Vehículos sustentables en Uruguay ¿Una Utopía por culpa del gobierno? O ¿una realidad a futuro, impulsada por los particulares y la iniciativa privada?
24/6/2008Cada vez parece estar más lejos el día que nuestros vehículos funcionen con energías sustentables…
Varios factores se han sumado para generar una situación de malestar continuo y un impacto directo al bolsillo del ciudadano: El oscuro y complicado problema de la guerra de las patentes, (que tiene como motor principal sus excesivos precios), el altísimo costo de los combustibles, el cobro excesivo de impuestos a los autos nuevos y el exagerado apoyo que por conveniencia, esta haciendo el gobierno al uso de la nafta por sobre cualquier otro combustible.
Mientras en otros países se impulsan agresivos planes e incentivos, para un rápido cambio a favor de la producción de biocombustibles, energías alternas y el uso de vehículos que utilicen combustibles alternos, en nuestro país la discusión esta atascada en seguir aferrándonos al uso de combustibles fósiles y todo indica que así seguirá, al menos, hasta que Ancap este en condiciones de controlar la mayor parte de la producción de los futuros biocombustibles y así mantener su monopolio.
Por cuestiones exclusivamente políticas, al gobierno parece no importarle que este retraso en la utilización de combustibles alternos por un mayor número de particulares, implique en grandes sobrecostos que deberá pagar la sociedad en su conjunto. Esta mentalidad retrograda frena la adopción de tecnologías renovables como base de nuestra evolución energética.
Para Ancap no es prioritario mejorar el costo de la energía y reducir la dependencia en el petróleo. Por sus propias ambiciones, el atraso tecnológico que se soporta en su incapacidad para adquirir e implementar una rápida modernización de su infraestructura, no dudará en seguir retrasando y manipulando el avance del mercado. Es su principal estrategia para defender y mantener su actual monopolio.
El gobierno le esta dando un pobre apoyo al biodiesel o a otras alternativas viables de combustibles alternos y apoya incondicionalmente a la nafta, con el oscuro objetivo de sentar las bases para facilitar el cambio hacia el Etanol y de esa manera reducir la competencia con los privados.
Si el gobierno apoyara al biodiesel de manera sincera, Ancap tendría que enfrentar y compartir el mercado con muchos particulares, los cuales solo necesitan hacer una inversión en tecnología y equipos, que es alcanzable para muchos inversionistas uruguayos. Con el Etanol es diferente, se requiere dominar una tecnología más cara y compleja, que no es accesible para cualquier particular.
El freno a la libre importación de motores diesel es parte de la misma idea, evitar que los particulares se muevan hacia el biodiesel, el fideicomiso que apoyar+a subsidiando la nafta a los taxistas que cambien sus motores actuales a gas oil, por nuevos motores a nafta, es parte del mismo plan de desincentivar el uso de los autos a diesel.
Mientras muchas de las principales marcas de autos del mundo están desarrollando vehículos que funcionan a diesel, inclusive vehículos de lujo, en Uruguay matamos una vieja tendencia que incremento el uso de vehículos diesel, tanto por el transporte como por los particulares.
Ahora desde el punto de vista de un cambio futuro hacia los biocombustibles, es una bendición nuestro parque automotriz, ya que se encuentra mucho más cerca de volverse sustentable y que hasta se pudiera considerar envidiable por muchos países del mundo.
Pero del otro lado de la moneda, se hace lo contrario que un ser pensante pudiera esperar: se legisla y se impulsa desde el gobierno reducir el número de vehículos que funcionan con gas oil.
La mayoría de los autos a diesel ya están aptos para funcionar con Biodiesel y en caso de requerir alguna modificación, es mínima en tiempo y costo. A Ancap no le conviene que el parque automotriz pueda volcarse masivamente al abastecimiento con particulares, ¿de que vivirían los empleados de Ancap?, es una mentalidad cerrada, se tiene el caso de Antel, que a pesar de la competencia, sigue dando trabajo a miles de personas.
