Votar es fundamental, pero… ¿a quién?…
30/3/2009
Durante años muchos uruguayos esperamos que la izquierda llegara al poder, convencidos de que era el único camino para lograr una mayor justicia social, igualdad de oportunidades, crecimiento económico y modernidad.
Hoy, casi al término de este primer gobierno de izquierda, es difícil tratar de hacer una lista de medidas impulsadas por este gobierno y el partido en el poder, que hayan tenido un efecto positivo en la calidad de vida de los ciudadanos. No hay mucho que mostrar.
No veo el Uruguay que se suponía nacería a partir de los sueños de miles de votantes, que fueron a las urnas con la esperanza de que ahora si llegaría el cambio esperado por años.
¿Dónde quedo la idea sobre una izquierda moderna, capaz de quitarnos de encima tantos años de estancamiento?, simplemente nunca llego.
Los ideales que siempre abrazamos, nos llevaron desde un inicio a estar de acuerdo en solidarizarnos con lo que menos tienen y aceptamos la urgencia existente en mejorar las posibilidades de éxito de los menos favorecidos.
Pero la realidad es que los altos incrementos en los impuestos que hemos tenido que pagar estos últimos años, solo han servido en su mayoría, para beneficiar los sueldos de empleados públicos y políticos, además de generar un gigantesco grupo de parásitos.
Tuvimos un gobierno gris, rehén de las minorías dentro del frente y que por una perdida de liderazgo y dirección, termina haciendo muy poco de lo que se esperaba.
Los ideales de justicia, de una sociedad más equitativa, de mayor prosperidad, de modernización, de creación de bases para un sólido crecimiento, quedo en el discurso.
Unos pocos sujetos con ideales retrógrados, se dieron el lujo de frenar iniciativas que eran estratégicas y que hubieran permitido un mayor crecimiento del país, lo que hubiera beneficiado a todos los sectores de la sociedad.
Viendo como unos pocos miles de votos fueron capaces de jalar más que muchas yuntas de bueyes (cientos de miles de votos), debemos preguntarnos si estamos dispuestos a correr el riesgo de que unos poquitos, puedan llegar a imponer sus ideales desde el sillón presidencial.
Ahora la frase de “los de antes eran peores”, ya no me sirve de consuelo, porque me queda una seria duda de que sea una realidad. Una frase más realista quizás sea “todos son iguales” o “solo hay malos y peores”. Aunque muy en el fondo, estoy convencido de que hay excepciones en todos los partidos.
Hoy el electorado esta dividido: los que siempre han votado a los partidos tradicionales, los que votan (y votarán) al frente amplio y los que no saben que es peor: volver a votar a los partidos tradicionales o correr el riesgo de llevar a la extrema izquierda al poder.
Estamos frente a una situación muy complicada, el FA de hoy, no es el mismo que gano en las elecciones pasadas, ahora estamos frente a un partido completamente desdibujado, donde los extremistas son pocos, pero pesan demasiado, donde lo más importante ya no es el pueblo, lo importante ahora es solamente seguir aferrados al poder.
No olvidemos la realidad incuestionable, de que las diversas fracciones de cada partido político (unos más, otros menos), han estado sumamente concentradas en negociar en lo oscurito, repartiendo posiciones de privilegio y haciendo sus movimientos estratégicos y políticos. Donde la única prioridad para algunas de estas fracciones, es preservar sus intereses de grupo y el de sus dirigentes, por sobre todo lo demás.
Con el objetivo de sobrevivir, estas fracciones políticas no apostarán al mejor candidato para el pueblo y el país, sino que apoyaran incondicionalmente al que le permita seguir ordeñando la vaca del poder.
Los altos ideales del pasado, aquellos que nos hacían gritar por libertad, trabajo y justicia social, son ahora utilizados como una simple escalera que lleva al poder. Se manipula el sentir del pueblo, como una forma de obtener una posición desde donde imponer sus ideas extremas y retrógradas, lejos de lo que se merece este país y su pueblo.
El resultado de las internas será un claro parte aguas para algunos ciudadanos, ya que deberán cuestionarse seriamente si es valido votar por el partido de siempre, aunque su candidato a presidente no llene sus expectativas, no comparta sus ideales de país o no tenga la capacidad y conocimientos para gobernar.
No entender esta probabilidad y votar con lo ojos cerrados, solo nos puede llevar a colocar en el poder a la persona equivocada. Popularidad no es igual a capacidad, decir lo que algunos quieren escuchar, no es igual a verdad, ganar las internas de un partido, no es igual a ser el mejor candidato.
Esta situación es una probabilidad real, es seguro que miles de ciudadanos se verán obligados a enfrentarse a la necesidad de romper ciertos paradigmas que traen en la cabeza. Solo de esta forma podrán reconsiderar cambiar su posición y voto, con el objetivo de realizar un voto razonado, del cual no arrepentirse en el futuro.
No se puede aceptar votar a un partido que no cuenta con un candidato creíble, solo porque es nuestro partido de siempre, por amor a la camiseta o porque los de antes fueron malos.
