Lunes, Enero 30th, 2012...17:35 pm
IEMANJA (by Julio Fuentes Barreto)

Quizá le resulten familiares algunos de estos vocablos y expresiones; Umbanda, Kimbanda, Candomblé, Batuque, Xangó, pâes, mâes, e filhos de santo, caboclos, orixás, pomba yira, pretos velhos (socios inseparables del Velho Barreiro, perdón), hermanos de religión, apertura de caminos, trabajos, ligaduras, aprontamientos (?), buzios, descargas, destrancamientos, incorporaciones y simpatías, sanaciones, “sesiones” en templos y terreiros (areneiros si son en la playa; invento yo), y varias otras. Seguramente también asociará al legendario y enturbantado Armando Ayala; o a Julio Sosa (Kanela) haciendo obra a su manera; o la mâe Lola y sus náuticos despliegues mediáticos en aguas del Buceo, desparramando Chanel No5, truchos, claro –mira que la diosa no es tonta y se va a avivááaarr-… y algunos famosos por su cercanía (o contuberniosidad) con líderes políticos necesitados de un milagro (como no devaluar, pasar al frente en las encuestas, o ganarle al “frente” en las elecciones) y mil chantas y “caretas” más que nos recuerdan el “Adianchi!” del inolvidable capocómico Alberto (Negro) Olmedo.
¿Quién alguna vez no ha tropezado, en un cruce de esquinas impares, con ofrendas o maleficios? Alguna pobre gallina colorada o blanca -depende del “trabajo”-, pororó y mazamorra que golosamente aprovechan las palomas, alguna vela derretida, roja o blanca (o negra, ¡Uf!) según la “misión”, bandejas y flores de papel crepé, manzanas acarameladas, en fin… alimento ideal para pájaros y algún perro hambriento que más tarde asumirá el daño que abandonaran los orixás muriendo poco tiempo después. ¿Esto es cierto o el escritor está paveando? N.del A: Si no fuera verdad no lo hubiera escrito, señor escéptico. La primera reacción es: “-¡Cuidado! No la vayas a pisar, mirá que es una macumba”. Y mal que les pese el término a algunos adeptos principiantes, ES UNA MACUMBA; repasen sus estudios y tradiciones y díganme de qué antiguo culto africano bantú angoleño surgieron, entre otros, el Candomblé, el Umbanda y el Kimbanda.
Hoy día en nuestro país se practican más afro religiones que en África, aunque lamentablemente ninguna autóctona; es decir, importada y “cultivada” por nuestros ancestros esclavos originales, también esclavizados a practicar el catolicismo colonial de la época sin sincretismos locales permitidos. Todas provienen de Brasil, principalmente de Río de Janeiro y Salvador de Bahía pero modificadas de acuerdo a nuestra idiosincrasia, aunque en sus expresiones, ritmos, cánticos –llamadas-, se conserve el idioma portugués, muchas veces portuñol, Paradójicamente la extracción de sus devotos no es mayoritariamente negra como en el país norteño; casi todos nuestros dirigentes criollos, pâes, mâes de santo, y caboclos son mulatos y blancos -pocos afrodescendientes puros-, y una parte de sus fervorosos creyentes son personajes emparentados de una manera u otra con el carnaval. Pero vayamos al encuentro de nuestra principal homenajeada y celebrada de la fecha, 2 de febrero, que este año cae jueves:
Iemanjá o Yemanyá (también Dona Janaína o Yanaína, Inaé o Ynaé) es la diosa del mar, el Kalunga grande. Según afirma este popular y controvertido culto afroamericano representa la fertilidad y protege a la familia, a los barcos y los pescadores. Durante la locura sincrética del 2 de febrero, esto se palpa en algunas playas montevideanas, en las de Ciudad de la Costa y últimamente como atracción turística en las del Este, evento ya incorporado al calendario de actividades estivales. Iemanjá, según la cosmogonía original sería una sirena de ubérrimos pechos y rasgos negroides; así está representada frente a su templo, en la playita de Salvador de Bahía, de donde parten las barquichuelas y piraguas que la homenajean en esta fecha. Aquí en nuestro país el sincretismo llegó al colmo de adjudicarle facciones caucásicas y unos hermosos y delicados pies en vez de cola de pescado –no olvidemos que era hija de un pez, ¿y los genes y eso de los híbridos, qué?-; vaya hasta el costado del Parque Hotel y confírmelo. Uno se queda preguntando: De todos quienes encargaron la ejecución de esa estatua de bronce y al confirmar el boceto del artista, asaz conocedores y consustanciados con el credo umbandista, ¿nadie se percató de tan aberrante desliz? Qué, ¿pensaban que resultaría más bonita con los pies sobre la tierra? En su poster más difundido por lo menos tuvieron buen cuidado de no mostrarlos, camina –o coletea- sobre las olas. Además en sus cánticos es nombrada: Sereia do mar… ¿Entâo, rapaz? Acho que vocês falharem.
