientras esta la lucha por controlar el mercado, pero que en el momento de que la gran empresa logra desplazar del mercado a sus competidores más pequeños, los consumidores ven una baja incesante en la calidad y un aumento gradual en los precios. Con el tiempo terminamos perdiendo, el sabor, la calidad en los ingredientes, la frescura y el precio artificialmente bajo.
El consumidor debe preocuparse por el peligro que representa la concentración acelerada que estamos viendo en todos los eslabones de la cadena de alimentos, (producción, elaboración, distribución y venta a detalle de los alimentos).
A pesar de que el consumidor tiene el poder que le otorga su derecho a elegir que compra, este poder normalmente no es ejercido adecuadamente en beneficio de si mismo. El trasfondo de esta situación es la falta de conocimiento del consumidor sobre lo que hay detrás de cada producto que compra y los objetivos empresariales de quien lo produce o fabrica, ¿a esta empresa le importa nuestra nutriciòn, ofrecernos calidad e ingredientes inocuos para nuestra salud?, ¿esta usted seguro o lo cree porque lo dice la publicidad?.
Difícilmente el consumidor considera como una acciòn estratègica para su propio futuro, el asignar una parte del gasto mensual en alimentos, para comprar productos a empresas menos conocidas, o a empresas tradicionales con una gran historia de calidad y buenos productos.
Si queremos reducir el impacto a futuro de estos sutiles movimientos que están realizando los grandes grupos alimenticios, tenemos que tomar conciencia de lo que sucede y comprometernos con la idea de que es nuestra responsabilidad mantener vivos a los pequeños y medianos productores, elaboradores y vendedores de alimentos de calidad.
Un mercado con muchos jugadores nos brinda más variedad y opciones de compra, nos permite recuperar y mantener vivos nuestros sabores regionales, así como también nos protege de actitudes de control y abuso de poder por parte de grupos poderosos.
Mantener el balance en el mercado de alimentos, es responsabilidad de cada uno de nosotros, los consumidores que con nuestras compras diarias, tenemos el poder de hacer crecer a una empresa hasta el infinito o desaparecerla del mercado.
Si en el futuro esperamos obtener productos alimenticios con la mejor calidad, sabor natural, menos químicos, sin antibióticos, sin manipulación genética, carnes naturales de animales normales, engordados sanamente, productos desarrollados pensando en la nutrición equilibrada y natural de nuestros hijos, tenemos que hacer valer nuestro poder de compra lo antes posible, de lo contrario, pronto será muy tarde.