El transporte debería ser movido hacia el biodiesel, no hacia la nafta, esto es una política criminal que provocará un atraso y nuevamente la dependencia en el gran productor de combustible, matando la posibilidad de abastecerse de combustible, con los productores privados de biodiesel de menor escala.
La principal preocupación de Ancap es que la producción de biodiesel se puede hacer a escala doméstica, porque su tecnología es poco compleja y razonablemente barata. Al dejar en manos de los particulares la generación de combustible, se puede dejar de manipular el precio del mismo.
No hay que olvidar las épocas en que los precios de los combustibles cargaban con el peso de la alta nómina de los empleados de Ancap, sus ineficiencias en la producción e impuestos excesivos. El combustible siempre ha sido un dolor de cabeza para los uruguayos, lo que demuestra que los públicos no han sabido hacer la cosas, desde gobiernos inmemoriales.
Ahora Ancap recibe todo el apoyo de gobierno, logrando así evitar la competencia inmediata de los particulares, aunque implique manipular la realidad y que como siempre el sacrificado sea el consumidor. El cambio hacia la nafta y las pobres iniciativas para apoyar realmente al biodiesel y otros alternos, juegan en contra de la necesidad urgente de bajar el precio de los combustibles.
Esta actitud convenenciera y negligente, trabaja en contra del urgente proceso que se requiere impulsar a la brevedad, con el objetivo de lograr la modernización del parque automotriz nacional.
La iniciativa privada y el sector público deben trabajar de manera conjunta, si unimos a estas dos fuerzas trabajando en la misma dirección, lograremos poner en marcha el medio más eficaz para acelerar el cambio hacia el uso de combustibles renovables.
Urge legislar beneficios fiscales a favor del ingreso de vehículos que utilicen combustible renovable, se debe enfocar el esfuerzo en lograr la meta de abaratar al máximo, el costo que los ciudadanos deben pagar por cambiar a vehículos sustentables.
Un plan de incentivos y subsidios que comience a premiar la importación, el armado en territorio nacional y la compra como consumidor final de vehículos que usen combustibles alternos.
Hay que habilitar áreas francas exclusivas para empresas automotrices que vengan a fabricar vehículos que utilicen combustibles alternos, incluyendo a los proveedores que conforman su cadena de suministros, eliminar el cobro de impuestos a la producción de exportación y eliminar los impuestos a los autos que se queden para abastecer al mercado interno, negociando además un precio especialmente bajo.
Apoyos fiscales, subsidios y créditos blandos para las empresas nacionales, que inicien la investigación, diseño y desarrollo de tecnologías, que permitan la reutilización de vehículos convencionales con combustibles alternos.
Apoyar la fabricación de vehículos sustentables nacionales, crear las bases fiscales y los premios que promuevan la creación de un mercado consumidor nacional. Un ejemplo son las empresas nacionales que con el beneficio fiscal adecuado, pueden comprar estos vehículos desarrollados y fabricados en Uruguay.
Las empresas que se dedican a la distribución de productos o dedicadas al sector servicios (alimentos en general, chocolates y caramelos, quesos y fiambres, taxis, remises, transporte escolar, servicios de mantenimientos, ambulancias, distribución de medicinas, etc.) al modernizar parte de su flota con vehículos eléctricos, lograrían un importante ahorro en sus actuales y futuros costos de distribución.
Los productores nacionales de vehículos y tecnologías alternas, si cuentan con el apoyo adecuado y después de ganar experiencia en el mercado nacional, pueden llegar a exportar sus vehículos a otros países, como pueden ser países en África, Sudamérica y Centroamérica.
Esto no es un sueño, con la voluntad y el apoyo adecuado puede ser realidad en solo unos pocos años. Recuerdo que hace unos treinta años atrás, unos alumnos de mi Liceo, junto a sus profesores, lograron con casi cero apoyo y mucha voluntad, construir un auto que funcionaba con agua, con un proceso que permitía separar el hidrogeno del agua y usarlo como combustible.
Hay historias de hace más de 40 años, de inventores caseros que para satisfacer su curiosidad y uso personal, ya usaban el gas doméstico, carbón o leña, para hacer funcionar el motor de sus autos. Si unos muchachos pudieron hacerlo hace tantos años, es seguro que si el gobierno apoya a la iniciativa privada, se pueden lograr grandes cosas.