Cuando vayas a la Ramírez, digamos que por curiosidad, por favor tené cuidado al bajar a la playa; las arenas están plagadas de mosquitos, piojos y la pulga más chica te ceba mate, tus pies descalzos pueden encontrarse con jeringuillas y condones usados que no distinguen religiones -el sida, aunque en verano tenga menos prensa, no deja de estar ahí- y si eres alérgica, pueden acribillarte insidiosos parásitos que después te quiero ver. Consejo: Kalitron y Raid en el bolso. Entonces… que circular por la rambla es una locura, las cervecerías y boliches del parque urbano de parabienes, los acomodadores de autos desbordados, la calesita, los ponys, los chorros y pungas no dan abasto, las torta friteras y choriceros tampoco, ni los del pororó, las estampitas y las velas, (si habré vendido barquitas de espumaplás en aquellos días del “cualquier monedita sirve”). La noche está cálidamente seductora, como siempre, y el agua apenas susurra misterios en la orilla. Lástima que a las doce en punto se desata una tormenta que arranca de cuajo lo que queda en pie; vuelan los “areneiros”, los puestitos de abalorios, el pop, las tortas fritas, los ponys y hasta los choripanes; apaga todas las velas por más protegidas que estuviesen, y desde el mar comienza a formarse una tormenta de padre, Mâe y señor mío. Algún ateo confeso diría que es evidente que la diosa no acepta todas esas paparruchas y abalorios que le ofrendan, que está en desacuerdo con eso de la contaminación, y que como ya la tienen indigesta -hastiada, ¡bah!- termina por vomitarlas sobre la arena. Pero el entendido sabe bien que esa tormenta repentina, pero inexorable, significa que Donha Janaína está purificando las aguas… y las almas.
Al otro día, apenas amanece, se ven los buscadores de “tesoros” que la diosa no aceptó por falta de fe o religión (un 90%), entre mucha basura floral, restos de naufragios de espumaplás, y otras inmundicias de sexo apresurado y ateo que el agua detesta; quizás aparezcan algunas cosillas de valor que profesantes y devotos estuvieron dispuestos a perder de antemano, pensando que iban a ser admitidos por la diosa, pero no. Perfumes, espejitos, flores de papel y naturales: -Que lo parió la plata que tira la gente, ¿viste vó?, ¿cuanto vale cada gradiolo de éstos? esto ramo toavía ´tan bueno, tan… y los muleques del barrio se la rebuscan. Otros más atrevidos incursionan hasta la rompiente con mejor fortuna, y si alguno tiene un “pique” firme se zambullirá todavía mucho más adentro -donde no se hace pie-, y rescatará alguna buena bijou, quincalla o cadenita enchapada. Siempre y cuando el mar lo permita y el agua no tenga esa contextura barrosa habitual que impide distinguir nada. Suerte botijas… Iemanyá los ayuda. ¡Vamo´ arriba!
Pienso, y no soy el único, que por estas latitudes se ha instalado una profunda crisis de credibilidad; escepticismo en ascenso diríamos. La globalización trajo el descreimiento general en las religiones “constituidas” donde el individuo no encuentra respuestas y es desterrado, obligado a conseguir donde sea y como sea algo de fe para afrontar el día a día. Aparentemente aquí la encuentra. No es casualidad que tanta gente forme una larga fila para protegerse con santiguados a la carte: para ser bendecidos por un pâe o una mâe, ¡Saravá!: que se prosterne en la arena, excave un hoyuelo con sus manos y encienda la vela que compró en la vereda rezándole promesas y pidiéndole a la diosa, y al viento que no se la apague. Suele existir cierta curiosidad como espectáculo, por sus imágenes plásticas, que las tiene y sublimes – fotógrafos y artistas disfrutando un firmamento de fueguitos incrustados en la arena-, pero de ahí a intervenir en un hecho de carácter religioso, hummm… y ¡ojo! no mire para otro lado, que participando activamente del festejo vemos gente que jamás pensaríamos encontrarnos por allí, ¿eh? El asunto es que nadie cree ni entiende, pero todos van. Para creer no es necesario entender, ¿verdad?, aunque mirado objetivamente, si no se consiguieran resultados estos rituales ya habrían desaparecido: ninguna religión prospera sin ellos, algo sucede que alimenta la fe…, una docena de milagros apañados le dieron de comer a la iglesia CAR por más de mil años. No me extrañaría en absoluto, entre tanto público, claro – y más difícil aún con tan escasa iluminación-, descubrir algún cura “tapado” o misionero de otras comunidades intentando explicarse tal fenómeno: -¿Viste? ¡Qué convocatoria tiene esta gente, ché!