Una pregunta clave que deben hacerse los simpatizantes del FA, es si nuestro país será mejor cuando se mueva más a la izquierda. ¿Más a la izquierda, realmente es mejor para los uruguayos?, cuidado, porque quizás estamos al borde del precipicio y muchos no se han dado cuenta.
Compararnos con otros gobiernos de izquierda es un sano ejercicio, querer parecernos a Brasil o Chile, es una opción, pero eso implica políticas que la izquierda no ha sido capaz de votar en el pasado reciente, entonces: ¿Cómo un país se puede volver más liberal para implementar políticas al estilo Lula, acercándose tanto al extremo izquierdo?.
Este tipo de situaciones son las que nos deben de preocupar, ¿el candidato que vamos a votar, al menos tiene idea de donde estamos parados y hacia donde debemos avanzar?, no es una pregunta poco importante, nos va el futuro a todos.
Hay muchas preguntas que hacerse en los próximos meses, es imposible tomar una decisión sin considerar todas las variables, no podemos esperar un mejor país, un mejor futuro, un mejor trabajo, jubilación o negocio prospero, sin valorar a detalle las opciones.
¿Entre los candidatos actuales a presidente de la república, hay alguno con el tamaño de estadista que se necesita para gobernar este país?.
¿Al votar por nuestros colores de siempre, estamos realmente decidiendo por el mejor candidato?, ¿realmente nuestro partido tiene el candidato que el país necesita?.
¿Podemos creer que los partidos tradicionales hayan tenido tiempo para analizar sus errores y estar dispuestos a gobernar mejor?, ¿ya es momento dar nuestro apoyo a la oposición con el objetivo de buscar la alternancia?, ¿votaremos por costumbre o votaremos al candidato que nos ayude a salir de la crisis, no importando el partido?.
¿Realmente la izquierda ha sido mejor gobierno que los partidos tradicionales? ¿Podemos hacer una lista de al menos 5 problemas que hoy afectan a la ciudadanía en general y que un candidato más cargado a la extrema izquierda solucionaría de raíz si llega al gobierno?
¿Estamos dispuestos a votar para que una minoría gobierne al país, aunque nuestros ideales no estén siendo considerados para gobernar? , ¿No es mejor dar nuestro voto a alguien que tenga un plan de gobierno más cercano a nuestros ideales, aunque pertenezca a otro partido?.
¿Realmente el país necesita un gobierno más a la izquierda?, ¿te beneficia un gobierno más a la izquierda?, ¿estas conciente lo que implicará para tu futuro y el de tu familia si gana el candidato que esperas votar?
El candidato que gane las elecciones, debe ver la generación de riqueza como el camino para mejorar la vida de todos los ciudadanos y que entienda que no se puede repartir lo que no se tiene.
No nadamos en petróleo y gas, tampoco tenemos cobre, plata, oro, diamantes u cualquier otro bien que nos pueda otorgar riqueza aparente y de forma permanente. Somos un país de trabajadores, empleados, profesionistas, técnicos, ganaderos, agricultores, prestadores de servicios, pequeños y medianos empresarios, vivimos de la plata que nos llega de fuera del país, de la credibilidad que tiene el país en el exterior. Si gana el candidato equivocado, corremos el riesgo de que se frene el flujo de divisas que llegan del exterior, fundamental para funcionar como un país normal.
No es lo mismo ser Chávez parado sobre unas de las mayores reservas de petróleo del mundo, que ser presidente de Uruguay.
No vendemos nada que sea imprescindible para nadie, no nos olvidemos de este punto…, este es exactamente el punto que hace la diferencia con cualquier otro país que insiste en retar el actual orden mundial.
Nosotros no podemos ser los rebeldes del barrio, no tenemos como, y tampoco con que. Simplemente con que nuestro futuro presidente abra la boca y diga una pequeña incoherencia, al otro día, no nos presta un peso nadie, se termina las inversiones extranjeras en el país y vamos a entender en poco tiempo el tamaño de nuestro error.
No es tarea fácil gobernar, no sirve sentirse iluminado, poderoso o dueño de la verdad, no se trata solo de hablar mucho, de decir lo que queremos escuchar y de prometer a lo bruto.
Si es importante la franqueza, pero no es suficiente, esta no sirve de nada sin ideas y soluciones, sin una alta dosis de compromiso, disciplina, capacidad de gestión y conocimiento.
El ideal es que dios nos bendiga con un gobierno humanista, con una clara vocación de servicio al pueblo, con la visión de un país más eficiente, productivo, prospero y con el objetivo de crear las bases legales para construir un mejor futuro.
Quizás estemos pidiendo demasiado, puede que esa sea la principal causa de nuestras recurrentes decepciones, pero si llegamos a la conclusión de que no hay un candidato que nos ofrezca esto, probablemente lo más acertado sea dar el voto al candidato que nos acerque lo más posible a nuestros ideales y a nuestro sueño de vida.
Y si no nos acerca, al menos que no nos aleje más.