Es importante para entrar de lleno al proceso de cambio y mientras no se desarrolla tecnología nacional a nivel comercial, iniciar promoviendo la importación y dar beneficios fiscales a los kit de conversión que actualmente ya permite que autos convencionales a nafta, se conviertan en vehículos eléctricos, o que autos diesel puedan también usar biodiesel.
Estas conversiones deben estar restringidas a vehículos que no tengan más de 10 años de antigüedad, para evitar que se consolide una flota vieja, cuando la idea fundamental debe ser el cambio hacia los combustibles alternos y además promover la sustitución de los vehículos más viejos, por modelos más recientes y si es posible por nuevos vehículos.
Hay que trabajar en concienciar al consumidor, quien compre un auto nuevo que venga de otro país y que utilice combustibles fósiles, tendrá que pagar una sobre cuota de impuestos. Un consumidor que compre un auto sustentable armado en Uruguay pagará cero impuesto. El consumidor que adquiera un auto extranjero que use combustibles alternos pagara una baja cuota de impuestos.
Por desgracia no se vislumbra que la actual administración tenga un plan para el corto y mediano plazo, que contemple impulsar un cambio en el parque automotriz y que defina las reglas de juego para que sea un cambio ordenado. No hay línea de hacia donde se deben mover los particulares en este cambio, no parece haber siquiera, una luz de interés en favorecer el cambio.
Urge que el gobierno pierda el miedo a decidir sobre lo que es de vital importancia y que ya no apoye tanto sus decisiones en personajes que son juez y parte, fuerzas ocultas que sienten afectados sus intereses personales. El gobierno debe definir, legislar e impulsar con valentía, las bases necesarias para iniciar con la transformación, la cual nos permitirá dejar atrás la era de los combustibles fósiles, con suerte en los próximos 15 o 20 años.
El gobierno debe entender que a partir de este momento, cada dólar que un ciudadano gasta en comprar un auto nuevo, si es analizado en un contexto futuro de uso de energías alternas y considerando que es un vehículo que en cuestión de unos años dejará de ser viable, es dinero casi perdido, que en lugar de acercarnos a la solución, nos aleja cada vez más de ella.
No solo se esta retrasando el cambio, se esta evitando que el ciudadano común que tiene la capacidad de invertir su capital en un vehículo, pueda comprar un vehículo o modificar a su actual vehículo hacia el uso de combustibles alternos.
Hay que abrir opciones para que los ciudadanos ya puedan elegir entre ser sustentables o seguir casados con los combustibles fósiles, hay que abaratar el cambio hacia el futuro y castigar con mayores costos al que insista en mantenerse en el pasado, hay que acelerar el avance al futuro para terminar con la dependencia de energía extranjera.
Reducir el pago de patente a los propietarios de autos armados en Uruguay y una reducción aún mayor a los autos nacionales que sean sustentables o que utilicen tecnología de conversión.
Compensar la recaudación con un incremento de patentes e impuestos a los autos de lujo que vengan del exterior y que además no funcionen con energías alternas. Si vamos a subsidiar el combustible que sea a las personas que se encuentran en la transición hacia el cambio y beneficiar fiscalmente y con menos impuestos a los que ya hayan realizado el cambio. Favorecer a los autos armados en el país, especialmente a los que sean sustentables.
Los subsidios en los combustibles deben favorecer a los autos del sector de transporte público, carga y a los vehículos que usen energías alternas. Se debe presionar para que el parque automotriz sea renovado en su totalidad. Crear planes de crédito blando para la sustitución de los vehículos que sean más gastadores de combustible y favorecer fiscalmente a los vehículos que modifiquen sus motores para el uso de biocombustibles.
Muchas son las medidas y los caminos que se pueden y deben tomar, lo triste del asunto es que tenemos el tamaño y la cultura suficiente para ser de los primeros en movernos hacia el futuro y seguimos insistiendo en mantenernos en el pasado.