Se ve de todo. Desde el pequeño círculo embanderado, con insignias y hermanos custodiando la ferramenta repleta de flores blancas y turquesas, sandías artísticamente recortadas, frascos de Dr. Selby, abanicos, plumas, peines y espejos, coronas de flores –es la diosa y reina más coqueta, no te olvides-, bandejas con mazamorra blanca y perejil… y hasta el chanta entunicado y solitario (por su cuenta) que ante la consulta de alguna cheta despistada sobre la efeméride se pone a dictar cátedra mezclando todo: el Umbanda con Cristo, el tarot egipcio y la reencarnación budista, Stonehenge, los druidas y el hinduismo, Ludovica Squirru, Madame Blavatsky y el conde de St. Germain; disparates colosales que si hubiera algún babalaorixá respetable en la vuelta lo incrustaría de cabeza en la arena. Además vemos gente devota, bautizada a prepo en otras religiones, que ingresa orando de espaldas al mar -pantalones o polleras remangadas- ofrendando sus ilusiones a las aguas, mojándose el rostro y el cuerpo: rebautizándose con la nueva fe. También encontramos clases sociales netamente diferenciables en cuanto a la puesta en escena de los “areneiros”: iluminación, equipos de sonido, indumentaria, categoría de las ofrendas, grupos de bailarines y músicos, muchos de ellos integrantes contratados de conjuntos carnavalescos, que justo ese día no tuvieron actuación en el Ramón Collazo ni salieron a hacer tablados. Caleidoscopio sería el sustantivo exacto para definir el evento, quizás una rapsodia de gente, razas y religiones; personas humildes de la periferia, obreros, estudiantes universitarios, empleados públicos, incógnitos ejecutivos de empresas, católicos, judíos, súper chetas de Carrasco, Pocitos, Villa Biarritz y Punta Carretas codo a codo con empleadas del Cerrito y Casabó que jamás imaginaron a la patrona en estos menesteres; otras hay que les encargan algún amuleto (bendecido ¿eh?) porque justo esta noche ella no puede ir –tiene un casamiento en la Punta, que si no-; además de murguistas, parodistas, vedettes, todos ¡bah! compareciendo para venerar a quien indiscutiblemente también ya es la patrona del Carnaval.
-¿Pero cómo, no había reina ya? –pregunta un despistado, y viene el retruco: -Reina sí, vejiga, esta es diosa… -¿Y la Rosa no era una diosa? –toca nuevamente, y viene el vale cuatro: -Sí, nabo pero esta es blanca y no tiene esos melones negros que tenía la Luna… pero Juan el preguntón no afloja nadita: -Digo ¿si es una diosa africana… no debería ser negra, culona y tetona?, tengo entendido que tuvo como quince hijos… Dios mío, bajá. -Es blanca porque la religión es lubola: la inventaron los negros africanos esclavos, brasileros ellos, no… pchst! vó me hacés decir cualquier cosa, la trajeron importada de allá; pero fueron los curas blancos los que se subieron al carro y les dieron permiso para sincretizarla, ¿entendés? -NO, entonces… ¿Por qué algunos la confunden con la virgen del mar o la Stella Maris, si de virgen no tiene nada?, me parece, digo. -Sí, en eso tenés razón, pero mira que a la otra le siguieron diciendo virgen y después de Jesús tuvo como diez botijas más, así que… -¿Qué? Andáaa… hay que ser tarao pa´creer eso. -Eh! Pará vó, no seas irrespetuoso con las vírgenes, pará ¡grosero! -Es que no entiendo nada, qué queré… -¿Sabés una cosa? Yo tampoco, pero en algo hay que creer, ¿no te parece? Ademá… no me vas a negar que aparte de buena, ésta es una diosa sesy, ¿no?
Les agradezco la deferencia por leerme y si alguno se amoscó, disculpemé, la calle es libre así que… ¡BUEN AXÉ! para todos.


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